jueves, 12 de febrero de 2009

Prisión en Valparaíso, Quillota, Santiago y Rancagua. Vía Crucis de un presidente peruano.

“Podríamos decir que en la resistencia de García Calderón se fundió la resistencia peruana, él sintetizó la resistencia militar de Cáceres y el sentir del Perú”
Margarita Guerra.

Es cierto, que el presidente García Calderón tuvo un breve tiempo para analizar la situación que se vivía en la capital antes de partir a su extradición. Decidir entre tres posibilidades que se le presentaba: el cautiverio, la fuga secreta de Lima, o la aceptación de las condiciones que quería imponer los chilenos. Optó por el cautiverio.

A las cinco de la mañana del 16 de noviembre de 1881, Francisco García Calderón, presidente del Perú, arribó preso a Valparaíso. Después de una larga espera en el buque chileno que lo trasladó del Perú. El oficial del ejército chileno que lo custodió desde Lima, le manifestó que el Intendente, autoridad provincial y representante del gobierno chileno lo recibiría.

El presidente peruano esperó desde las 05:00 horas hasta el mediodía, que el Intendente se apersonara a recibirlo como se había comprometido, sin embargo no se presentó, este sería el inicio de una serie de descortesías con el presidente peruano, durante su confinamiento.

Francisco García Calderón narra este pasaje “Después de muchas horas de esperar y esperar, vino a bordo un oficial de marina, empleado de la capitanía del puerto; y nos dijo que no pudiendo el señor Intendente separarse de su despacho, por atenciones urgentes del servicio, lo enviaba para que nos hiciera desembarcar”.

Pero, no solo eso, sino que en las horas que García Calderón permaneció en el buque, esperando la buena gana del Intendente, una inmensa y compacta multitud se había congregado en el muelle, para expresar su animadversión al presidente peruano. García Calderón era exhibido como un trofeo, ante las malsanas miradas de curiosos y agresivos.

Ante este hecho inusual, que atentaba contra su alta investidura y la dignidad de los confinados, el presidente se preguntó “¿No hubiera sido mejor que el señor Intendente nos hubiera hecho desembarcar a las seis de la mañana, en vez de retenernos a bordo hasta mediodía y nos hubiera evitado la exhibición a que ahora nos sujeta?”. (2)

Al ingresar a las oficinas de la intendencia, la autoridad brillaba por su ausencia, no solo descortesía y soberbia demostraba el Intendente, sino que, el presidente peruano esperó que el Intendente llegara y que tuviera las ganas de recibirlo, “pasó directamente a su bufete, aparentando no haber visto a los que allí estábamos por orden suya (…)”. (3)

uego aparentando regresar de un sueño, clavó su mirada sobre los confinados, los saludó pidiendo permiso para continuar, posteriormente se acercó a los detenidos y les dijo “que habíamos llegado antes del día en que se nos esperaba por cuyo motivo no tenía instrucciones acerca de lo que con nosotros se debía hacer; y que mientras no las recibiera, permaneceríamos en un hotel custodiados”. (4)

Un hecho que pintó de cuerpo entero al Intendente y que era una demostración de las indicaciones, que había recibido del gobierno chileno para humillar a García Calderón, se suscitó cuando el señor Oscar Viel comandante de la marina chilena y viejo amigo del presidente quiso trasladarlos en coche al hotel. “Ardió Troya, no quiso su Señoría que se tuviera esa cortesía conmigo”. (5)

Dos días después de su llegada a Valparaíso, el presidente García Calderón, fue conducido a Quillota, ese lugar había sido elegido por el gobierno chileno, para que cumpliera su confinamiento. García Calderón no recibió ninguna explicación de esta decisión. En Quillota los recibió el Gobernador y les comunicó que tenían por cárcel la ciudad. García Calderón, Manuel M. Gálvez y el comandante Pedro Garezón fueron alojados en el “Hotel del Pacífico”.

