sábado, 7 de junio de 2008

INFLUENCIA DEL CONTENIDO DE LOS MENSAJES DIFUNDIDOS POR LA PRENSA LIMEÑA EN LA GUERRA DEL PACÍFICO (1879-1884)

En el Centésimo vigésimo octavo aniversario de la Batalla de Arica, hecho heróico en que el Coronel Francisco Bolognesi y sus acompañantes decidieron entregar su vida en defensa del honor nacional, publicamos por entregas el trabajo de investigación realizado por el autor y editor del presente blog, del tema “INFLUENCIA DEL CONTENIDO DE LOS MENSAJES DIFUNDIDOS POR LA PRENSA LIMEÑA EN LA GUERRA DEL PACÍFICO (1879-1884)”

En esta primera entrega ponemos a vuestra disposición cuál era la situación de la prensa limeña y su posición con relación a los dos adversarios del conflicto conflicto.

SITUACION DE LA PRENSA FRENTE A LA GUERRA DEL PACÍFICO. (Primera entrega)

El diario oficial El Peruano, consigna en el editorial del 8 de marzo de 1879, el ataque que sufrió nuestro consulado por el pueblo chileno en Valparaíso: bajo el título de El escándalo de Valparaíso:

“El gobierno se ha informado con profundo dolor, y mañana el país se impondrá con indignación, del atentado cometido, por una parte del populacho en Valparaíso”

“A muy duras pruebas está hoy sujeto el amor a la patria-que para nosotros es la América entera-y la fe que siempre hemos tenido en la confraternidad y el progreso de esta parte del continente”. (1)

Días previos a la declaración de guerra de Chile al Perú, los diarios limeños asumieron diversas posiciones con respecto a ella. El Nacional pedía sin vacilaciones la alianza con Bolivia, teniendo como base la conveniencia de los negocios de salitre del país.

La Tribuna requería una estricta neutralidad, por su parte El Comercio, contestando a El Nacional recomendaba una neutralidad estricta, mientras los intereses del país no estuvieran en peligro. El presidente Mariano I. Prado se mostraba por una neutralidad, era compadre del presidente chileno Aníbal Pinto y confiaba que éste nunca declararía la guerra a nuestro país. Se equivocó.

Cuando Chile invade territorio boliviano de Antofagasta en febrero de 1879 y meses antes de la declaratoria de guerra de Chile al Perú, es necesario precisar la visión de autores chilenos sobre el hecho:

“Una parte de la prensa, la más adicta al gobierno, asumió un tono belicoso y provocador”. Cuando llegó la noticia a Lima de la ocupación de Antofagasta, la excitación de la prensa fue más violenta.

“Si Chile hubiese sabido, decía arrogante la prensa de Lima, que el Perú no toleraría que quede impune el ultraje inferido a Bolivia, Chile no se habría lanzado a una expedición en la podía traerse la enemistad del Perú”.

“El ambiente limeño estaba avivado y en los cafés y los portales, se hablaba de la necesidad de imponer a Chile, Perú solo debía desplegar su gran poder militar y naval. Un poderío militar que no lo tenía”. (2)

Como se puede apreciar los periódicos traducían el sentimiento frente a la invasión de Antofagasta, calificada como una acción violenta, que afectaba y quebraba la unidad sudamericana.

La Opinión Nacional, en su editorial del 1 de abril de 1879, toca el tema de la comparación de fuerzas que hace la prensa chilena, en clara propaganda y de acción sicológica, para demostrar ante su pueblo, la superioridad de sus fuerzas respecto a las peruanas, buscaban condicionar el ánimo de su población a favor de la guerra y apelando al apoyo de la opinión pública.

El editorial de esa fecha, criticaba la mirada vanidosa de las autoridades chilenas, la opinión publica y la prensa mapochina:

“La jactancia aritmética chilena se entretiene en agrupar números para deducir de ellos la superioridad material de sus fuerzas, hay en la vecina república quienes, llamándose y creyéndose especialistas, se encuentran en la tarea destinada a retemplar con la esperanza, requiere, un entusiasmo que desmaya y abate día a día, bajo el peso de la más angustiosa incertidumbre”.

