domingo, 4 de marzo de 2012

Percepciones de Francisco García Calderón sobre Chile.

Durante su cautiverio en Chile el Presidente peruano Dr. Francisco García Calderón, observó muy de cerca la realidad de la política chilena, conoció las virtudes, debilidades y limitaciones de su clase política, sus principales líderes y pudo palpar de cerca el sentir del pueblo chileno.

Sus impresiones nos llegan a través del tiempo y su observación es válida porque fue testigo presencial de estos hechos. Respecto a su percepción de las instituciones chilenas lo expresa muy claramente de la siguiente manera:

“Chile, según su constitución política, es una república democrática; y a la verdad, si pensamos que tiene congreso, presidente y municipalidades de elección popular, poder judicial independiente de los otros poderes, y funcionarios políticos responsables, no podemos negar que sus instituciones sean republicanas. Tampoco se puede menos que reconocer que la libertad individual está garantizada por las leyes. Pero entre la teoría y la práctica hay un divorcio tan grande, que la promesa se reduce a un ideal que todos desean; y cuya realización se alcanza solo imperfectamente”.

“Varias son las causas que producen este resultado; pero entre ellas hay dos que tienen influencia decisiva, y que pueden formularse así: la tendencia de los gobernantes a ensanchar su poder y la apatía de los gobernados; o, como se dice en Chile, la lentitud del carácter chileno para decidirse a obrar. La combinación de estas dos causas da todos los días resultados que favorecen el despotismo y matan la libertad”.

“Se practicaron a fines de 1881 y principios de 1882, elecciones populares de senadores, diputados y municipalidades. Me encontraba entonces prisionero en Quillota; y tuve ocasión de ver que aun cuando había candidatos apoyados por el Gobierno y otros que sostenían la oposición, que según se me dijo, contaban con la voluntad de la mayoría de los electores, la elección favoreció a los candidatos oficiales; y no hubo esa lucha o siquiera esa agitación que es natural, y que existe donde quiera que hay elecciones populares”.

“La explicación de este hecho se me dio por algunos vecinos. La autoridad política, me dijeron, tiene como deber principal el triunfo del Gobierno en las elecciones. Si lo consigue, permanece en su puesto; y si es lo contrario, se le reemplaza inmediatamente”.

“No fue Quillota el único lugar en que la autoridad coactó la libertad eleccionaria. En Santiago, según los diarios de esa capital, el Intendente no solo intervino en las elecciones, sino que falseó el voto popular, pues habiendo sido elegidos candidatos que no eran adictos al Gobierno, al hacer el escrutinio resultaron electos los que designó la autoridad”.
Notas:
Memorias del Cautiverio. Francisco García Calderón. Librería Internacional Lima. 1949. Págs. 139-140.

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