Estando en Quillota, los confinados recibieron autorización del gobierno para trasladarse a Santiago. Las primeras impresiones de García Calderón sobre Santiago fueron: “una ciudad de 150,000 habitantes diseminada en una área que podría contener el cuádruplo de esa cifra”, “que la policía dejaba mucho que desear en cuanto a seguridad y aseo”. “Los hospitales por lo común son deficientes y ninguno de ellos puede compararse con el Hospital 2 de Mayo de Lima”. (6)

El presidente García Calderón percibió in situ, que los peruanos nunca habían sido bien recibidos en Santiago, ellos no podían ser la excepción. “Los peruanos entiendo nunca han estado bien en Santiago: por lo menos su residencia no ha sido tan placentera como lo que en todo tiempo han tenido los chilenos en Lima, porque Chile ha tenido desde tiempos remotos rivalidad con el Perú”. Actualmente nuestros connacionales tampoco reciben un trato digno, tienen que enfrentar continuas campañas de xenofobia.

A penas llegó a Santiago la prensa semioficial atacó intensamente a García Calderón y porque se defendió, se intensificaron las privaciones y se extendió a los que lo visitaban por alguna razón. Bastó que la prensa mapochina publicara los telegramas que enviaba EEUU haciendo conocer la designación de una misión especial, para que se desatara una campaña mediática encaminada a desacreditar al presidente García Calderón ante la misión especial.

“el Gobierno de EEUU enviaba a las tres Repúblicas beligerantes una misión especial encomendada al señor Trescott, el cual debía quejarse de mi prisión, como un acto violatorio de pactos preexistentes, pedir mi libertad y mediar para la celebración de la paz sin cesión de territorio. Entonces se me llamó traidor a la América, y se me dieron otros calificativos desdorosos que no quiero mencionar”. (7)

Ante las continuas hostilidades que recibía el presidente García Calderón, por su posición frente a su cautiverio y la firma del tratado sin afectar la integridad territorial del Perú, al cabo de veinte días de permanencia en esta ciudad, el gobierno chileno le dio la orden de regresar a Quillota.

Su permanencia en esta ciudad, le ayudó a reflexionar sobre su situación y sobre la situación grave del Perú. Concluye que “había llegado a persuadirme de que el Gobierno de Chile no tenía la intención de hacer la paz con el Perú y de que mi cautiverio sería largo, mi familia se reunió conmigo. La compañía de mis señora, de mi madre política, de mi cuñado don José Santiago Rey y Basadre, y de los señores Gálvez y Gárezon, hacía llevadera mi situación; y por mi parte nada omití para hacer grata la vida a todos esos seres queridos y abnegados que participaron gustosos de las dificultades de un largo cautiverio.” (8)

En carta escrita durante su cautiverio de fecha 8 de febrero de 1883, dirigida a Iglesias, explica las razones de su aceptación para ser expatriado, “(…) pensé que solo entregándome como víctima al sacrificio y dando de este modo una prueba palpable a los pueblos del Perú, de que mi conducta no tenía por base la ambición de mando sino la defensa de la República, y de que no estaba ligado a los chilenos para traicionar a los peruanos, todos los pueblos se unificarían fácilmente”.(9)

Mientras tanto en Lima el escenario había cambiado, Piérola había regresado a la capital y el 6 de diciembre de 1881se entrevistó primero con Lynch y luego con el diplomático chileno Novoa. El Califa creía que podía lograr un alzamiento de las tropas de Cáceres a su favor y de esta manera negociar una paz más soportable para el Perú. El 25 de enero de 1882 en plena ocupación chilena, propuso la conformación de un partido político denominado Partido Nacional. Traición, ambición de poder.

Sin embargo la propuesta de Piérola no prosperó, más bien recibió un documento contundente firmado por notables de Lima, a favor de García Calderón, en el que destacaban Alejandro Arenas, general La Cotera, Manuel Atanasio Fuentes, Cesáreo Chacaltana, quienes en venganza por este pronunciamiento fueron castigados por autoridades chilenas, dijeron por haber hecho la publicación sin permiso.

