miércoles, 7 de marzo de 2012

Percepciones del Presidente cautivo sobre la realidad chilena 1881-1884.

Otra de las observaciones que hizo el presidente prisionero Dr. Francisco García Calderón durante su cautiverio en Chile y que es importante que se conozca en la actualidad, es respecto a los niveles socioeconómicos existentes en este país.
Es importante saber cómo se clasificaba a la población, tomando como base el bienestar económico de las personas, o lo que se conoce ahora como los niveles socioeconómicos.

García Calderón describe muy bien a la población chilena de ese siglo de la siguiente manera:
“La población de Chile por causa del bienestar material, se puede clasificar de este modo: ricos, de mediana fortuna y pobres. No son muchos los de la primera clase, porque la riqueza no está distribuida, sino más bien concentrada en pocas manos; y por el contrario son muchos los de mediana fortuna, entre los cuales se cuentan no sólo los propietarios de fincas, profesores de artes liberales, industriales y artesanos, sino también administradores de fundos rústicos y otros que tienen determinado bienestar porque ganan lo suficiente para la satisfacción de sus necesidades, y a veces para hacer economías y ahorros”.

“Al lado de estas dos clase se encuentra el pobre, que no tiene hogar, que no forma familia y vive de su trabajo manual cuando halla ocupación. Esta es la clase bastante numerosa a que se da el nombre de rotos”.

“Según he podido comprender, esta denominación se aplica antiguamente a los mestizos, descendientes del cruzamiento de la raza indígena con la blanca, que vivían de su trabajo manual para distinguirse de los que eran de pura raza española. Pero en la actualidad no tiene esa acepción; pues he oído la palabra roto de la boca de personas que tenían poco o talvez nada de españolas, aplicándola a individuos que no eran desbarbados como los araucanos; y al mismo tiempo entre la plebe, el que tiene algo, llama roto al que nada posee; y por eso he dicho que son rotos los que carecen de todo y viven del jornal que se les da por su trabajo”.

“Como quiera que esto sea, el hecho es que el individuo a que se da el nombre de roto, anda descalzo o con ojotas; lleva un calzón viejo ceñido a la cintura por una correa de cuero o una faja de lana. Su camisa, cuando la tiene, es tan vieja y sucia como el pantalón; y se cubre con el poncho, que en invierno se lleva al cuello y en verano suspendido al hombro. La cabeza va cubierta con sombrero de paja o fieltro. Bigotes gruesos, poca o ninguna barba, tez ennegrecida por la intemperie, miembros robustos y cabeza poblada de pelo negro muy abundante: he aquí el aspecto del roto”.

“Como los salarios, especialmente en el campo, son muy bajos, y las familias muy numerosas, los padres con mucha dificultad pueden sostener a sus hijos; y y los que por esta u otras causas no tienen acomodo en el lugar de su nacimiento, emigran a otro y otro, buscando siempre la subsistencia. Esta vida errante hace del roto un nómade; y el cambio frecuente de residencia, la lucha con la naturaleza y los esfuerzos que tienen que hacer para ganar el pan diario, lo acostumbran a la fatiga y le dan gusto por las aventuras. Rotos hay que han recorrido de un extremo a otro, a pie, toda la república de Chile; y otros que navegan en la costa, haciendo el viaje, según ellos dicen, de guierra (guerra); esto es, ocultándose en el vapor, para que no se le exija boleto de pasaje”.
Notas:
García Calderón, Francisco. Memorias del Cautiverio. Librería Internacional del Perú. S. A. Edición 1949

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