lunes, 2 de agosto de 2010

Respecto a la homologación de gastos militares.

Mientras en Perú se sigue hablando de homologar gastos militares como una política de este gobierno y no como una política de Estado, Chile solo acepta homologar las informaciones, más no los gastos militares. Este país sí tiene una política de Estado con respecto a su Defensa Nacional y el rol importante que cumplen sus FFAA. En virtud a ello es que siguen adquiriendo más armamento y los estragos del terremoto han pasado a segundo plano.

Consecuente con esa política de Estado, Chile ha iniciado una ofensiva diplomática y militar con Ecuador y Bolivia. No quieren perder al Ecuador que consideran el único apoyo en su posición debilitada ante la Corte Internacional de la Haya y por otro lado siguen meciendo al presidente Evo Morales con la salida al mar. Hasta cuándo Evo.

Las visitas de los jefes de la Marina chilena, la Aviación y pronto la del presidente Sebastián Piñera y del Comandante en Jefe del ECH a Ecuador, no hacen sino demostrarnos que esta ofensiva diplomática y militar, busca debilitar los lazos indisolubles que se han forjado entre Perú y Ecuador, a la luz de una política exterior beneficiosa para ambos estados. Podrá resistir el vendaval chileno.

Por otro lado, percibiendo el eficiente y eficaz trabajo diplomático que viene realizando nuestro embajador Manuel Cuadros en la Paz, Chile ha observado que afecta sus intereses geoestratégicos y ha intensificado sus actividades, para proponer a Bolivia un nuevo abrazo de “Charaña”. Siempre y cuando la salida al mar no sea por territorio que antes fue del Perú, porque entonces se estaría violando el tratado de Lima de 1929. Y los chilenos son respetuosos de los tratados, lo sostienen en todos los foros internacionales.

Como podemos apreciar nuevamente, se vienen repitiendo los errores políticos previos a la guerra de 1879. En 1873 el presidente Manuel Pardo decía “Para qué comprar armas, si tengo a dos destructores, refiriéndose a Bolivia y Argentina”. Con seguridad habrá quienes creen todavía en la buena vecindad de Chile y Bolivia.

Tengamos en cuenta que el tema de la homologación y medidas de confianza mutua, se viene planteando todos los años desde la década de los ochenta del siglo pasado y siempre los del sur han impuesto la agenda, seguirá esto así, el gobierno tiene la palabra.

El 28 de julio de 1985 el presidente Alan García en su mensaje a la nación peruana, hizo un llamado para un acuerdo regional, expresando: “Por creer que la nación, su historia y su bandera tienen su asiento corporal en el pueblo, en su mayoría necesitada y urgida, creemos que mejor destino tendrán nuestros escasos recursos en la reactivación de nuestra economía y en el bienestar de nuestros pueblos, garantizando así la defensa integral de nuestra población y nuestro territorio por nuestro bienestar. Por eso como otros gobernantes lo han hecho, invoco a la necesidad de un acuerdo regional para la reducción de los gastos de armas y para el congelamiento de sus adquisiciones”

A la transferencia democrática del año 1985, primer gobierno de Alan García, asistieron los Jefes de Estado de Argentina, Bolivia, Colombia, Panamá, república Dominicana, y Uruguay. También asistieron a esta fiesta democrática, los representantes especiales de Brasil, Chile, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, México, Nicaragua, Paraguay y Venezuela, quienes firmaron la Declaración de Lima.

Uno de los acápites de esta importante Declaración dice: “Consideran positiva y conveniente la reducción equilibrada de gastos militares y la asignación de mayores recursos para el desarrollo socio-económico de sus países y acuerdan promover la adopción de medidas adicionales de fomento de la confianza en la región y particularmente entre países vecinos”; verbigracia, Perú y Chile.

A fines de mayo del año 1986 se realizó en Lima el Seminario Nacional denominado “Limitaciones de Gastos en armamentos y Medidas de Confianza en América del Sur”, en el que participaron expertos connacionales, quienes colaboraron en la búsqueda de nuevas alternativas al creciente armamentismo de los países.