“Puede ser patriótica la empresa si se acomete para consolar los ánimos abatidos, pero es muy grave y muy peligroso forjar ilusiones que impulsan artificialmente en el mal camino y que preparan un desastre inevitable”.

“No entraremos en el terreno de las comparaciones, porque es sabida que las victorias no se alcanzan, solo con los cálculos de bufete, y aunque en realidad tuvieron razón los que exhiben las pulgadas de su blindaje y el calibre de sus cañones como ventajas decisivos, siempre los recordaríamos, con hechos, que nuestros marinos tienen…” (3)

El Diario oficial El Peruano, editorializa, el 4 de abril de 1879, un día antes de la declaratoria, bajo el subtítulo Nuestro deber:

“Ha llegado el momento en que, agotados todos los medios que aconsejaban el amor a la paz y el deseo sincero de evitar un conflicto entre dos repúblicas hermanas, el Perú se levante lleno de abnegación y energía para defender su bandera”.

“Ha llegado la hora en que todos los peruanos deben agruparse alrededor de las autoridades, de que pongan al servicio de la patria todas sus fuerzas, practiquen todas las virtudes que el patriotismo encierra e inscriban nuevas y gloriosas páginas en la historia nacional”. (4)

De esta manera, el diario oficial, trataba de infundir confianza en nuestra población, convocaba a la unión de todos los peruanos, mantenía el espíritu patriótico, hacía un llamado a la defensa de la patria y apelaba al sentimiento patriótica de la población para hacer frente a los chilenos.

Por su parte La Opinión Nacional en su editorial del día 4 de abril de 1879, expresaba:

“Estamos preparados y estamos resueltos: sí Chile nos declara la guerra nos encontrará, no solo con la valerosa decisión de recoger el guante, sino con los elementos necesarios para devolvérselo en el corazón con nuestras metrallas”.

“El patriotismo nacional es hoy gran sentimiento y fue invencible: saldrá triunfante. Las victorias morales, precursoras de las victorias armadas, ya son nuestras: hemos manifestado toda la alta firmeza, toda la culta circunspección que exigían nuestro deber” (5)

Este diario de manera desafiante respondía a las provocaciones chilenas y de su pueblo, que era azuzado por la propaganda de la prensa mapochina, cuyo fin era ir a la guerra. Aseguraba confiadamente que nuestras fuerzas estaban preparadas y convenientemente equipadas. Lo cual no era cierto. Estábamos simplemente indefensos.

Este mismo diario en su editorial del 5 de abril, expresaba bajo el título de ¡A la Guerra!, lo siguiente:

“Chile puso ayer a prueba nuestra lealtad y hoy pone a prueba nuestro valor”. “Pues bien sabrá lo que es nuestro valor”.

“El guano de la Patagonia y el salitre de Antofagasta, son los motivos que han inspirado sus absurdas controversias sobre limites, y los únicos que hoy lo precipitan a la guerra”. (6)

El día 5 de abril de 1879, el diario El Nacional, publica su editorial denominado Renuncia del general Prado indicando:

“El noble y patriota Presidente de la República, general Mariano I. Prado, ha renunciado a la clase de general de división del ejército de Chile, con que se invistió en esa República por las inmarcesibles glorias del 2 de mayo”. (7)

De esta manera Mariano I. Prado renunciaba a un grado honorífico del ejército chileno, que le confiriera el Gobierno Mapocho, durante su larga estadía de siete años en ese país. Como una muestra de su desagrado por la declaratoria.

