miércoles, 12 de septiembre de 2018

El sacrificio del Almirante Miguel Grau Seminario


“Con la vocación de marino, con su amor a la patria, y con la voluntad de servirla; con su veraz profesión religiosa, con su sencillez humana, el espíritu de familia, el sentido de familia, integran la estructura esencial del gran peruano”
Luis Alayza y Paz Soldán.




Por: Arturo Castro

El historiador José Agustín Candamo, relata una conversación de nuestro Almirante Miguel Grau Seminario con su amigo Francisco Paz Soldán, en idioma francés pues ambos habían vivido en París y dominaban el idioma, sobre el tema de moda, la guerra. Asumimos que la conversación era privada y se realizaba según el relato en una casa de  la calle Belén. 

En esa conversación que se realizó días antes de partir y librar el combate de Angamos, Paz Soldán al despedirlo en la puerta, le dijo “Va Ud. A cosechar muchos lauros, Contralmirante. Tout est perdu, contestó Grau. Me voy para no volver. Esta mañana he comulgado en los Descalzos y estoy preparado para entregar mi alma a Dios. Explicó luego que el Monitor estaba en malas condiciones y con el casco sucio, lo que le quitaba las ventajas de su velocidad; pero que se tenía noticia de la próxima salida de un gran convoy chileno con fuerzas para invadir al sur del Perú, y no había más que hacer que lanzarse al sacrificio”. “Hildebrandt en sus trece” 11/12/2015

En 1885 Manuel González Prada escribe una semblanza de nuestro héroe, “Estaba condenado a morir”, en ella elogia a Miguel Grau elevándolo al sitial de los patricios que han marcado un derrotero a nuestro país y a la humanidad en diferentes latitudes del orbe: “Épocas hay en que todo un pueblo se personifica en un solo individuo, Grecia en Alejandro, Roma en César, España en Carlos V, Inglaterra en Cromwell, Francia en Napoleón, América en Bolívar. El Perú en 1879 no era Prado, La Puerta, ni Piérola, era Grau”.

El 8 de octubre de 1879 Miguel Grau se enfrentaba a su destino, se batía como un león en el océano frente a Punta Angamos, combatiendo con su tripulación contra toda la flota chilena que lo había cercado y cuyas naves eran muy superiores al “Huáscar”. Estaban el Blanco Encalada, la Covadonga el transporte Matías Cousiño, el Cochrane, O’Higgins y Loa.

El marino estadounidense Theodorus Bailey Myers, observador imparcial del conflicto, relata en su obra ‘Guerra en el Pacífico Sur’, el combate de Angamos con gran detalle, y realismo, reconociendo la valentía, heroísmo y espíritu de lucha de Miguel Grau y su tripulación durante el combate frente a la flota chilena.

Del relato de Theodorus Bailey podemos establecer algunos alcances: 
Las dos divisiones en que se había organizado la escuadra chilena se abastecieron de carbón la noche del 7 de octubre en Mejillones. La primera división conformada por los buques más lentos: Blanco, Covadonga y Matías Cousiño, al mando del capitán de navío Galvarino Riveros. La segunda división conformada por el Cochrane, O’Higgins y Loa, al mando de La Torre Benavente.

La primera división salió a las 10.00 de la noche del 7, la segunda división salió a la 1 de la madrugada del 8. A las 03:30 el Blanco Encalada avista dos humos al sur acercándose a Punta Tetas, distante seis millas. Al amanecer reconocen al Huáscar, este navegaba en dirección suroeste, manteniendo una velocidad de 10 ¾ nudos y 60 revoluciones y una presión de 2,5 libras de vapor. El Blanco y la Covadonga lo siguieron a 7 ½ nudos.

A las 05:40 de la madrugada, viendo Grau que se distanciaba rápidamente de sus enemigos, cambió de rumbo, redujo la velocidad de la maquina bajando las revoluciones a 55. Como había estado en cubierta toda la noche, descansó. A las 07:15 se vieron nuevamente humos en el horizonte hacia el noroeste y a las 07:30, después de virar al oeste, reconocieron al Cochrane y sus acompañantes. El Huáscar fue avistado por los vigías de la nave enemiga. Enviaron al Loa en reconocimiento.

Miguel Grau enfiló su nave hacia el Loa; pero, observando que el Cochrane navegaba mucho más rápido, de lo que suponía Grau por sus informaciones, cambió de rumbo al este.  La Unión que iba a la aleta de babor del Huáscar, cambió de rumbo y velocidad a las 07:45, colocándose al estribor del Monitor. La Unión siguiendo ordenes de Grau continuó hasta Arica, perseguido de cerca por el O´Higgins y el Loa hasta el anochecer, sin lograr alcanzarlo.

A las 09:10 el Cochrane se había aproximado a menos de 4 mil yardas con intenciones de cortarle la proa, Grau ordenó zafarrancho y se dirigió a la torrecilla. A las 09:25 el Cochrane se había acercado a 3 mil yardas (1.481 millas marinas, unos 2743.2 metros). El monitor abrió fuego con los cañones de la torre, su segundo disparo rebotó en el Cochrane, ingresó por la proa, atravesó la cocina, causó averías menores. A esa misma hora el Blanco estaba a 6 millas y dirigiéndose al combate.

El Cochrane no respondió al fuego, más bien se acercó manteniendo su rumbo hasta situarse a 2 mil yardas. Uno de sus tiros penetró el blindaje a babor, explotó y causó incendio en la torre, saldo 12 heridos. Un disparo del Huáscar con una granada Palliser disparada a 600 yardas, dio en el costado del Cochrane, causando una hendidura de 3 pulgadas en el blindado que quedó abollado.

