miércoles, 31 de octubre de 2012

El túnel del tiempo. La Situación del Perú en 1882.


El presente Editorial corresponde al Diario Oficial, tercer diario fundado por las fuerzas de ocupación de Lima y que publicaba los documentos oficiales del gobierno chileno. Este diario fue el de más larga duración durante la presencia chilena en el Perú.

Fue fundada por Patricio Lynch y obedeció a la necesidad de tener un medio de publicidad (propaganda), así como para la publicación y promulgación de las disposiciones del Cuartel General chileno, “para dar a conocer el pensamiento y la política del Gobierno de Chile en todo lo concerniente a nuestras relaciones con el enemigo”.

El 27 de Mayo de 1882, decretó que el 31 de ese mes cesara de publicarse el diario La Situación y en su remplazo saliera a la luz El Diario Oficial, en el que a partir de esa fecha, aparecerían todos los decretos y órdenes dictados por las autoridades chilenas.

Este Editorial, corresponde al día 8 de diciembre de 1882 y se titula “EL PORVENIR DEL PERÚ”. Es un extenso análisis de la situación que se vivía en diciembre de 1882, un retrato del escenario y los protagonistas. Involucra a los principales personajes políticos del país, sus acciones, decisiones y omisiones, a quienes retrata desde una perspectiva  crítica.

I.

“A consecuencia del cablegrama del señor don Nicolás de Piérola, se ha suscitado agitación en los círculos políticos”.

“El 7 del presente se verificó una reunión del partido pierolista, a la que se llegó a dar el carácter de asamblea, y dada la contramarcha de su jefe, la conmoción fue intensa. El resultado fue designar un sucesor que debiera ser exhibido inmediatamente”.

“Se propuso en primer lugar al señor doctor don Antonio Arenas, que presidia esa asamblea. Rechazó”.
“”El segundo propuesto fue el señor don Aurelio García y García, que también rechazó”.

“Entonces se designó el señor doctor don Juan Antonio Ribeyro, que dio sus excusas perentorias”.

“En tal orfandad, resolvió la asamblea que se aceptara al General Iglesias, y se disolvió, quedando convocada para cambiar los comités y secretarías del caudillo de ayer en secretarias y comités de hoy”.

“”Con ese motivo nos han brindado una oportunidad para emitir un juicio concienzudo sobre la situación”.

II.

“En la ansiedad general y en medio del fervor de los traficantes políticos, se van descubriendo vislumbres de porvenir. Pero esa fórmula del futuro tiene por  factor necesario la liquidación del pasado, que es lo que no comprenden ellos”.

“¡Los dioses se van! Era la despedida en las agonías del paganismo. ¡Los podridos a un lado! Es el aparte de los hombres que nos han arruinado. ¡Paso a lo sano! Es la fórmula salvadora en este cataclismo”.

“Y así debía ser, porque esa acción providencial que señala Bossuet, como la matriz del género, no puede haber fallado solo para el Perú. Ni se podía tampoco salvar una sociedad por medio de los mismos criminales que socavaron el hondo abismo para donde somos víctimas de la asfixia y de la muerte”.

“Por eso, hombres del pasado, García Calderón, Piérola, Arenas, La Cotera, Químper, ¡a un lado! Y los secuaces de estos, Montero, Cáceres, y para no enumerar más, todos los que después de Miraflores, habéis sorteado la túnica ensangrentada de la patria, ¡ah!, vosotros los sicarios de los partidos personales, preparaos (…)

III.

“Olvidemos los yerros del señor Piérola cuando fue protector de la raza indígena. Pasemos por alto todas las páginas de dolor y de vergüenza; lleguemos a Miraflores.  ¿Por qué no se capituló al día siguiente? Porque el hombre de las promesas magníficas y de las obras mezquinas tenía miedo a los desengaños, a los burlados, y fugó maquinalmente”.

“Había sacrificado al ejército de Tacna en aras de su egoísmo, y había insultado a la nación llamando de edecán al instrumento que empleó: ¡Leiva! Que aun se pasea, como si ya no hubiese sanción moral, solo porque la legal no ha llegado aun”.

“En ese lance, voltear ojos es el recurso de los desesperados, de los locos”.

“Llegó a serenarse, todavía en Jauja, a los 40 días en que se acordó que podían renovarse las medicinas de los neutrales. Como Chile ya no le creyó digno de estar al frente de una capitulación de paz, entonces volvió a soñar en la guerra”.

“Fue hasta Bolivia a concertar un jaque-mate. Cuando Chile separó a García Calderón por su deslealtad, Piérola volvió a buscar tratados, olvidando el mate convenido en Bolivia”.

“Oído esta vez, debía arribarse a discutir las bases en Matucana, cuando Cáceres, por, traicionar a Piérola, dio la última mano a la destrucción del Perú. Solo entonces recuperó el juicio don Nicolás de Piérola. Comprendió que habiendo subido a la dictadura con la ostentación de llevar consigo la victoria, y habiendo dado solo tristes derrotas, no podía ser ni más Jefe de la nación ni de un círculo político”.

“Por eso únicamente unos especuladores de incas hicieron uso de su nombre para la alza de ese papel ilegítimo. Su cablegrama, al no atreverse a pasar al Pacífico, significa el último quejido del moribundo; o para quienes tenga risueña la imaginación, es un caso del cuento de las uvas verdes”.

“Queda confirmado que el señor don Nicolás de Piérola, cadáver político desde Miraflores, está ya en disolución. No se inculpe a la fotografía; en los defectos que hemos señalado, es la imagen la que se muestra así”.

IV
“Veamos la del doctor don Francisco García Calderón. Tuvo una feliz inspiración en ser Gobierno para salvar el país entendiéndose con el vencedor. Pero no conoció su época ni lo que significaba esa elevada misión. Se atribuló con los primeros gritos del vulgo por la destemplanza e improperios de traición achilenada, y no pensó más que salir del mal paso”.

“No tuvo ardimiento para ametrallar la canalla, como lo hizo el Gobierno de Thiers, hasta imponerle silencio. Por no tener valor para esto, buscó la deslealtad hasta dar con el protectorado yankee”.

“Mucha inteligencia tiene el señor García Calderón: es una notabilidad puesta a disertar un alegato ante el tribunal. Lastima que pierda el hilo de su narración al primer tosido del litigante contrario”.

“Por tanto era imposible que en la escena política tuviera valor ni carácter para arrostrar la tempestad. No podía ser piloto quien al primer vaivén buscaba azorado por donde desembarcar”.

“Puesto que ya está en Chile, persuádase el señor García Calderón de que fuera de la cátedra o el foro, en horas bonancibles, no tiene alma para las luchas públicas”.

“Siéyes era una lumbrera, pero se apagaban sus fulgores ante un gesto de Bonaparte. Solo grandes caracteres salvan a los pueblos. Los sabios sirven únicamente para los discursos académicos”.

V

“Otro tanto decimos del señor doctor Antonio Arenas, de mucho renombre. Diputado ministerial en 1858, no podía ser un Demóstenes. El que entonces descolló como tribuno, Casós lo tenía siempre mudo”.

“El Mariscal Castilla distinguía al señor Arenas por su modestia que rayaba en la humildad para las iras del Presidente. En 1869 aparece de oráculo de Balta. Le hizo prohijar la candidatura oficial de Echenique, después de una proclama de abstención eleccionaria”.

“Echenique, a pesar de que era de menos  talento que Arenas, renunció, pero endosando a este la candidatura. Salió a luz en 1870 el curioso documento  por el cual Echenique presentaba su llamado alter ego en la persona del señor Arenas. El alter ego perdió capítulo”.

“Entonces hizo sentir a Balta un golpe de estado que se preparó comprometiendo a los Gutiérrez. Cuando estos se vieron burlados, resulta que encontró Balta una muerte cruel. Y como los Gutiérrez solo sustituyeron persona en la ejecución del golpe de Estado de que se acobardó Balta, también fueron a parar a  la picota, por ejecutores de una gran idea del consejero de Estado. Tal es el descanso adonde sabe conducir este afamado Mentor”.

“Prado, el infeliz Prado, lo tomó de consejero, primer áulico, al organizar su gabinete de 1876, aparece el señor Arenas de Presidente del Consejo de Ministros y Ministro de Gobierno. Duró en el poder 18 días. En una ligera escaramuza de silbidos presentó su dimisión. Dirigió las elecciones de 1877, en que el partido nacional combatía con el civilismo. Prado perdió, naturalmente esas elecciones”.

“Tenía que conceder a sus enemigos, a Rosas y Riva Agüero, lo que el señor Arenas indicaba en contrario. No obstante, ese mismo señor Arenas, con una docilidad admirable, cambiaba los originales del mensaje de Prado al Congreso de 1878. Hacia, por fin, la apoteosis de sus enemigos políticos”.

“En los consejos, después de la declaratoria de guerra, naturalmente tomó parte. Ya hemos visto el resultado. Prado se fugó: otro fruto de su dirección”.

“Sube Piérola: es don Antonio el primer pontífice del nuevo culto. Mal sacerdote, mal aurúspice de Balta y Prado, no podía serlo bueno para Piérola, y todo esto con la mejor buena fe”.

“Hubo un momento supremo en que el doctor Arenas iba a mostrarse en toda su importancia: en las conferencias de Arica sobre la paz. El desengaño fue horrible”.

“Su discurso fue el de un dominé de birrete, que fuera de la lección estudiada no dice mas. Hay una singularidad en las luchas políticas del señor don Antonio: que su rival político es su hijo el señor don Alejandro Arenas. Este es cabeza del directorio civilista, y aquel buen señor es cabeza del directorio pierolista”. 