Luego de declarada la guerra, El Comercio el 7 de abril de 1879, editorializó: “Forzoso es preparar las cosas sin que ningún acontecimiento pueda tomarnos desprevenidos”. Mientras el diario La Patria replicaba “La guerra con Chile debe durar hasta que el Perú triunfe y humille por completo a su enemigo”. (8)

El 7 del mismo mes, El Peruano, en su editorial titulado: Los motivos que ha tenido Chile para declarar la guerra al Perú, dice:

“Es de suponerse que Chile no procederá con el Perú de la manera como ha procedido con Bolivia: escarneciendo el derecho de gentes; despreciando las formulas diplomáticas que se acostumbran entre los pueblos cultos; dando golpes de sorpresa, que parecían ya condenados y rechazados por todas las naciones”. (9)

El diario pecaba de cándido frente a la actitud de Chile, confiaba que al Perú no le iba a pasar lo mismo que a Bolivia, que se arreglaría diplomáticamente, como si la guerra no fuera un acto violento, en el que vale todo. Chile aplicaría todo su poder y toda su violencia para aplastar la voluntad de su enemigo.

Por su parte El Nacional con fecha 7 de abril indicaba en su editorial lo siguiente:

“…la primera necesidad que surge en el orden internacional, es el diligente y completa organización de nuestros medios de defensa, así marítimos como terrestres”

“No desconocemos que el gobierno ha hecho de su parte, cuanto ha estado a su alcance, para atender aquella exigencia en sus múltiples y variadas formas”.

“No se oculta tampoco que tanto nuestro ejército, como nuestras naves, se encuentran en buenas condiciones de combate y que el Jefe de Estado a velado consagrándose exclusivamente al apresto y movilización de todos nuestros medios de defensa territorial, sea dicho ello con la franqueza que es preciso observar en tan solemnes circunstancias: aún hay mucho que atender y no poco que reformar en o que respecta a nuestras fuerzas marítimas y terrestres”

“Se nos ha provocado a una guerra a todos luces temeraria; sea ella en buena hora, hagamos la guerra tal cual debe ser y tomemos todas aquellas precauciones que sin limitar el derecho de gentes y las prácticas internacionales ponga a nuestro alcance el laurel de la victoria”. (10)

Este diario no hacía una crítica por la falta de equipamiento y preparación de nuestras fuerzas militares, que a no dudarlo era la preocupación principal del pueblo, y era una realidad palpable, sino que, trataba de justificar la preocupación del gobierno respecto a la preparación militar, asegurando que nuestra fuerzas militares y navales estaban preparadas, para enfrentar dignamente a Chile. Dando a entender que el gobierno había cumplido. Lo que se comprobó después no era cierto, mintieron al pueblo.

El 8 del mismo mes, en una segunda parte del anterior editorial, consigna datos sobre las causas que empujaron a Chile a la guerra decía:

“Ha llegado el instante de expresar sin peligrosas reservas. No deja de admirar que el honorable ministro de Chile (Godoy), venga a hablarnos de reuniones populares consentidas por las autoridades”.

“¿No es cierto qué nuestro pueblo ha sido medido, prudente y hasta paciente en esta cuestión chileno-boliviana? ¿No es cierto qué ha guardado toda la compostura posible y que se ha manejado con juicio, cuando en Chile se nos insultaba groseramente en las calles y plazuelas?”. (11)

La posición peruana frente al problema de Chile con Bolivia fue la de un hermano, tratando de buscar el cese de las hostilidades, el retiro de las tropas chilenas de Antofagasta y marcar su posición frente a las expresiones del populacho chileno que expresaban su odio a nuestro país, exacerbando los ánimos y presionando a su gobierno para ir a la guerra.