Alas 09:40 el Huáscar vira a babor para espolonear al Cochrane, este cambia de rumbo para eludir el ataque, siguiendo rumbo paralelo al Huáscar. A las 09:45 en la torrecilla donde se encontraba Miguel Grau cae una granada volando en pedazos al gran Almirante. El mismo tiro dio muerte al teniente Diego Ferré, ayudante de Grau y que estaba en el timón de combate.

Este tiro fatídico, cortó el timón de combate y el Huáscar escoró a estribor, navegó lentamente hacia el este, luego de algunas reparaciones cambió de rumbo al norte, pero otro tiro atravesó la faja de blindaje de la torre que apuntaba a babor, en la parte mas protegida a la izquierda del cañón derecho, hiriendo y matando a la mayoría de los artilleros, entre ellos al capitán Melitón Carbajal, el cañón derecho quedó fuera de servicio.

El Cochrane trató de espolonear al Huáscar en ángulo recto disparando su cañón delantero a estribor a 200 yardas. Otros tiros de los cañones de babor atravesaron el blindaje del Huáscar, destrozando el brazo de acero del timón. El Huáscar escoró a babor. Otra granada traspasó el blindaje en la parte delantera de las máquinas, matando a varios marineros, hiriendo al cirujano Távara.

A las 10:10 de la mañana el Blanco llegaba a la escena del combate, con intención de espolonear al Huáscar, este al ver la intención de la nave enemiga viró en su dirección para espolonearlo. El Blanco se inclinó a estribor, pasando a 25 yardas de distancia del Huáscar, aprovechó esta posición para ametrallar la popa del Huáscar, hiriendo y matando a los hombres del timón y a los heridos que estaban en el alcázar.

Mientras los buques chilenos disparaban a su libre albedrío. A las 10:25 cayó abatida la bandera del Huáscar y por algunos instantes parecía rendido, desalentado, cesó el fuego enemigo, uno de los cargadores se dirigió a popa para izar otra bandera en el tope. La sucesión de oficiales en el mando prosiguió, en la nave había incendios por momentos parecía ingobernado.

La Covadonga llegó al combate tarde, quiso hacerse presente aprovechando que el Huáscar aún cercado, respondía al fuego enemigo.  El teniente Pedro Gárezon al apreciar la situación gravísima del monitor y para evitar que caiga en manos enemigas, indicó al teniente Ricardo Herrera, que le ordene al jefe de ingenieros hunda la nave.

El ingeniero Mac Mahon y su ayudante de inmediato abrieron la válvula circular de los condensadores, fue necesario parar la máquina, cuando trabajaban en el mecanismo de la válvula principal de inyección, intervino el teniente Simpson del “Cochrane” quien, amenazado a la tripulación con pistola en mano, evitó que la nave se hunda.

Una vez que el “Cochrane” tomó por la aleta al “Huáscar” lo inmovilizó y este se convirtió en blanco fácil para los chilenos, quedando a merced de sus enemigos, que odiaban tanto la figura de ese pequeño buque que se había convertido en su más grande pesadilla, y a su fiero comandante que encontró la muerte en la lucha. La clase política y los directores de la guerra chilenos pudieron tranquilizar su temor.

“El espectáculo en el Huáscar en el momento de ser abordado era terrible. No había una sola yarda en su obra muerta que no mostrara marcas de haber sido alcanzado por las balas. La chimenea y la torrecilla estaban casi destruidas, los botes habían desaparecido y los pescantes habían caído al agua o se retorcían en formas irreconocibles. El mástil estaba acribillado a balazos y los cadenetes a babor habían caído al mar, pero por extraño que parezca, los nervios y estayes estaban intactos”.

Dice Manuel González Prada, “En el combate homérico de uno contra siete, pudo Grau rendirse al enemigo, pero comprendió que por voluntad nacional estaba condenado a morir, que sus compatriotas no le habrían perdonado el mendigar la vida en la escala de los buques vencedores”.

Prosigue González Prada, “Sin Grau en Punta Angamos, sin Bolognesi en el Morro de Arica, ¿Tendríamos derecho de llamarnos nación? (…) Sin embargo, en el grotesco sombrío drama de la derrota, surgieron de cuando en cuando figuras luminosas, simpáticas. La guerra con todos sus males nos hizo el bien de probar que todavía sabemos engendrar hombres de temple viril”.

El Cochrane disparó cuarenta y seis granadas y el Blanco treinta y uno, solo un tercio dio en el blanco que era el Monitor del total de setenta y siete tiros de naves chilenas. Las naves enemigas utilizaron bombas Palliser. El Huáscar disparó casi cuarenta tiros, que no hicieron mucho efecto en los acorazados chilenos. Por la noche los buques chilenos con su presa fondearon en Mejillones.

En 1889, diez años después del sacrificio de nuestro Almirante Miguel Grau y su tripulación en Punta Angamos, dejando lecciones de patriotismo y amor a nuestra patria, una cañonera argentina visita el puerto de Valparaíso, como es usual en este tipo de eventos, el cónsul argentino prepara un ágape para la tripulación, invita a ofíciales chilenos y solo asiste el Comandante General de la marina chilena.

El diario El Independiente de Santiago relata un hecho inusual hasta entonces desconocido y que pudo causar graves problemas en las relaciones argentino-chilenas. Estaban reunidos en el Club Valparaíso los oficiales de la cañonera argentina. Un parroquiano emocionado por la presencia de los marinos argentinos propuso un brindis por el general San Martín, porque simbolizaba la fraternidad de Chile y Argentina. Brindaron en nombre del santo de la espada.

