lunes, 9 de julio de 2012

CARTA DEL CONTRALMIRANTE MONTERO AL PRESIDENTE PRISIONERO.


NR: 
Con un desprendimiento nunca antes visto en ningún personaje histórico nacional, en esta carta el Contralmirante Lizardo Montero, se ofrece como prisionero de guerra, para que Francisco García Calderón el Presidente cautivo regrese a Lima y pueda conocer in situ, la situación del País y luego tomar una decisión respecto al tratado de paz. A diferencia de Mariano I. Prado que huyó al extranjero abandonando el país a su suerte y Nicolás de Piérola, abandonó la capital dejando a la población indefensa y a merced de las tropas chilenas.

Señor Doctor Dan Francisco García Calderón.
Santiago.

Apreciado amigo:

Esta es la segunda carta que escribo a Ud. después de su extrañamiento a Chile: la anterior expresaba la condolencia del amigo al digno mandatario de su país; la presente es la del gobernante actual a aquel cuyo patriotismo acendrado le puso en el camino del destierro y que puede volver a ocupar su puesto en el día, si tienen aceptación las ideas que voy a emitirle.

Hace cerca de un año que Ud. discute, en unión del señor Logan, las condiciones del Tratado de Paz que ponga término a la guerra sostenida por Chile, aunque desgraciadamente no ha podido llegarse hasta hoy a un resultado definitivo.

El Gobierno de Santiago, convencido que ninguna de las grandes potencias nos prestará protección, se aferra en sus inauditas pretensiones, y no cede ni cederá talvez, porque tiene la persuasión de que el Perú, a pesar de sus nobles cualidades y de su hidalga conducta en todo tiempo, representa en la actualidad un desheredado de la fortuna por cuya suerte nadie se interesa.

El Gobierno de esa República no permite que Ud. regrese a su país, porque le conviene tenerlo en rehenes y privarnos del contingente de sus luces y virtudes cívicas, y solo consentiría el darle la libertad, si Ud. aceptara allá sus exigencias, y las consignara en su protocolo, como lo ha manifestado antes de ahora.

Para salvar este inconveniente, encuentro un medio que me parece práctico.
Su separación del Perú durante quince meses, no le permite  apreciar la situación del país tal como hoy se presenta.

Si Ud. le dijera al Gobierno de Chile: “Necesito ir al Perú con el objeto de estudiar el estado de la opinión pública e inquirir todo lo que pueda hacer en favor de la paz, dando como garantía la persona del Contralmirante Montero, actual Presidente de mi país, quien quedaría sujeto a responsabilidad, como prisionero de guerra, mientras yo estudio la situación”; tengo la seguridad que adoptaría este nuevo camino que Ud. le presentará.

Ud. vendría entonces al Perú, se haría cargo del  Mando Supremo, y en vista de la realidad de las cosas, aceptaría o no las proposiciones que le han sido presentadas.

Comprometo solemnemente mi palabra para cumplir con fidelidad lo que Ud. acuerde con el gobierno de Chile sobre el asunto que motiva esta carta.

 Ya que hay algunos peruanos que sacrifican el presente y el porvenir de la patria en aras de su culpable egoísmo, identifiquémonos en el propósito de salvar al Perú, que los hombres de corazón nos harán justicia.
Notas:
García Calderón, Francisco. Memorias del Cautiverio. Págs. 62 y 63.Librería Internacional del Perú. Edición 1949.
  


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