El 12 de abril del mismo año El Peruano, consigna en su editorial, lo siguiente:

“Otro de los actos gravísimo imputables al gobierno, consiste, según el señor Godoy, en el suministro hecho ocultamente por el Perú de armas y municiones de guerra Bolivia. Tales cargos no se contestan, cuando se falta a la verdad de manera tan escandalosa, se devuelve simplemente la acusación. Por lo tanto acusamos a Chile, ante la conciencia universal, de haber faltado a los fueros de la verdad, que los pueblos más atrasados respetan, para disculpar una guerra que no tiene precedente en América”. (12)

De igual manera, Chile había ido generando problemas limítrofes con sus vecinos Bolivia y Argentina y en cumplimiento a su plan expansionista, declaró la guerra a Perú. Porque nuestro país no quería la guerra, pero Chile mentía de manera reiterativa y lo hacía a nivel diplomático, y se había preparado con mucha antelación.

El 15 de abril del mismo año El Peruano, consigna en su editorial, lo siguiente:

“La lucha a que nos ha provocado Chile es digna, por su magnitud, de un pueblo como el peruano; pueblo que ha crecido libre y desarrollándose a la sombra de la institución republicana; que ha combatido medio siglo y sabe como se pelea en la batalla y como se derrota al enemigo; pueblo que ha templado su alma en medio de grandes dificultades y al calor de la hoguera militar, y que no puede ceder en la guerra con el extranjero, ni dar un solo paso atrás”

“¡Adelante! La lucha va a ser formidable, y como para ello debemos prepararnos: este es el momento de obrar”. (13)

El diario oficial, cumplía con su labor de mantener el patriotismo, elevar los valores morales y buscaba la unión de todos los peruanos para hacer frente a la guerra, invocando a una preparación para afrontarla.

El Murciélago era un periódico que tenía como eslogan “Purgante y Vomitivo, Por un viejo que tiene el genio vivo”. Periódico satírico que el 13 de abril de 1979, en su editorial titulado Truena el Abismo, se expresaba sobre la declaratoria de guerra al Perú, de una manera irónica tratando a los diarios chilenos de tontos, jactándose que los peruanos no íbamos a caer sorprendidos ante la declaratoria. Decía:

“¿Y ahora? ¿Qué dicen los chilenos que tenían la creencia de que solo con los sustos que pretendían meternos, aconsejando a su gobierno que nos declarara la guerra, íbamos todos a caer boca abajo y patas arriba? La verdad: las fanfarronadas, mentiras, calumnias y ofensas que eso que llaman periódicos en Chile nos prodigaban diariamente, me habían movido la bilis de un modo que me hacía temer un ataque de hidrofobia; pero hoy me divierten esas mismas mentiras y me han convencido de que los chilenos o son tontos(lesos) o han perdido la chaveta completamente”. (14)

El 3 de mayo de 1879, apuntaba en su editorial lo siguiente: “Chile ha declarado la guerra al Perú; pero guerra no como lo que hacen los pueblos civilizados. Chile invasor, no va a buscar al enemigo para combatirlo; desvasta e incendia, y claro es que los piratas Rebolledo y Simpson obedecen a las órdenes de su gobierno al destruir y talar poblaciones indefensas. Sus bombas y balas hacen desaparecer la propiedad particular y matan mujeres y niños. Gloriosas páginas escribirá Vicuña Mackenna cuando haga la historia de esta guerra”. (15)

Por los antecedentes de lo sucedido en la campaña naval, la campaña terrestre del Sur, las atrocidades que cometían con las poblaciones indefensas, era notorio y conocido. Los abusos contra la población y la violación de sus derechos era pan de cada día.

El 11 de octubre de 1879, cuando el Huáscar cayó en Angamos, este periódico expresaba lo siguiente:

“Al fin se realizaron mis temores. El Huáscar se ha perdido; tenemos un buque de menos y quizás que lamentar la muerte de uno de nuestros más bravos y atrevidos guerreros. Esa desaparición no ha sido imprevista; al contrario, era ella esperada por los que han visto en las reiteradas y riesgosas excursiones de nuestro blindado, no diré prodigios, sino milagros operados por la subordinación militar y por el valor.