Se levantó un marino argentino para responder el brindis, pidió una copa para brindar por otra figura inmortal de la historia americana, “por un héroe legendario, cuya gloria bastaba por sí sola para dar honor a un continente, un guerrero sublime, Por un héroe eminentemente americano…, por el inmortal marino a quien todos los que seguimos la carrera del mar debemos tomar como ejemplo y como modelo, señores por Miguel Grau”.

Las copas levantadas de los asistentes y marinos chilenos regresaron llenas hacia la mesa, se elevaron voces en protesta por tamaña afrenta en el local, en su patria y en su puerto, mientras una mueca de desazón y desagrado pintaba sus rostros hoscos y una mirada escrutadora se dirigía a la delegación argentina, porque ellos habrían querido escuchar el nombre de Arturo Prat.

Aunque el comandante de la nave argentina intentó explicar que su subordinado se había equivocado, que seguro se refería al heroico almirante Arturo Prat, fue corregido por el oficial que hizo el brindis, quien afirmó su elogio a Miguel Grau nuestro epónimo héroe de Angamos, con lo que la reunión terminó con caras largas y amargadas de chilenos y la tripulación argentina se retiró a su nave a descansar. Un brindis que pudo desatar una guerra. “Hildebrandt en sus trece”. 7/8/2015.

Por su parte nuestro historiador Jorge Basadre hace una brillante panegírico de Miguel Grau que permite mantener viva la inspiración moral que requiere nuestra nación, aun en momentos álgidos y de peligro, “Al estudiar lo que hizo, preciso es recordar con qué elementos trabajó y cabe preguntarse qué hubiera sido del Perú con Grau en un barco como el “Cochrane” o el ‘Blanco Encalada’”.

El historiador y propagandista chileno Benjamín Vicuña Mackenna dice al respecto, “Insondable fue el desaliento que causó en todas las clases del Perú la pérdida del Huáscar. El barco había pasado a la categoría de mito, y su adalid a la de un verdadero semidios. Llevado su nombre en alas de la fama especialmente a las regiones americanas en que Chile no era amado, el contralmirante Miguel Grau había sido ascendido a la condición de los inmortales antes de sucumbir, y cuando un trozo de fierro disipó su vida como un átomo de humo, se consagraron votos públicos en las catedrales de casi toda la América que fue antes española”.

El 12 de octubre mediante telegrama llegó la noticia a Arequipa en él se daba cuenta sobre sobre la muerte de Grau y captura de su nave legendaria el Huáscar en manos chilenas. En el telegrama enviado por el coronel Aquiles Méndez indicó que el Huáscar había caído después de siete horas de lucha, agregando lo siguiente:

“¡Honor al bravo Huáscar en la mansión de los héroes, donde sus valientes tripulantes habrán recibido de Dios el premio de sus virtudes militares! Gloria al honor de la patria enaltecido por un puñado de valientes que serán imperecederos con la gratitud nacional”.

Después de casi 6 meses de recorrer victorioso nuestro vasto océano, inmovilizando a la flota chilena en sus puertos, amedrentando y desesperando a las autoridades chilenas debido a las hazañas del marino peruano, finalmente Miguel Grau y su Monitor entraron en la historia, legándonos un ejemplo de honor, patriotismo, humanidad y heroísmo. Con justicia es nombrado el peruano del milenio.
¡Gloria a Miguel Grau!

Foto: Busto del Almirante Miguel Grau. Plaza Iberoamericana. Sydney-Australia
Colección Arturo Castro

miércoles, 29 de agosto de 2018

De reuniones, pactos y conversaciones reservadas


“Cada época, cada cultura, cada costumbre y tradición tiene su estilo, tienen sus ternuras y durezas peculiares, sus crueldades y bellezas; consideran ciertos sufrimientos como naturales; aceptan ciertos males con paciencia”.
Hermann Hesse (El lobo estepario)

El escenario político nacional está tremendamente saturado. La población muestra indiferencia a la política. El enfrentamiento entre poderes del Estado no tiene cuándo acabar. Las críticas al Poder Judicial y Ministerio Público laceran la ley y el orden nacional. De esta pugna política habrá ganadores como es lógico, los corruptos en primer lugar.

La lideresa de Fuerza Popular declaró que se había reunido con el presidente Martín Vizcarra en dos ocasiones a solicitud del mandatario. Por qué el primer mandatario de la nación no informó a la población, en aras de la tan mentada transparencia, si es que la finalidad de las reuniones era buscar consensos y acuerdos para la gobernabilidad.

El actual presidente del Congreso Daniel Salaverry entrevistado en televisión aseguró que, en su calidad de vocero del fujimorismo, se reunió en dos oportunidades a pedido del entonces primer vicepresidente Martín Vizcarra, para tratar la crisis del gobierno de Pedro Pablo Kuczynski y su probable vacancia. El actual mandatario le aseguró que no renunciaría de darse el caso y que respetaría el marco constitucional.

El recordado Ramiro Prialé acuñó la frase, “Conversar no es pactar”. Hace semanas atrás cuando la prensa le preguntó al primer mandatario si se había reunido con Keiko Fujimori, él respondió enfáticamente que nunca se reunió. Hoy sabemos que sí lo hizo; qué fue, olvido, verdad a medias, una mentira o mentirilla. Quizá guardar la reserva del caso, para qué o por qué.

El actual Fiscal de la Nación Pedro Chavarry, negó inicialmente haber conversado con el tremendo juez Hinostroza Pariachi, con quien le uniría amistad de años, luego un audio lo pondría en evidencia, ante la fuerza de los hechos tuvo que aceptar que, sí lo conocía. Qué fue, mentira, verdad a medias o una mentirilla.


La mentira sigue siendo mentira, aunque se sostenga en un millón de verdades. Por qué la mentira del primer mandatario, que personifica a la nación es diferente a la del Fiscal de la Nación y porque ambos hechos reciben diferente tratamiento de sus defensores, críticos o corazas y de la prensa concentrada convenida.  

