viernes, 2 de marzo de 2012

Retorno a la patria querida.

El Dr. Francisco García Calderón fue proclamado Presidente Provisorio el 22 de febrero de 1881. El 12 de marzo de ese año, asume el Gobierno en el pueblo de La Magdalena, autorizado por el gobierno chileno de ocupación. El Congreso se instaló el 10 de junio de 1881 en la Escuela de Clases en la Villa de Chorrillos que no fue incendiada.

El 5 de setiembre de 1881 el diario El Orden vocero del Gobierno Provisorio de Francisco García Calderón en su editorial “LO OCURRIDO HOY”, daba cuenta a la opinión pública de un hecho inusual “Hoy al rayar el alba se presentaron en los alrededores de la Magdalena varios batallones chilenos; rodearon el pueblo e intimaron rendición a las fuerzas que allí tenían acantonadas el Gobierno Constitucional del señor García Calderón”.

El 6 de setiembre fue reducido a prisión Francisco García Calderón, por oponerse a la firma de un tratado de paz con cesión territorial, “la prensa chilena lo declaró loco y que estaba poseído de la monomanía del poder supremo”. Antes de partir preso rumbo a Chile envió su proclama al país en los siguientes términos:
“El 6 del presente he sido reducido a prisión por las autoridades chilenas que ocupaban Lima y se me ha conducido a bordo del Almirante Cochrane para ser llevado como prisionero a la república de Chile, junto con el ministro de relaciones exteriores don Manuel María Gálvez”.

“Esta medida violenta, dijo, ha sido dictada contra mí por la energía con que he defendido la integridad del territorio y la soberanía de la nación.... En este momento supremo es deber mio dirigiros la palabra antes de partir, y al hacerlo me es grato deciros que hoy tengo mas fe que nunca en los destinos del Perú”.

El 27 de mayo de 1884, después de dos años y medio, por fin, el presidente cautivo del Perú partía de las costas chilenas y retornaba al país. El regreso no sería de inmediato, pasarían largos meses antes de que García Calderón volviera a ver las playas del Perú y rencontrarse nuevamente con la nación peruana, con su gente, por quienes había aceptado ir preso a Chile.

Durante su permanencia en Chile, García Calderón hizo acopio de sacrificio y entereza por la patria. Se fortaleció espiritualmente con la presencia de su familia. El momento de su partida fue muy doloroso, porque tenía sentimientos encontrados que albergaba dentro de sí. Decía adiós a un país en el que había recibido los peores vejámenes e insultos; por otro lado, dejaba leales amigos y traía en su seno dos hijos nacidos en el destierro.

Sin embargo, su rumbo no sería hacia la patria añorada y amada que estaba al Norte, tenía derecho de volver a la Patria; pero, se alejaba hacia lo desconocido, hacia la incertidumbre del futuro para él y los suyos. Lo hacía para evitar su influencia y que esta no sumara más leña a la hoguera, consideraba que su presencia “hubiera servido de pretexto para aumentar sus desgracias”.

¡Qué tristeza debió sentir el presidente cautivo!

Una de su mayores impresiones durante este destierro era que, la pasión política no tenía límites ni ética en los países. “En todas partes he visto que la pasión política divide a los hombres de tal forma, que los lleva a negar la virtudes del enemigo que las tiene; y a ensalzar al amigo que no es acreedor a elogios”.

Durante la guerra que Chile le declaró a Bolivia y Perú, las pasiones se encendieron en Chile, que consideró bueno que se hiciera al Perú todo el mal posible. Debido a un patriotismo exagerado y un chauvinismo desmedido, que impulsó a sus ciudadanos, no solo colectivamente; sino, lo más triste, también como individuos.

Esta impresión percibida por García Calderón durante su cautiverio, lo explica en sus propias palabras “de otro lado se miraba como delito de lesa patria, no siquiera la censura de las atrocidades de que el Perú era víctima, sino la comunicación peruana con los peruanos. Está peruanizado, era el agravio mayor que podía hacerse a un chileno”.
Esa pasión desmedida contra el Perú, García Calderón la sintió en carne propia por la gravedad con que se ensañaron con él, porque personificaba la resistencia peruana a la cesión de territorio, a que Chile se creía con derecho. “…por lo mismo toda comunicación conmigo era delito contra la patria”.

Pese a que García Calderón vivió aislado, exigió de manera pública y privada, que se respetaran su sentimiento patriótico y que los chilenos fuesen justos en su apreciación. Nunca pudo lograr que las autoridades chilenas y su pueblo, mirar los hechos con menos apasionamiento.

“Nada de esto ha sucedido en Chile: nunca se ha levantado un avoz para hacer humana la guerra; y por lo mismo nadie podía acercarse a mí sin caer bajo la reprobación de los fanáticos”.

A la luz de los últimos acontecimientos en la frontera con Chile, sobre labores de verificación y desminado, que realizan los tropas chilenas en nuestro territorio y que obligaron a nuestro gobierno a una nota de protesta y a una respuesta inusual, y descortés de su Ministro de Defensa.
¿Seguirá el fanatismo patriótico chileno imponiéndose a la razón y las leyes internacionales?

Continuará…
Notas:
• Diario El Orden. Editorial del 5 de setiembre de 1881. Hemeroteca de la UNMSM.
• Memorias del Cautiverio. Francisco García Calderón. Librería Internacional del Perú S. A. 1949.

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