lunes, 12 de diciembre de 2011

Toledo y su incalculable sed de poder...

Con seguridad, quienes calificaban al presidente Ollanta Humala, como un mandatario dubitativo, carente de determinación para hacer frente a los conflictos sociales, o que mostraba debilidad por priorizar el diálogo civilizado antes que la confrontación, se estarán dando contra la pared. Deben estar con los ojos cansados de tanto llorar.

El presidente Ollanta Humala ha tenido en cuenta las recomendaciones de sus asesores y además ha considerado que “la estrategia debe prevalecer sobre el programa. El programa establece una secuencia de acciones que deben ser ejecutadas sin variación en un entorno estable; pero desde que haya modificación de las condiciones exteriores el programa se bloquea”. Había que darle un nuevo empuje al gobierno con nueva sangre.

Sus adversarios hubieran querido otro Arequipazo, Juliacazo o Baguazo. Con muchos muertos, heridos, destrucción de la propiedad pública y privada, y una confrontación violenta con el pueblo. Eso, hubiera dado en la yema del gusto a los extremistas asolapados y muchas “pepas”, lo que hubiera causado una campaña mediática de incalculables proporciones contra el gobierno.

No ha sido así felizmente, gracias a la frialdad con que se ha analizado el escenario y sus causas. La sorpresa mayúscula para sus detractores ha sido la recomposición inmediata de su Consejo de Ministros y el hecho que no participarán integrantes de la Chakana o sus aliados.

El líder de Perú Posible quedó con el ojo amoratado con el portazo que le dio Humala. Lo merecía hace mucho tiempo. Alejandro Toledo perdió “soga y cabra”, es decir los dos cargos ministeriales que tenía, por bocón, criticón y pedir más de lo que realmente le corresponde, o sea nada. Ha sido una sorpresa grata la reacción de los nuevos convocados, lo expresaron en el juramento.

Lo más importante, no se trata de una militarización del gobierno como especulan y lo harán varios días más sus detractores, utilizando los medios afines a sus intereses. Si la presencia de un militar en retiro significa militarización; entonces, cómo queda el gabinete Lerner que tenía dos militares en retiro, Mora y Valdés.

Nuevamente Ollanta Humala demuestra una frialdad acorde con el caldeado escenario, pragmatismo e impredecibilidad en sus decisiones. Esa característica de su personalidad, aún desconocida para propios y extraños, los ha dejado en ascuas y no les ha permitido a los medios de comunicación, imponerle la agenda.

Aunque le duela a sus adversarios políticos, deben aceptar que el presidente lleva la batuta y dirige con maestría a su staff, pese a las innumerables críticas especialmente de quien se cree el adalid de la democracia. Cuándo se callará, la opinión pública está cansada de escuchar la misma letanía.

Eso nos recuerda el rol que cumplen los quintacolumnistas o los modernos caballos de Troya en la política. Para hacer un símil, o un paralelo, tengamos en cuenta que en la informática, los troyanos se concibieron como una herramienta para causar el mayor daño posible en el equipo infectado. Son introducidos de manera subrepticia, escondidos en programas o correos electrónicos.

Así actúan algunos políticos o asesores, que aprovechan la confianza y buena fe de quienes los convocan, para hacer rodar su propia noria, sacan a flote sus ambiciones personales y cuando son despedidos por la puerta falsa, echan toneladas de detritus con ventilador en conferencias convocadas y abandonan un proyecto nacional porque les faltó solidaridad, desprendimiento y sacrificio.

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