En este referente que no es de lo mejor, contemplamos la crisis humanitaria que sucede en Venezuela, producido por la desacertada política de Nicolás Maduro desde hace un quinquenio. Millones de desplazados rodando por nuestra América y ciudadanos que huyen de la dictadura llanera, en búsqueda de un porvenir.

Casi 400,000 ciudadanos venezolanos, con sus familias han llegado a nuestras costas, reeditando el camino que el libertador caraqueño Simón Bolívar realizara al llegar a Perú en 1824; precisamente en un escenario de caos y con presencia aún de los españoles en nuestra zona andina, eran otros tiempos, carentes de medios de transporte y tecnología, y otra la finalidad suprema. 

Antes del cierre del plazo que Perú puso para el ingreso de venezolanos con la tarjeta andina y cedula de identidad, para luego exigir el pasaporte para un mejor control para ingresar a nuestro país, llegaron muchos buses de Ecuador a nuestra frontera. Hoy nuestra frontera norte luce en calma y pocos ciudadanos venezolanos llegan a gestionar su ingreso.

Los ministros de Economía y Finanzas junto con el de Trabajo y Promoción del Empleo, Carlos Oliva y Christian Sánchez, explicaron que la llegada de los venezolanos está impactando en servicios de salud, trabajo y educación. Hay 30, 000 niños venezolanos estudiando en nuestro país y eso es muy bueno, para la interrelación cultural con nuestros estudiantes y maestros; pero, qué hay del trabajo articulado que debería realizar el gobierno, no se ve.

Por otro lado, el enfrentamiento entre el Ejecutivo y el Congreso se agudiza respecto del proyecto de Referéndum. Un congresista valentón amenaza bajo el supuesto que el Congreso no apruebe los proyectos, en el plazo fijado, el mismo Vizcarra se une a esta campaña de pechar al Congreso.

La pregunta por los 20 millones es si el Ejecutivo tendrá las agallas suficientes para pasar de la amenaza a la acción. Si realmente harán cuestión de confianza, con lo que para disolver el Congreso; claro, en eso si estarían imitando al político que más odian Alberto Fujimori. La única salvedad es si podrán cargar con el cadáver, cuando no existe ninguna razón de Estado, ni de emergencia como en los años 90, se tuvo a la subversión de SL y MRTA.

Los políticos neófitos sin talla política y de poco fuste democrático lanzan amenazas a los vientos, creyéndose divinos e infalibles. Sin contar que en este Congreso hay gente de mayor experiencia y que no les tiemblan las canillas. Estos congresistas inexpertos en estas lides habrán considerado por un segundo, las implicancias económicas que podría sufrir el país con una medida de esta naturaleza. Considero que no.

Y la lucha contra la corrupción sigue siendo el caballito de batalla del actual mandatario, porque es una necesidad de Estado y porque lo exige la población a gritos. Cómo luchar contra ese flagelo si los poderes del Estado están enfrentados o cuestionados por actos de corrupción. Cómo ponerse de acuerdo si no conversan, nunca se reúnen y cada uno busca luchar a su manera.

Lo que la población nacional necesita es la seguridad que las autoridades se pongan de acuerdo, que los tres poderes de nuestro endeble Estado en lugar de enfrentarse se reúnan a conversar, ponerse de acuerdo para solucionar los problemas más acuciantes de nuestra población: la lucha contra la corrupción, la delincuencia organizada, la inseguridad, el narcoterrorismo. Ponerse de acuerdo y trabajar hacia un solo objetivo,

viernes, 17 de agosto de 2018

Trascendencia histórica de la batalla de Junín en la lucha libertaria de Sudamérica




La campaña libertadora fue una lucha de larga data, que atravesó etapas de nuestra historia y que se fue gestando una vez conocida las verdaderas intenciones de los conquistadores. Las causas: la injusticia, los abusos, espoliaciones, explotación del oro, plata, mercurio, llevados a Europa en casi trescientos años de ocupación.

Las batallas decisivas para la Libertad e Independencia de nuestra patria, sin lugar a duda fueron Junín y Ayacucho. La primera en agosto y la segunda en diciembre de 1824, y se consolidó cuarentaidos años después en el combate de 2 de mayo de 1866, en la célebre y memorable victoria alcanzada por nuestro pueblo y sus fuerzas armadas frente a la flota española en el Callao.

Sin embrago, la libertad obtenida por el sacrificio de quienes combatieron con patriotismo, sacrificando su propia vida, no se realizó de la noche a la mañana, ni fue un momento de inspiración, ni un rapto de iniciativa. Fue el resultado de años de maduración, experiencia, de luchas muy desventajosas, que se iniciaron inmediatamente después de la muerte de Atahualpa.

Se ha sostenido quizá de manera equivocada por no contradecir la historia oficial, que la conquista del imperio incaico terminó con la ejecución de Atao Huallpa (Atahualpa). Sin embargo, no fue así, porque muerto Atahualpa, sus capitanes “se sintieron liberados de toda promesa de pasividad y emprendieron las guerras en contra de los conquistadores” (1)

La conquista del Imperio Inca tuvo dos fases: la primera orientada a destruir el poder en manos de Atahualpa, lo que se logró con su rápida captura y ejecución, y la segunda hacer frente al rebelde Manco Inca hasta derrotarlo. Manco Inca dirigió a la aristocracia cusqueña contra los españoles entre 1536-1544, en batallas aún desconocidas, que trajeron triunfos y derrotas.

