viernes, 14 de septiembre de 2012

El túnel del tiempo.


Comandante del blindado chileno Almirante Cochrane no quiso cumplir orden del Jefe de Escuadra.

En julio de 1879 estando en Antofagasta, el Capitán de Navío Enrique Simpson Baeza comandante del blindado chileno Almirante Cochrane recibió la orden de salir en persecución de las naves peruanas que habían sido observadas a la altura de Caldera, Sur de Antofagasta.

El comandante Simpson no pudo cumplir la comisión. No se puede establecer las razones, se especula que bien pudo ser por temor a encontrarse con el Almirante Grau, quien al mando del Monitor Huáscar patrullaba esas aguas, y no tuvo mejor  pretexto que justificar su actitud, informando que el carbón de su nave se acabó faltando 40 millas para llegar a su destino. El Ministerio de Marina chileno reprendió al comandante de la Escuadra chilena y pidió explicaciones por el incumplimiento de esta orden.

El comandante de la nave Enrique Simpson informó a su comando que tres calderos fallaron en su funcionamiento, disminuyendo la marcha de la nave, además, se había consumido demasiado  carbón debido a que los calderos estaban sucios y el carbón que se encontraba al fondo de sus depósitos  estaba reducido a polvo, por lo tanto inservible, por lo que tuvo que pedir al transporte  Itata la remolcara.

La respuesta del  Ministro de Guerra y Marina chileno general Belisario Urrutia, no se hizo esperar, en carta dirigida al Comandante de la Escuadra chilena  Juan Williams Rebolledo,  expresó su malestar con graves adjetivos que mostraron la indignación en Santiago, “Las explicaciones mencionadas, no son, a juicio de este Ministerio, suficientemente satisfactorias, pues todas las circunstancias adversas que contribuyeron al viaje desgraciado del Cochrane debían ser, más o menos, conocidas del comandante y tomadas en cuenta antes de emprender la nueva comisión que se le confirió en Antofagasta. El hecho de que el carbón que se hallaba al fondo de las carboneras se hubiera reducido a polvo, no es enteramente previsto; y si el ingeniero 1°, no dio sobre el particular un informe bastante exacto, ello  no excusa de responsabilidad al comandante, que debe estar al corriente de los pormenores de su nave, sobre todo en tiempo de guerra, y vigilar asiduamente sobre sus subordinados.

Finalmente se permite exhortar al comandante de la escuadra para que los comandantes de nave tengan más celo en su trabajo y responsabilidad, “En esta virtud, encargo a V. S. que excite el celo del comandante del Cochrane, para que en lo sucesivo tome todas aquellas medidas y precauciones propias para asegurar el buen éxito de las comisiones que se le encomienden, y especialmente para alejar la probabilidad de ser acometido por fuerzas enemigas, sin contra con los elementos indispensable de resistencia”.

Sin embargo, como quiera que estas informaciones se publicaron en los diarios chilenos, las explicaciones dadas por el comandante del Cochrane y la reprimenda del Ministerio de Guerra y Marina chileno, no fue óbice para que el Intendente General del ejército y Armada chileno en campaña, llame severamente la atención al Jefe de la Escuadra porque “Como este hecho es en sí inexplicable y de suma gravedad, en circunstancias que ese blindado venía en persecución del enemigo y que en todo momento debía estar preparado y listo para las constantes emergencias de una campaña activa…”.

Como quiera que este hecho considerado gravísimo frente a la disminuida pero valerosa escuadra peruana, el Intendente critica la actuación y responsabilidad al comandante del Cochrane, por no haber tomado sus medidas de prevención, seguridad y control, “¿ Cómo puede explicarse que el comandante del blindado Cochrane pudiera salir en persecución del enemigo sin fijarse siquiera en que no tenía carbón en sus carboneras, haciendo por esta causa no solo estéril su expedición, sino aun peligrosa, desde que no tenía elementos para movilizar su nave”.

Cuando el Cochrane  partió de Antofagasta después de haber permanecido dos días y una noche, tiempo suficiente para todas sus actividades de mantenimiento y abastecimiento de alimentos, agua y principalmente carbón y llenar hasta el tope sus carboneras  dado que en ese puerto existía almacenado mas de 4,500 toneladas de carbón inglés y buques que habían llegado para desembarcar, 2,000 toneladas mas de carbón. Además los transportes Itata y Matías Cousiño destinados al servicio de la escuadra tenían carbón en gran cantidad para abastecer a cualquier nave chilena.

Notas: Ahumada, Pascual. Guerra del Pacífico. T V, págs 18-19. Edición 1888.

No hay comentarios: