domingo, 31 de enero de 2016

La devaluación de la política nacional

El escenario nacional se ha caldeado, se ha calentado, la temperatura del verano por efecto del fenómeno el Niño, está afectando no solo la campaña propia, a los asesores, sino a los candidatos quienes se agreden verbalmente, de manera burlona y con “cachita” utilizando  los medios de comunicación, que están en su garbanzal.
La prensa en su afán de buscar la “pepa de la noticia” que permita vender o elevar el rating de las empresas periodísticas, no escatiman esfuerzo en crear contradicciones entre los candidatos, creando una ambiente de polarización innecesario. Lo que en realidad deberían hacer es que los candidatos expongan sus planes y programas para dar solución a los graves problemas del país: corrupción, economía, seguridad, educación y salud.
Pero no, la rueda sigue girando, pasan los días, las semanas, los meses y pronto estaremos frente a la fecha de las elecciones, con una población desinformada, pese a los esfuerzos de algunas organizaciones, muy pocas por supuesto, que luchan denodadamente, con mucho esfuerzo, para poder informar a la población y esta acuda a las urnas debidamente informada y con la seguridad de votar por el mejor candidato. No por el menos malo.
Esta última semana una serie de denuncias que cuestionan la obtención de grados académicos, con trabajos de investigación (Tesis) cuyo contenido ha sido presuntamente plagiado, copiados de otros documentos y libros que no figuran en la bibliografía de tal manera que los grado obtenidos por maestrías y doctorados quedan en el limbo.
Estos hechos que para los interesados, sus correligionarios, integrantes de su plancha, no son muy importantes, en esta hora de la campaña, la opinión pública no lo considera así. La población se pregunta con mucha preocupación, si un candidato tiene la desvergüenza de mentir en su hoja de vida y declaración jurada, cómo podríamos creer en sus compromisos, sus programas y planes de gobierno.
El candidato Alan García cuestionado por sus profesores de pregrado por no haber aprobado cursos, no tener el grado de doctor que tanto le gusta ostentar sin serlo, no sabemos si su maestría es real o bamba, tiene el desparpajo de criticar al candidato de “la raza diferente”, en declaraciones a una emisora radial indicó "Obviamente la consecuencia es dramática, en España en la Cadena Ser o en el País se ha publicado eso, entonces nos deja un poco en vergüenza a todos".  Qué les parece.
Por su parte, el líder de Alianza Popular Alan García fue cuestionado en julio de 2015 por no tener el grado de doctor, según el diario Uno, “En la página web de la Universidad Complutense no figura ningún trabajo de tesis que haya sido presentado por el expresidente Alan García; y en la Universidad La Sorbona, el líder aprista dice en su hoja de vida presentada al JNE que ha concluido un curso de doctorado en sociología, pero no consigna certificación doctoral que lo demuestre. Es decir, en ninguna de esas universidades ha demostrado documentariamente que tiene el grado de doctor”.
Es cierto que para ser candidato a la presidencia no se requiere tener grados y títulos académicos; sin embargo, para ejercer la dirección de instituciones de post grado como el Instituto de Gobernabilidad, sí debe tener el grado académico de Doctor, requisito que Alan García no cumple.
“¿Se recibió Alan García de abogado? En ese tiempo era obligatoria la tesis de bachillerato. ¿La hizo y la sustentó? El legajo personal de Alan García en los archivos de la Universidad de San Marcos desapareció en 1985, poco después de haber sido elegido Presidente de la República”, aseguró Rendón Vásquez.
Según el semanario ‘Hildebrandt en sus Trece’ César Acuña habría desaprobado por unanimidad la sustentación de su tesis el 5 de junio de 1995, al día siguiente Acuña solicitó  declare nula la audiencia y pidió una nueva oportunidad con otro jurado. Su trabajo fue calificado como deficiente e “hilarante”.
Luis Moncada Albitres, asesor de tesis y presidente del jurado opinó que la tesis tenía “graves deficiencias” y se mostró en contra de otorgarle el título de ingeniero al actual candidato a la presidencia por el Partido Alianza para el Progreso, 12 días después, el 6 de setiembre de 1995, el decano Mario Alva Astudillo concedió el título a César Acuña. ¿Cómo lo hizo, cuál es el secreto?
Por otra parte, fiel a su estilo, con un don de ubicuidad y oportunidad que ya no nos sorprende por el momento político, Alejandro Toledo candidato de Perú Posible,  emplazó a sus contendores, “Que el expresidente Alan García y Pedro Pablo Kuczynski muestren sus doctorados y que la candidata Keiko Fujimori, que ha estudiado en la Universidad de Boston, muestre si ya tiene el diploma de terminada su tesis”.
Toledo está acostumbrado a mentir, es una conducta compulsiva, todos son testigos de las innumerables versiones en el caso Ecoteva y más atrás al no querer reconocer a su hija Zaraí Toledo cuando asegura que “Yo sí tengo un doctorado real, un bachillerato en economía y administración de negocio, dos maestrías una en economía pura, un doctorado en recursos humanos en la escuela de educación en la Universidad de Stanford, las mías son verdaderas”.

Estos cuestionamientos  respecto de los grados académicos de algunos candidatos, fue la nota que rebasó el vaso de la tolerancia, la credibilidad, la verdad y honradez con la que se deben conducir los políticos, el ejemplo que deberían ser para la población. Los electores sintieron vergüenza ajena, se sintió defraudada, no entienden cómo personas que se dicen tener un grado académico, finalmente no lo tienen por no haber cumplido con los requisitos.

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