El presidente García Calderón no podía dejar de pensar en el Perú, porque sabía las divisiones intestinas entre los caudillos que quedaron. Así, frente a este panorama político era muy difícil que Chile firmara una paz.

Recordaba con tristeza una conferencia, que había tenido en su breve estadía en Santiago con el presidente Domingo Santa María, pudo percibir que para este presidente, “no importaban los vínculos de comunidad de origen, idioma, comercio y otros que ligan al Perú y Bolivia con Chile, y el principio de Uti Possidetis no tenían valor alguno. El Perú está vencido y pobre y debe recibir la ley del vencedor”. (10)

Después de algunos meses de cautiverio en Quillota, el señor Manuel Gálvez obtuvo su libertad. Posteriormente García Calderón viajó a Santiago donde residió seis meses. En enero de 1883, García Calderón se traslada a Valparaíso, el gobierno mapochino ya se había entendido con Miguel Iglesias.

El gobierno chileno declaraba cotidianamente que no le reconocía ninguna autoridad a García Calderón, sin embargo deseaba hacer la paz con él porque lo consideraba segura y duradera. “Como las declaraciones públicas no podían ser desmentidas, se afectaba desdeñarme en público y se me solicitaba en privado, y conociendo la firmeza de mis condiciones, se me hacía variar de domicilio frecuentemente, se me atacaba con la prensa y se me hacía entrever el peligro que corría mi autoridad, para ver si de ese modo cedía a las pretensiones de Chile. Esta es la causa de mi permanencia en Quillota y de otras medidas violentas y vejatorias”. (11)

Las medidas de hostilidad que sufrió García Calderón en Chile estaban propiciadas por el gobierno. Una de las exigencias más graves que le plantearon fue respecto al comandante Pedro Gárezon, su ayudante, debía decidirse entre separarse del presidente o ir preso a Chillán, lugar donde estaban purgando prisión otros peruanos.

El comandante Pedro Gárezon dejó Chile, de inmediato el gobierno chileno ordenó el traslado de García Calderón a Rancagua, una ciudad chica y triste, una de las estaciones que conducía de Santiago hacia Angol.

Allí vivió el cautivo presidente peruano durante nueve meses, con muchas dificultades, sin ocupación, sin relaciones y con muchos inconvenientes en la casa que ocupaba con su familia. Posteriormente se trasladó a Valparaíso, donde permaneció hasta que terminó su cautiverio.

Muchas consecuencias políticas se deducen de los accidentes ocurridos al presidente García Calderón durante su prisión en Chile. Él deduce que “Chile, no habiendo podido alcanzar por sus victorias el título de propiedad del territorio peruano que había usurpado, destruyó el gobierno encabezado por mí y puso otro de su agrado. Por consiguiente, atacó la soberanía del Perú y su independencia como Nación”. (12)

El gobierno de chileno, ofendió, vituperó y vilipendió al presidente peruano Francisco García Calderón. Se le retuvo prisionero, se le cambió de domicilio continuamente, se le hizo sufrir de muchas maneras, se le presionó sicológicamente, porque se opuso a firmar un tratado de paz que perjudicara la integridad territorial.

Pensaron que las presiones, limitaciones y dificultades que le imponían, en algún momento podrían llevarlo a un momento de debilidad para aceptar una imposición, Nunca aceptó y prefirió soportar valerosamente, con fe y esperanza, tiempos mejores; “luego, si todo lo soporto y no cedo, saldré vencedor en la partida, y la lucha me será honrosa puesto que la sostengo estando inerme, contra el poder armado”. (13)
Notas:
1,2,3,4,5,6,7,8,10,11,12 y13: García Calderón, Francisco. Memorias del Cautiverio. Librería Internacional del Perú S. A. 1949.
9: Historia de la República del Perú. Basadre, Jorge.
Empresa Editora El Comercio S.A. 2005.
Publicado por el diario La Razón de Lima-Perú el día 19 de marzo de 2009con el título "García Calderón prefirió el cautiverio antes que una paz con cesión de territorio"

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