El tema de las medidas de confianza mutua (MCM) ha sido de importancia en las Relaciones Internacionales(RR.II), a partir de la suscripción del Acta Final de Helsinki, en 1975, en el marco de la Conferencia sobre Seguridad y Cooperación en Europa (CSCE). Por ello se entiende que, “Las MCM son los mecanismos que tienen por objeto disipar la desconfianza y el temor cuando están presentes en la relación de los estados, son ellos mismos los que van a ejecutarlos, no deben y no pueden ser impuestas por cuanto dejarían de ser de confianza”.

Al respecto, John Borawski distingue tres categorías de MCM, para entender su naturaleza, propósitos y alcances: “1° Medidas de intercambio de información, para aumentar el conocimiento mutuo y entendimiento sobre actividades militares, y asegurar que existe una correspondencia entre lo que se dice y lo que se hace; 2° Medidas de observación e inspección, cuyo propósito es permitir una evaluación independiente del carácter de las actividades militares y aliviar o confirmar las sospechas y 3° Medidas de restricción de las actividades militares, siendo la finalidad de éstas impedir el empleo o despliegue de fuerzas militares potencialmente amenazantes”.

De acuerdo a las declaraciones del Ingeniero Rafael Rey Rey Ministro de Defensa, a un medio local, “no se homologarán gastos pero si informaciones”. Entendible la posición del Perú, porque es imposible que homologuemos los gastos con Chile, la ventaja es demasiada grande a favor del sur. Sin embargo no podemos dejar de llamar la atención, porque nuestro vecino del Sur continuará su larga y frenética carrera armamentista, a vista, paciencia y con la venia de los EEUU.

Hoy como en la década de los ochenta del siglo pasado, las medidas de confianza con Chile se basarán en una gran desconfianza, parece contradictorio, pero así lo vemos. De un tiempo a esta parte nuevamente los países latinoamericanos están inmersos en sacar de la tumba faraónica, el tema de homologación de gastos militares y las medidas de confianza mutua. Para qué, si los países a excepción del Perú, continuarán la adquisición de armamento.

Chile por un lado sigue comprando nuevas y modernas armas y por otro lado quieren participar en la homologación de informaciones con Perú, claro, si ya tienen todo cubierto hasta en demasía, entonces llegó el momento de aplicar la mecedora con Bolivia y de conversar con Perú, mientras tanto mueven sus fichas con el Ecuador.

Lanzamos algunas interrogantes ¿Hasta dónde alcanzará el compromiso asumido por el presidente Correa con Alan García? ¿Qué ofrecerá Chile a Ecuador para que cambie su posición frente al pedido de la Corte Internacional de la Haya? Lo más importante ¿Qué está haciendo Torre Tagle para contrarrestar esta campaña chilena en el Ecuador? Sobre nuestras FFAA desarmadas, mejor no preguntamos nada.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Todo gobierno debe asumir estrategias, si no lo hace, no es un gobierno. Chile debe mover fichas para evitar cualquier sorpresa, aunque eso pase por convencer a Ecuador o Bolivia. Pero hay algo que llama mucho la atención respecto al pueblo peruano, su inevitable fantasma a la invasión y con ello juega la prensa peruana y el Gobierno peruano, cuando desea desviar la atención, en todo caso, lo hacen todos los países. Chile es un país de Paz, que estamos más y mejor armados, es innegable, pero no es un pueblo que ataque y que sea prepotente. La única guerra que hemos tenido fue motivada, fue manejada e influída, guerra al fin y al cabo pero que trajo profundos cambios a los 3 países que participaron.
Pero en los tiempos actuales, en que todo el mundo te mira en cuanto levantas una simple pistola y en donde los contratos y tratados económicos te aprietan el cuello para que los cumplas, Chile no necesita un guerra para justificar nada, tal como lo demostró nuestro gobierno el año '78 luchando diplomáticamente hasta las últimas gestiones para evitar una guerra con Argentina y de la que no nos íbamos a quedar de manos cruzadas considerando nuestra inferioridad. Por ello, esperemos que la Corte resuelva y le aseguro que será en favor de Chile, porque entenderán que siempre hemos respetado los tratados. Es mi humilde opinión. Saludos afables.