martes, 10 de julio de 2012

CARTA DEL MINISTRO DE ESTADOS UNIDOS AL SECRETARIO DE PIÉROLA.


Señor Aurelio García y García, (Secretario General de Piérola)

Lima, setiembre 12 de 1881.

Tengo la honra de avisar a Ud., recibo de su comunicación fecha 23 de agosto de 1881.

En contestación, permítame Ud. manifestar que no sería propio en mí entrar en discusiones sobre los asuntos internos del Perú, a no ser respondiendo a una invitación para hacerlos así.

Pero ya que Ud. me ha abierto el camino en su carta, me propongo emitir a Ud. mi opinión  muy francamente y con toda la benevolencia posible. Es entendido que el Perú es una República regida por una Constitución que debe ser la ley suprema.

Apoderarse el señor Piérola del mando supremo y arrogarse una autoridad que la Constitución desconoce, fueron actos revolucionarios y atentatorios al acatamiento debido a la ley. La manera violenta y compulsiva como esa revolución se llevó a cabo, imprimió al hecho el carácter de un crimen contra la libertad. La dictadura fue una fiera tiranía, autocrática y despótica en su plan, en su título y en sus actos.

El pueblo del Perú abrumado por una guerra de invasión, se sometió a esa autocracia creyendo que ella lo conduciría a la victoria. Las naciones extranjeras la reconocieron como un gobierno de facto, pero jamás aprobaron su origen ni su sistema.

En lugar de llevarlo a la victoria, la dictadura condujo al Perú a desastrosas derrotas, y el  Dictador se fugó de la capital. El pueblo del Perú, no ha tenido desde entonces ninguna oportunidad para expresar libremente sus deseos y sus simpatías.

La Asamblea Nacional, no tiene, con arreglo a la Constitución, el derecho de existir, y sus resoluciones no tienen más valor legal que el de la opinión emitida por cualquier número igual de ciudadanos privados.

Por tanto, su confirmación de las amplias y autocráticas facultades del ex Dictador, bajo su nuevo título de presidente, no dá mayor validez ante la ley a su autoridad o pretensiones.

Por esta razón me veo, con el más grande pesar, obligado a decir a Ud. que los recientes decretos expedidos en Ayacucho, respecto de las personas y propiedades de los que no reconocen al señor Piérola, son inhumanos y bárbaros, y colocan por si mismo al Gobierno que emplea tales medios fuera del palio de la ley.

Esos decretos violentos son, a mi juicio, pruebas concluyentes de que el Gobierno a que Ud. se halla ligado descansa únicamente sobre la fuerza y no sobre la opinión pública.

Un gobierno fuerte y apoyado en la afección del pueblo, jamás apela a semejantes medios de crueldad y devastación. Tales medidas compelen a todos los gobiernos civilizados a mirar con reprobación a las autoridades que las practican.

De consiguiente, creo de mí deber decirlo a Ud. por lo que respecta al Gobierno presidido por el señor Piérola.

El Gobierno presidido por el señor García Calderón no pretende hallarse en posesión de una perfecta regularidad. Es provisional, es decir, un modo transitorio de ejercer las funciones del Gobierno hasta que la nación pueda obrar directa y libremente. Está apoyado por el Congreso Nacional, cuerpo reconocido por la Constitución, y es un esfuerzo hacia el restablecimiento en este país, de un gobierno regular y constitucional.

Ud. se equivoca al decir que cuenta con la simpatía de los chilenos. No hay tal. Quiere la paz como la quiere todo el país; pero no sacrificará la honra nacional ni cederá territorio para obtenerla. CHILE QUIERE Y PIDE TERRITORIO DE TARAPACÁ, Y RECONOCERÁ AL QUE LO CEDA.

El Gabinete de Calderón no lo hará. Resta por ver si el de Piérola lo hará.

Entre tanto, bajo el régimen inaugurado en Ayacucho y practicado por los prefectos, los peruanos son hoy para los peruanos enemigos peores que los chilenos, y los esfuerzos de los amigos del Perú se encuentran paralizados por sus disensiones intestinas.

Cuando los Estados Unidos pregunta a Chile, ¿por qué no se puede ajustar la paz?, su contestación es, que en el Perú no hay Gobierno con quien tratar.

¿No es mejor poner término a este estado de cosas y que todos los verdaderos hijos del Perú se unan en torno de un Jefe de la Nación a quien todos los partidos y facciones acaten, con el fin de salvar al país de su inminente ruina, de restaurar la paz y el ordenado y pacífico reinado de la Constitución y de las leyes?

Tengo la honra de ser de Ud., su más obediente servidor.

A. S. Hurlbut

NR: El representante de Estados Unidos, hace un descarnado análisis del escenario nacional y una crítica al dictador Piérola por la forma cómo se hizo del poder y los abusos que cometía en el interior. Hace notar que a Chile solo le interesa negociar con quien acepte sus exigencias territoriales, asegurando que García Calderón no la haría y respecto a Piérola tenía sus dudas. Critica el hecho que los peruanos no se unen junto a un líder que conduzca al pueblo para evitar su ruina.




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