miércoles, 21 de noviembre de 2012

La consolidación del odio a Fujimori


Si despertara Víctor Hugo el autor de la obra cumbre de la literatura francesa “Los miserables”, novela de corte romántico y cuyo argumento es “un razonamiento sobre el bien y el mal, sobre la ley, la política, la ética, la justicia y la religión”, con seguridad, encontraría en el escenario nacional actual, nuevos protagonistas para su magistral obra.

El afamado escritor español-peruano Mario Vargas, nuevamente demuestra un odio visceral sobre su antiguo adversario electoral el expresidente Alberto Fujimori. Se puede inferir que no está contento con verlo preso, él desea que Fujimori muera en prisión. Esta posición ha sido aplaudida por los organismos de derechos humanos y toda la caviarada nacional que se aúpa  y admira al nobel.

Mario Vargas, con una gran dosis de inspiración, digna de una novela de venganza y odio apostrofó  “El gobierno no debe ensuciar su gestión sacando a la calle a una persona que tuvo juicios absolutamente respetuosos de la legalidad e impecables. Ha sido condenado por crímenes contra los derechos humanos y por robos cuantiosos de los cuales el Perú no ha podido recuperar sino apenas la mísera cantidad de 180 millones de dólares”. Se saca a la calle a las mascotas y no a las personas.

Un buen manejo del lenguaje y su fraseología. Lindas las “palabras mágicas” y las de “connotación positiva” para valorar el juicio en general. Una sentencia injusta para un sector mayoritario de la población. Infelices las de connotación negativa, por desinformar a la opinión pública internacional y nacional sobre la sentencia. Él sabe que nunca fue sentenciado por derechos humanos.

El escritor, hasta el presente arrastra su derrota de hace 22 años frente a un desconocido, un ciudadano peruano de segunda generación como dijeron del chino. Mantiene en el corazón, la llama viva del resentimiento y odio irracional, contrario a la lucidez de su inspiración, para crear mundos posibles, que le han servido para obtener trofeos internacionales. Alimentando su ego y soberbia hasta la estratosfera. ¿Cuánta lastima inspiran estos seres de espíritu malsano?

Pero, al escritor candidato presidencial hace dos décadas, el pueblo sabio le dijo no y eligió a Fujimori masivamente. Los artífices de esta olímpica derrota, fueron los ciudadanos del Perú, quienes vieron en Vargas un peligro en su programa de gobierno. El pueblo peruano eligió y no se equivocó, decidió por el “chinito” y el país se recuperó de la catástrofe aprista, logró la paz con Ecuador, venció a la subversión y sentó las bases económicas de lo que hoy se está cosechando.

El Dr. Honoris Causa de innumerables universidades extranjeras, ejerce también la medicina, no lo sabíamos hasta hoy. En un rapto de inspiración digna del mejor oncólogo del planeta, ha asegurado con certeza que Fujimori está más sano que él. Con seguridad es así, Alberto Fujimori está completamente sano del corazón y de su espíritu, porque es incapaz de guardar rencor a sus inquisidores, verdugos y carceleros.

El escritor ha dicho no a la entrevista a Fujimori, respaldando a un funcionario de tercer nivel, trasgrediendo  sus derechos constitucionales. Pérez Guadalupe del INPE, tendrá sus razones y con seguridad estaría respondiendo a instrucciones de sus jefes: Rivas y Jiménez.  

Sin embargo, la verdadera razón para no aceptar la entrevista es que,  el pueblo peruano  apreciaría los efectos de la dolencia. Esta percepción sería un búmeran para sus enemigos: políticos, escritores, periodistas, la caviarada, así como una grave responsabilidad de este gobierno que se debate en la duda existencial, de obedecer a su conciencia o a sus consejeros y mentores como el escribidor. Una cachetada en el rostro a los farsantes que se llenan de billetes verdes, con el tema de los derechos humanos.

Aquellos personajes minúsculos, que hoy demuestran su animadversión por el indulto a Fujimori, nos recuerdan, a otros del pasado que anidaron y compartieron juntos los deseos malsanos de  rencores malignos y al enfrentarse en la hora final de sus vidas vacías a la muerte, se vieron como aquellos individuos, que jalan sus ataúdes por calles y plazas buscando la aceptación popular, el reconocimiento público y el perdón de sus pecados para morir en paz.

El escribidor dejó sentada su opinión. Habló el admirado escritor cuya palabra para sus seguidores es un dogma. Habló la conciencia moral del país. Habló el pastor y las ovejas descarriadas, con seguridad seguirán balando de alegría a su alrededor y siguiendo sus consejos. Habló el oráculo de Delfos hecho Perú. Esperemos que el presidente Ollanta Humala,  no se deje amedrentar por la opinión del escritor, aval y mentor del gobierno. 

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