"Al presente se halla don Alejandro en Arequipa con las huestes libertadoras, y el señor don Antonio hablando por el cable con Piérola acerca del traje con que este entraría a su lindo palacio de París. Con esta última lección debe convencerse el muy respetable don Antonio Arenas de que no tiene acierto en la política”.

“Redúzcase a su casa; cuide de que los nietos se afirmen en la ortodoxia del Ripalda, porque ya volverá don Alejandro a lanzar a los chicos a que sean libres pensadores”.

VI

“En los primeros días de la guerra, el General La Cotera fue nombrado Comandante General de la División de Vanguardia. En el Sur, fue el primero que introdujo la indisciplina, la desmoralización y el mal ejemplo”.

“Es el primer responsable de nuestros desaciertos por falta de disciplina. Se ocupó de desafíos, tuvo mil camorras y abandonó el teatro de la guerra. Siendo Presidente del Consejo y Ministro de Guerra en la enfermedad del señor General La Puerta, no tuvo tino para debelar un pronunciamiento que dio origen a la dictadura de Piérola”. 

“Con todo un ejercito, se hizo tomar el terreno por un par de batallones de Guardia Nacional. Pertenece a la serie de Cáceres.  Hay que decirle: por aquí, y de este modo. Es una cosa singular que recién haya conocido el destino con que vino al mundo: bailar con los araucanos”. 

“Ojalá el Perú cuente más tarde sus muchas proezas por Villa- Rica. Ocupará lugar en las crónicas cervantinas”.

VII

“El doctor Químper fue el alma del Gobierno de La Puerta; se hundió desde este día en que Químper, por enfermedad, dejó de concurrir a palacio. Tiene una enorme culpa. Ahora 13 meses, cuando se hallaban próximas las conferencias de Matucana sobre la paz, dirigió Químper la traición venal de Cáceres que dio giro a esos arreglos. No lo fue por un motivo de bien público, de buena fe o equivocación”.

“Solo para rescatar la mina de Sircay, mediante autoridades de su casa, fascinó a aquel intonso, y Químper rescató el mineral codiciado, haciéndose nueva escritura. Hoy está consolidado en esa riqueza. Pero mañana la nación confiscará esa mina, causa única de una espantosa ruina y de todos los males que han sobrevenido desde noviembre de 1881, con su horrenda perspectiva. El doctor Químper, que por su avaricia sacrificó a su patria, debe ser sometido a la pena del Talión”.

VIII

“Los secuaces de estos personajes, que han venido parodiando guerra y feriando con los cupos y contribuciones, no merecen el honor de que los retratemos”.

“Baste anunciar que por las fingidas esperanzas de estos, han adelantado las consecuencias de este estado anómalo, dando lugar a las pretensiones de Bolivia”.

“Por cualquier punto debemos buscaros paso al Pacífico, para no quedar prisioneros, aislados del mundo civilizado. Esta propaganda que difunden con calor la prensa y círculos bolivianos, por cierto no lo han de hacer por ilusiones, ni sobre Antofagasta, ni sobre Arica. Si ahora un año hubiese habido paz, no habríamos perdido sino Tarapacá”:

“Pero Montero y Cáceres, por vivir a costa ajena, propalaban que no se debía ceder ni una pulgada de territorio, y el tiempo, con la fuerza misteriosa que sabe dar a toda posesión, ha venido a hacer imposible proponer siquiera la devolución de Arica y Tacna”.

“Por cada día que pase aumentarán las postulaciones de Bolivia ante Chile para que le de salida al Pacífico. Que atajen, pues, esa corriente impetuosa los merodeadores de Junín y Arequipa. Que se preparen esas huestes libertadoras a dar grandes batallas a los bolivianos. Estas consecuencias predicábamos los hombres de previsión”.

“Nos contestaban con el insulto y el martirio”.

“Hoy solo puede evitarse la consumación de estos males inconmensurables, procediendo con energía a romper con el pasado y lanzarse a una paz inmediata, sin más condiciones que la desocupación”.

“¡Pueblo del Perú! Sacudid vuestro marasmo y ved que la salvación está en dejar la actitud quijotesca de ser beligerante nómina. Lleguemos a la paz con Chile por medio de hombres nuevos, con esos elementos sanos que siempre han dado al mundo las grandes transformaciones”.

“De otro modo, no habría regeneración posible, única magia para hacer brotar los manantiales de la nueva vida. ¡Paso al elemento sano! ¡Atrás lo podrido! Si no enarbolamos la bandera de la paz, perderemos zonas inmensas de territorio por cada día que pase, y en cada minuto vendrán realizándose males que la imaginación no los puede medir, pero que son el fruto natural de la ocupación”.

“Si perdemos tiempo, no habrá remedio. No quedará sino esta triste plegaria: ¡Conciudadanos, ya no hay patria!”.

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