Cuesta creer que la historia oficial narrara durante tatos años y considerara a los quechuas faltos de iniciativa, desafectos con sus tierras y hermanos, ingenuos, medrosos o cobardes, para quedarse tranquilos, frente a tamaña afrenta que significó que, los conquistadores hollaran sus tierras, abusaran de sus mujeres, explotaran y sometieran a los oriundos y dueños de estos suelos. No fue así.

Cómo no traer al presente las acciones realizadas por Manco Inca, quien lideró el proceso insurreccional más importante del siglo XVI (1536-1544), apoyados por muchos caciques, campesinos y otras clases sociales, fue la lucha más importante de América en el siglo XVI. Manco Inca logró muchas victorias sobre las tropas españolas en casi ciento veinte batallas.

“Fue a mediados de setiembre de 1535 que Manco Inca, decidido ya por la guerra contra los españoles, reunió una gran asamblea de orejones en un lugar secreto cercano al Cuzco, pronunciando ante ellos el grito de Libertad o Muerte que anunció el inicio de la guerra de reconquista, su conmovedora proclama fue publicada por el cronista Pedro Cieza de León”. (2) 

A inicios del siglo XVIII, el Perú era una sociedad muy heterogénea en lo referente a clases sociales, castas, razas, idiomas y costumbres. Según Juan José Vega en este siglo, los movimientos “podrían ser clasificados en tres grandes grupos: los protagonizados por indios, como jefes; los que tuvieron como protagonistas a líderes criollos; y, finalmente, los que vieron a los negros en la primera línea de acción”. (3)

Las causas que dieron lugar al levantamiento, rebeliones y revoluciones por la libertad, se dieron porque el indígena fue objeto de explotación, no obtuvieron justicia a sus reclamaciones, porque los llamados a hacer cumplir las leyes fueron los que más las incumplieron, amparados en el poder que les daba el sentirse miembros de la clase dominante.

Guamán Poma de Ayala denunció que seis animales abusaban y explotaban a los pobres indios: “el corregidor que es una serpiente; el tigre que son los españoles del tambo; el león, que es el encomendero; la zorra que es el padre de la doctrina; el gato, que es el escribano; y el ratón que es el cacique principal. (…) Y no hay remedio”. (4)

Otro guerrero precursor que emprendió la lucha por su pueblo fue Juan Santos Atahualpa, quien lideró un movimiento de liberación del Perú y de gran parte de América a partir de las comarcas de la selva. Santos Atahualpa se levantó en 1742, contra el sistema impuesto a la fuerza por los conquistadores.

Qué se sabe del origen de Juan Santos Atahualpa, “Manuel de Mendiburu escribió en el siglo XIX, opinión válida hasta hoy, que ‘el lugar del nacimiento de Juan Santos quedó envuelto en dudas y pareceres contradictorios: tuviéronle algunos por natural del departamento del Cuzco, otros por hijo de Humanga; y con respecto a sus padres y deudos nada pudo descubrirse de una manera evidente’”. (5)

Parece lógico que Juan Santos Atahualpa tuviera orígenes serranos y mestizos, aunque Carlos Daniel Valcárcel, historiador, educador, investigador y escritor peruano, lo supone de la selva y que, siendo aprovechado en sus estudios y méritos, visitó África y Europa, donde se asume tuvo contacto “con otras áreas de evangelización y enseñanza”. (6)

Santos Atahualpa se rebeló contra el despojo de las tierras, que siendo de todos pasaron a pocas manos, contra la regimentación laboral impuesta que era muy severa y que, remplazaba a sus actividades libres de caza, pesca y agricultura. A los habitantes de nuestra selva se les impuso un servilismo y servidumbre rayano con la esclavitud.

Juan Santos Atahualpa había marcado su estrategia que visaba la independencia del Perú como meta final de su proyecto libertario, buscó durante su levantamiento la expulsión de los conquistadores y la restauración de un estado autónomo. “Propugnó la unidad política de todos los naturales del Perú (…) Intentó un acercamiento a los negros, otro grupo oprimido, con lo cual su proyecto de unidad nacional fue aún más importante”. (7) En fin, luchó contra todo abuso, considerado como una explotación que beneficiaba a los peninsulares.

En los siglos posteriores, continuó la lucha por la libertad, hubo hombres y mujeres que se organizaron para hacer frente a los abusos de los españoles. Entre muchos, son dignos de mención los precursores: Juan Pablo Vizcardo y Guzmán quien escribió su famosa carta a los españoles americanos en la que plasmó la necesidad y el derecho a la libertad de la colonia y a un gobierno autónomo en manos de los peruanos.

Cómo no recordar la gesta heroica, de enfrentarse al poder español, con grandes limitaciones y desventajas en armas y equipos. No solo por ello es grande y memorable la acción valerosa, considerada hoy una gran epopeya por la libertad, que realizaron: Tupac Amaru, Micaela Bastidas y Mateo Pumacahua, Francisco Antonio de Zela tempranamente en 1,811 en Tacna.

La revolución de los hermanos Pallardelli y del alcalde de Tacna don Manuel Calderón de la Barca y la rebelión de los hermanos Angulo. La destacada actuación de los criollos: Faustino Sánchez Carrión, Hipólito Unanue, Luna Pizarro, Mariátegui, Vidaurre, Rodríguez de Mendoza, quienes prepararon con antelación el escenario, para la llegada de la expedición libertadora de San Martín

En la lucha independentista del Perú, muchas damas de toda clase social brindaron sus sacrificadas acciones, para la causa libertaria, de manera anónima y silenciosa. Años previos a la campaña libertadora, en Lima se abrieron salones literarios, lugares a los que acudían ciudadanos importantes interesados en esta práctica cultural y a la que también asistían los Amantes del país.
En la calle San Marcelo se ubicaba el salón literario de Rosa Campusano, bella guayaquileña, visitada por el virrey La Serna. Se asegura que esta dama, mantuvo amoríos con personajes como el coronel Tomas Heres jefe del “Numancia”. Rosa Campusano influyó en la deserción del Numancia, “a Rosa Campusano, a decir de Palma habría que darle también el mérito de intentar la conquista de batallón Cantabria, cosa que fracasaría en el último momento”. (8)

