miércoles, 9 de marzo de 2011

¿Así se fabrica un presidente?

Como es de conocimiento general, con la puesta en funciones de los Gobiernos Regionales, a partir del año 2003, se inició la Reforma Descentralista. La actual división política del Perú considera 24 Regiones y una Región autónoma. En la práctica es la misma antigua demarcación, que consideraba 24 departamentos y la Provincia Constitucional del Callao.

La nueva demarcación es fruto del sesudo Plan de gobierno e hijo de Alejandro Toledo fruto de su primera estadía en Palacio de Gobierno. Debía cumplir con la promesa de descentralización del país y no tuvo mejor decisión que utilizar la demarcación ya existente.

El tiempo ha dado la razón a sus detractores quienes criticaron esta nueva organización, porque “era la misma chola, con diferente pollera”. Hoy se explican una serie de problemas, especialmente la carencia de proyectos de envergadura, que permitan el desarrollo de estas regiones. Carecen de suficientes tecnócratas que generen proyectos.

Somos testigos también, que los candidatos a la presidencia de la República, son en total 11, entre Alianzas, Agrupaciones, partidos y movimientos que van tras el premio mayor. Todos compiten por el sillón de Pizarro y para ello utilizan todas las armas, lícitas, vedadas y confrontacionales, de las que saldrán al final, heridos, magullados y olvidados. El rol de los medios de comunicación es muy importante y decisivo.

Hay actualmente una guerra sucia, nadie duda al respecto, los trapos sucios ya no se lavan dentro, sino a vista y paciencia de la opinión pública nacional. Ahora se utiliza un ventilador industrial, más perecido a una turbina de avión, para tirar los excrementos a diestra y siniestra. Las encuestadoras hacen su propio juego.

Mientras la alcaldesa de Lima sigue deshojando margaritas y no hace nada hasta le fecha por la capital, la ciudadanía observa impávida e impotente, asqueada y saturada, por tanta propaganda electoral, ¿de dónde sale tanto dinero? Todas estas maniobras no son con la intención de exponer sus propuestas y que los ciudadanos estén informados, sino para ponerse zancadillas, cabes, denuncias y utilizar el escenario actual como un campo minado.

Los equipos de asesores de manera general tienen un diagnostico real y objetivo de la situación del país, producto del trabajo sesudo de sus tecnócratas, que desde un cómodo sillón y una oficina con aire acondicionado en la capital, han preparado y traducido en su plan de gobierno. Con ese plan bajo el brazo, por primera vez y con seguridad por última, visitan los lugares más apartados del país.

Algunos candidatos tienen propuestas concretas y serias, que aseguran nos sacarán del subdesarrollo en un abrir y cerrar de ojos. Con promesas que a la vuelta de la esquina olvidarán. Porque allí donde el hambre muerde el estomago, las enfermedades son endémicas y la pobreza espanta al miedo, no quieren promesas, quieren realidades. No quieren palabras sino obras.

Por ello, en cada pueblo joven, Asentamiento Humano, en cada poblado alejado, donde la sed y el hambre son sinónimo de vida o muerte, en cada carretera afirmada llena de tierra y herrumbre, son recibidos con indiferencia y desconfianza, pifias y huevos podridos. Es que, ya son casi doscientos años de promesas incumplidas y oídos sordos a sus necesidades más apremiantes.

En su afán por ganar votos, los aspirantes siguen caminando los viejos y gastados caminos del Perú, visitan colegios derruidos sin techos ni carpetas, con un solo maestro para todo los grados, postas médicas sin medicinas ni médicos. Su misión, convencer a los modestos ciudadanos de estos desiertos, alturas y llanos, que ellos tienen la fórmula para transformar al Perú. Llevarlo camino al primer mundo.

Entre las promesas más peculiares y sacadas de un sombrero de mago, están los aumentos de sueldos. Los candidatos nos exponen que tienen la fórmula mágica para elevar y hasta duplicar sueldos a maestros, respetar la cédula viva y aumentar a policías, militares, y enfermeras. Reestructurar el Estado o, reformarlo, elevar la presión tributaria, mejorar la Educación, la Seguridad y la Salud.

Cosa curiosa y llama poderosamente la atención, especialmente de soldados y policías que sirven en esta zona, donde Sendero Luminoso y el traficantes de droga han formado un tandem . Un solo candidato visitó el VRAE estuvo cerca de la zona caliente, bien sabe que allí las papas queman y la vida no vale nada. Otro candidato se niega pasar el examen antidonping. Qué esperará

¿Qué cosa? ¿Dónde escuchamos esos ofrecimientos? Son las mismas promesas de la campaña del año 2006. Parece un disco rayado. ¿No es esto una burla a las expectativas del pueblo?

Mientras tanto, las avenidas, calles y jirones de la capital, los postes del zanjón, tienen que observar, resistir y aguantar, cual convidados de piedra, un huayco de propaganda de todo tipo, valor y tamaño. Qué contienen, pues las promesas más inverosímiles, que insultan la inteligencia de las ciudadanos.

Lo que no dicen es de dónde van a sacar el dinero para realizar todas sus propuestas sin caer en la inflación y afectar el desarrollo. Pura demagogia y populismo. Por eso las promesas electorales son un barril sin fondo, un hueco negro y profundo; no es qué se va a cambiar, sino cómo se va a llevar a cabo esa transformación. De esto, ninguno de los candidatos habla.

La cantidad de postulantes a la presidencia, ha recibido una serie de críticas, porque realmente es la demostración más plausible, de que en nuestro país el nivel político es muy deficiente. Una vez más priman los intereses de grupo, de poder y de los grupos de presión económica, que tienen en sus manos no la agenda nacional, sino su propia agenda.

Asistimos todos los peruanos a una demostración de lo débil que son las instituciones y organizaciones políticas, por su propia irresponsabilidad e indiferencia; por ello no sorprende la desazón y desconfianza en esta clase y se justifica la necesidad de la población en buscar una nueva alternativa, sin tirar por la borda todo lo avanzado hasta la fecha.

En este nuevo reto para elegir un nuevo presidente el pueblo peruano debe pensar con madurez, no deben desperdiciar sus votos, no les deben entregar fácilmente una carta en blanco; el pueblo es un buen bocado para los políticos en esta lid electoral.

Aquél candidato presidencial que plantee en su discurso una solución inmediata a los problemas de Educación, Salud y Seguridad, seguramente tendrá la oportunidad de ganar las elecciones y con seguridad encontrará el camino para el desarrollo y bienestar de los 29 millones de peruanos.

Recordemos que el año 2021 está a la vuelta de la esquina, los dos siglos de Independencia o el bicentenario, debemos recibirlo con los brazos abiertos y celebrarlo con todas las de la ley. Pero también, con la convicción de haber superado la extrema pobreza, disminuido realmente el analfabetismo y logrado el bienestar general y la seguridad integral.

Necesitamos un presidente que asegure estabilidad social, seguridad integral, que luche abiertamente contra la corrupción, el narcoterrorismo, que defienda nuestros recursos naturales, no sea entreguista y sobre todo que se ponga los pantalones y no se los baje, cada vez que hay algún problema social y accede a las demandas de violentistas causando caos y desconcierto en carreteras y poblados del país.

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