Brígida Silva de Ochoa, dama limeña valerosa y enérgica, quien se sacrificó por el engrandecimiento de la Patria. Ayudó activamente a sus hermanos Mateo y Remigio, implicados en la conspiración de 1809, para formar una junta de Gobierno que pretendió anular la autoridad del Virrey Abascal. “Los hermanos Mateo y Remigio Silva, abogado el uno, comerciante el otro, conspiran. La sede de las reuniones es el bufete de Mateo, sito en el portal de Escribanos fronterizo con la Plaza de Armas”. (9)

María Andrea Parado de Bellido, fue una mujer indígena y quechua-hablante, quien sobrepuso los intereses de la patria, antes que los personales y familiares. Prefirió su sacrificio antes de revelar secretos a los realistas y delatar a otros patriotas que, como ella, servían a la causa de la libertad. “El nombre de María Parado de Bellido ha sido quizá el de más resonancia entre las mujeres que colaboran en la guerra”. (10)

Carmen Guzmán fue una mesonera, a cuya fonda ubicada en la calle Guadalupe, acudían los oficiales del batallón Numancia. Las mujeres atendían a los realistas, en salones convenientemente acondicionados. Un verdadero centro de espionaje, en las que se fomentaban abiertamente la propaganda y la sedición. Se une a estas actividades, Manuela Sáenz y Manuela Estacio.

Las luchas libertarias, iniciadas con Manco Inca, rindieron sus frutos recién en el siglo XIX con la llegada de nuevos vientos, nuevos pensamientos, resultado de la revolución francesa y la independencia de EE. UU. Esas nuevas ideas llegadas a estas tierras encontraron la fertilidad, la efervescencia y caldo de cultivo, en la población cansada de los abusos de los conquistadores.

El Virreinato de Perú, como sabemos, era el más poderoso centro de poder de España en América del sur, Lima era el centro de ese poder, Dn. José de San Martín desde Argentina y Simón Bolívar desde Venezuela, organizaron sus fuerzas patrióticas, para liberar América del Sur del coloniaje de España.

El 20 de agosto de 1820, partió el general José de San Martín de Valparaíso, Chile, recibió el apoyo del jefe de gobierno de Chile, Capitán General Bernardo O'Higgins. El vicealmirante Thomas Cochrane condujo la flota de 7 naves de guerra, 7 transportes, conduciendo casi 4000 efectivos de Argentina, Chile y Perú.  

El objetivo principal era tomar Lima, y proclamar la independencia, nombrándose San Martín Protector del Perú, para desde esta posición llamar a sumarse a la causa patriota al resto del Perú. El desembarco se produjo en la bahía de Paracas en la mañana del 8 de septiembre de 1820.

El cuartel general de San Martín se estableció en Pisco, a partir del 12 se inició la recepción de voluntarios, siendo Manuel Odriozola el primer voluntario para integrar lo que se denominó el Ejército Libertador del Perú, con el tiempo Odriozola alcanzaría el grado de coronel y se convirtió en el más importante historiador del Siglo XIX.

Numerosos patriotas se incorporaron de manera voluntaria al Ejército de San Martín, “Mención especial merece la incorporación del Regimiento de Caballería de las Milicias de Chincha, formados por 7 oficiales y 700 morenos armados, quienes pasaron a formar los batallones N° 7 y N° 8 de los Andes y constituir las unidades chilenas que solo venían en cuadro”. (11) También pidieron su incorporación 700 indígenas de Chincha al mando de su cacique, San Martí seleccionó 50 para infantería.

 “El 3 de diciembre de 1820, se incorporó al Ejército Libertador el batallón virreinal ‘Numancia’, compuesto por 996 hombres entre peruanos y granadinos. Entre sus jefes se encontraba Tomas Heres y León de Febres”, (12) esta acción, como se expresó líneas arriba, fue resultado de acciones tácticas llevadas a cabo por San Martín y las damas peruanas que influyeron con su belleza y gentileza.   

El general San Martín ordena al general Juan Antonio Álvarez de Arenales inicie una campaña en la sierra del Perú con 1,130 hombres para: “1) Extender acciones militares al interior del territorio; 2) Contrarrestar la propaganda de los españoles contra el Ejército Libertador; y 3) Levantar el ánimo de los pueblos del interior y organizar guerrillas con pobladores nativos”. (13)

El general Álvarez e Arenales inicia operaciones el 4 de octubre de 1820, parten de Pisco y culminan el 8 de enero de 1821.  A fines de 1820 el general San Martín había dispuesto que el Ejército avance hasta Huaral y el 31 de diciembre de ese año tomó como cuartel general la hacienda de Retes. Luego de la proclamación de la Independencia el 28 de julio de 1821, el general San Martín oficializó la creación del Ejército.

El 21 de octubre de 1820, decretó la creación de la bandera del Perú y del Escuadrón de Auxiliares de Ica. En noviembre los Cazadores del Ejército; y en enero de 1821, el Batallón Leales del Perú y el Escuadrón Húsares de la Escolta.

El primer Congreso Constituyente se instaló el 20 de setiembre de 1822 a las diez de la mañana, estuvieron presentes 51 diputados. El primer presidente de este Congreso fue Javier de Luna Pizarro, sus primeros secretarios fueron Faustino Sánchez Carrión y Francisco Javier Mariátegui. Luna Pizarro manejó el Congreso hasta febrero de 1823.

Ante este mismo Congreso el general José de San Martín renunció a ser protector del Perú, después de reunirse con el general Simón Bolívar en Guayaquil y no haber podido imponer su proyecto monárquico. El 22 de setiembre presentó su dimisión ante el Congreso, que fue aceptada por Luna Pizarro.

A las dos de la mañana del 22 de setiembre San Martín se embarca en Ancón en el bergantín Belgrano rumbo a Valparaíso. Nunca regresaría al Perú. San Martín al despedirse, expresó “La presencia de un militar afortunado, por más desprendimiento que se tenga, es temible a los Estados que de nuevo se constituyen (…). Peruanos: os dejo establecida la representación nacional; si la depositáis en ella una entera confianza, cantad el triunfo, sino la anarquía os va a devorar. Que el acierto presida a vuestros destinos; y que estos os colmen de felicidad y paz”. (14)

¿Qué dejó el general Dn. José de San Martín al partir? San Martín creía que las leyes que gobernaran en América serían las apropiadas a su carácter, a sus propias características, pensaba que lo mejor para América era la monarquía constitucional, aborrecía tanto a la anarquía como al despotismo” (15)

Con respecto a nuestra patria, San Martín dejó ejemplo y enseñanza porque mostró los principios rectores de la elección popular, “el respeto al principio de la voluntad popular: la convocatoria al Congreso Constituyente, la elección libre de los diputados de este Congreso y las garantías que gozaron ellos al reunirse”.

Su verdadero espíritu de desprendimiento y carente de ambiciones queda demostrado en carta que le dirige “al marino inglés Basil Hall: No aspiro a la fama de conquistador del Perú. ¿Qué haría yo en Lima sus habitantes me fueran contrarios? No quiero dar un paso más allá de donde vaya la opinión pública…”. (16)

El Congreso Constituyente de 1822, en sesión secreta y mediante decretos de 25 de octubre y 4 de noviembre de 1822 agruparon a los cuerpos peruanos en una división a la que llamó Ejército del Perú, lo que es tomado como la oficialización de la creación del Ejército como institución.

A la retirada de San Martín, el Congreso decide conservar el poder Ejecutivo para administrarla, para ello se elige una comisión conformada por tres diputados denominada Junta Gubernativa del Perú: José de la Mar, Manuel Salazar y Baquíjano y Felipe Antonio Alvarado. Esta conformación según Bolívar no fue la mejor, criticó y consideró que el Congreso gobernaba y este triunvirato obedecía.

El Congreso Constituyente dio el golpe de gracia a la ilusión monarquista, el 22 de noviembre de 1822 desautorizó a la comisión conformada por García del Río y Pariassien enviados por San Martín a Europa, para buscar un rey para el Perú. El 19 de diciembre se juró las bases de la Constitución que constaba de 24 artículos.

Las bases indicaban “que el principio por el establecimiento de la libertad era la división de las tres principales funciones del poder Nacional, llamados concretamente los tres poderes, que deben deslindarse haciéndolas independientes unas de otras”, (17) se refería a: Poder Ejecutivo, Poder Legislativo y Poder Judiciario hoy Poder Judicial.

La Junta Gubernativa el 28 de octubre de 1822 había promulgado la ley de residencia que ordenaba “todo funcionario público estaba sujeto a juicio de residencia”. Creó un juzgado especial para los delitos de sedición, traición e infidencia.

Para fines de 1822 y principios de 1823, la situación económica era caótica, militares y civiles estaban impagos, había inseguridad frente a plaga de malhechores. Se creó un tribunal especial denominado “Comisión de lo acordado”, que juzgaba de manera sumaria en casos de homicidio, heridas y hurto, podía aplicar la pena de muerte.

En el manifiesto de presentación de bases para la Constitución el 19 de diciembre de 1822 el Congreso se dirigió a los pueblos del Perú: “Las bases que os presentamos son los principios eternos de justicia natural y civil. Sobre ellos se levantará un edificio majestuoso que resista a las sediciones populares, al torrente desbordado de las pasiones y a los embates del poder. Sobre ellas se formará una Constitución que protege la libertad, la seguridad, la propiedad y la igualdad civil (…) Ved que ¡oh! Pueblos del Perú la Constitución que os prepara al Congreso peruano. Ved aquí el logro fraternal con que desea uniros estrechamente y el pacto solemne con que es convida para que forméis un Estado próspero, incontrastable y cuya duración estará vinculada en lo gloria de nuestras armas (…)”. (18)

En un escenario caótico en lo social y político, con todos los problemas de organización de la nueva República. La Junta Gubernativa se fue sin pena ni gloria, abrumado por la crisis con los militares a quienes se les debía dos meses de pago, las bajas no fueron reemplazadas, el fracaso de la primera campaña de intermedios y el temor a tropas españolas escalonadas en la zona andina desde Jauja hasta la actual Bolivia.

A inicios de 1823 el Perú solicitó la presencia de Simón Bolívar, para hacer frente a las fuerzas españolas en territorio americano. Bolívar al no poder desplazarse hacia Perú, designó a Antonio José de Sucre como su plenipotenciario y representante, para cumplir esta comisión.

El 28 de febrero el general Andrés Santa Cruz jefe del ejército y otros oficiales firmaron una solicitud al Congreso, “la Junta Gubernativa no tuvo nunca la confianza de los pueblos ni del ejército; que no son cuerpos colegiados los que pueden obrar con secreto, actividad y energía, en momentos críticos; invocamos otras razones más para pedir la designación de un ‘Jefe Supremo que ordene y sea velozmente obedecido’”. (19). Se refería al coronel Dn. José de la Riva Agüero.

Al pronunciamiento militar se unió la agitación popular que presionaba al Congreso. Las tropas se movilizaron hasta la hacienda Balconcillo para apoyar la solicitud. Desde este lugar se envió nuevamente al Congreso una nueva solicitud “La sabiduría y prudencia de vuestra soberanía pesará los motivos que impulsará el anhelo con que aguarda el ejército el decreto que asegura la libertad del Perú”. (20)

El 28 de febrero de 1823 el Congreso eligió a Dn. José de la Riva Agüero como el primer presidente del Perú, debido a que la Junta Gubernativa había perdido autoridad. El Congreso se dividió en tres facciones: los puritanos, con Luna Pizarro a la cabeza; los riva-agüeristas y los relativistas liderados por Sánchez Carrión.

El 10 de mayo de 1823 llegó Sucre a Lima, nuestro país continuaba sumido por la inestabilidad política, el fracaso de la campaña de intermedios dispuesta por San Martín hacía presagiar tormentas en la vida política de la nueva república. Por esos meses se preparaba una segunda campaña de intermedios, Sucre con la División Auxiliar (grancolombiana) marcharía a la ciudad de Arequipa, para iniciar operaciones en el sur contra las fuerzas españolas, de manera combinada con el general Andrés de Santa Cruz.

El 30 de mayo recibió Sucre el nombramiento de comandante del Ejército Unido, y el 21 de julio fue proclamado jefe supremo militar, cargo que aceptó con la condición de ejercerlo solamente en el teatro de la guerra. A pesar de la victoria de Santa Cruz en la batalla de Zepita (25.8.1823), la campaña terminó en fracaso. Sucre retornó a Lima, después de su retirada de Arequipa.

El 1 de setiembre de 1823, casi un año después que el general San Martín abandonara el país, Simón Bolívar llega al puerto del Callao y es recibido entre aclamaciones, embanderamiento, formación de tropas, descargas de artillería y tañido de campanas, casas y plazuelas adornadas. Banquetes y brindis con gran solemnidad.

La presencia de Simón Bolívar en Lima tranquilizó a la población y principalmente a sus autoridades. El general Antonio José de Sucre cooperó diligentemente con Bolívar, para cumplir tareas en el campo militar y político. Se tomaron decisiones importantes que permitieron la reorganización y preparación de la fuerza, para enfrentar en mejores condiciones a los realistas.

Simón Bolívar logró reunir un ejército de ocho mil hombres y los realistas aproximadamente 18 mil. La sublevación de Pedro Olañeta en el Alto Perú fue un golpe psicológico para las fuerzas realistas, porque obligó al virrey del Perú a distraer gran parte de sus fuerzas para sofocarla. En este escenario Bolívar decide marchar hacia el sur del Perú para combatir al general realista José de Canterac.

En el mes de febrero, las fuerzas realistas españolas mantenían bajo su ocupación u amplio territorio que abarcaba la zona andina central y sur.  En el mes de junio, Simón Bolívar se dirigió con sus fuerzas hacia el sur como dijimos, con el fin de enfrentarse a los realistas, comandados por el general José de Canterac.

El 6 de agosto de 1824, sables y lanzas en ristre chocaron brutalmente, los cuerpos despedazados, ensangrentados y atravesados de ambos contendientes quedan regados en los suelos de la pampa bendita. Los gritos de arengas, los ayes de dolor se elevan a los cielos. Jinetes de ambos bandos luchando violentamente a más de cuatro mil metros de altura. Canterac en persona manda la caballería de los Húsares de Fernando VII y Dragones de la Unión y del Perú.

La caballería patriota está comandada por general Mariano Necochea, con seis escuadrones de Granaderos montados y Húsares de Colombia y de Perú, y al grito de “¡Adentro, Granaderos!”, Necochea y sus centauros responden vigorosamente al grueso de las fuerzas realistas, se produce una situación confusa, los escuadrones patriotas emprendieron la retirada.

Bolívar se desplazaba camino al pueblo de Reyes, se dice que huía. La victoria realista se transforma en derrota y victoria patriota, gracias al coraje del “Regimiento Húsares del Perú” al mando de Isidoro Suarez y la destacada acción del sargento Mayor Andrés Razuri, quien recibe la orden de retirarse, aprecia la situación y decide atacar por la retaguardia española, causando bajas, confusión y desorden en la caballería realista.

Ha pasado más de un siglo, una mirada retrospectiva nos permite hacer un recuento de los hechos, observando con frialdad, sin apasionamientos. Es cierto, una derrota en Junín hubiera sido catastrófica para los sueños de libertad de América. El ejército patriota vencido, derrotado y quizás diezmado, hubiera tardado en reorganizarse para enfrentar y derrotar a los realistas. La victoria de Junín brilla en el firmamento y es el hito más importante en el sueño libertario de América.

Finalmente, la victoria de Junín crece y crecerá con los siglos, sin mácula, sin sombra que la altere. En esa pampa bendita, hombres, cabalgaduras, sables y lanzas, lucharon defendiendo un ideal supremo. ¡Junín! Es y será por siempre una gran victoria que, permitió continuar las operaciones con tropas experimentadas y moral alta, para el penúltimo capítulo en Ayacucho.
Foto: Basadre, Jorge. historia de la República. Tomo I. Diario El Comercio.
Notas:
Vega, Juan. EL PERÚ HISTORIA DE SUS LUCHAS LIBERTARIAS. (1), (2), (3), (4), (5), (6)
Neuhaus, Carlos. DAMAS, PODER Y POLÍTICA EN EL PERÚ. (8), (9), (10).
Comisión Permanente de Historia del Ejército (CPHE). El Ejército en la República.  Siglo XIX. (11), (12), (13).
Basadre, Jorge.  Historia de la República del Perú (1821-1933). (14), (15), (16), (17), (18), (19), (20).