“Lima, la noble ciudad de Lima, tan mal conocida como calumniada, ha recibido la falta nueva con toda la resignación de un pueblo grande. El pesar profundo que le ocasionará la noticia de un grande contratiempo, ni la ha reducido a la postración ni conducido a la exacerbación de las pasiones”. (16)

Una semblanza del monitor Huáscar, la muerte de Grau, así como las consecuencias de la captura del monitor, y la forma como ha tomado la población de Lima esta grave perdida para nuestras fuerzas navales, que prácticamente dejó el océano pacífico a merced de la flota sureña, una ventaja para Chile, el posterior desarrollo de la campaña terrestre, con una derrota humillante de nuestras fuerzas.

El Banquillo aparece en 1880, “periodiquillo”, así se hacía llamar, cuya principal temática era fiscalizar los precios de los productos de primera necesidad, así el 1 de mayo de 1880, critica acremente los decretos, dispuestos por el gobierno de Prado sobre control de precios de artículos de primera necesidad, no existía ningún control del Estado ni de las autoridades y buscaban enfrentar a la población con las autoridades.

“Los decretos sobre víveres no se cumplen: son letra muerta para ciertos miserables especuladores. Los artículos de primera necesidad están por las nubes; se han publicado las tarifas de los precios anteriores al bloqueo; y los pulperos y carniceros se ríen desdeñosamente”. (17)

Como se puede apreciar, los diarios de la época encarnaron la misma realidad polémica y conflictiva que agitaba a la sociedad peruana de entonces, amén de la indiferencia. Siempre tuvieron discrepancias entre sí, porque defendían intereses contrapuestos.

Se dedicaban a buscar el enfrentamiento entre los grupos políticos del momento, con mucho apasionamiento, mostrándose de espaldas a la realidad que se vivía, frente a un enemigo latente que se venía preparando con mucha antelación. Otros preferían cerrar los ojos y seguir para adelante, así se hundiera el país.

Medir el efecto de los mensajes que los diarios de la época publicaban, desde nuestro actual escenario y habiendo transcurrido más de cien años es difícil. En cambio, sí podemos reproducir la visión consignada en las memorias de José Antonio de Lavalle, de tal manera que nos permite establecer que, la opinión pública nacional estaba, por ir a la guerra.

El sentir de la población era por ir a la guerra, en primer lugar por la influencia de los medios impresos y el peso de la opinión pública, en segundo lugar porque nunca se pensó que Chile se aventuraría a desplazar sus fuerzas casi tres mil kilómetros de distancia. Todo ellos empujó a Mariano I. Prado aceptar el reto de ir a la guerra.

Quizás hubo la secreta esperanza, muy optimista por cierto, que tal declaratoria no sería sino una amenaza pasajera, no fue así y ya sabemos los resultados.

“En efecto (léase en las memorias de José Antonio de Lavalle) y ¿quién no estaba en Lima por la guerra con Chile? Los pradistas (…) porque veían en ella la manera de consolidar y popularizar al Presidente (…); los civilistas porque veían en ella el medio de aprovechar del todo del Gobierno como lo estaban de las Cámaras, dominar el país y asegurar su triunfo en las próximas elecciones, salvo dividir entonces sus votos entre los herederos de su ilustre jefe (…)

(…) los pierolistas, porque veían en ella el medio de que su caudillo volviese al país y la ocasión de su elevación mediante la manifestación de sus personales cualidades; los militares y los marinos, por el muy noble deseo de hallar campo en qué desplegar su valor y ese patriotismo que han lucido lo más en el curso de la guerra(…)

(…) la turba de indefinidos y pretendientes, porque la guerra les ofrecía amplias ocasiones de ser colocados y empleados; porque y ¿qué ocasión más propicia que una guerra para hacer grandes negocios y elevar pingües fortunas?; los azucareros, los cañaveleros, mineros y salitreros, porque la guerra era la emisión de papel-el alza del cambio, su bello ideal-vender en soles de de 44 peniques y pagar en soles de 3 peniques ¡qué delicia! La masa del país por patriotería, por novelería, por impulso ajeno”

“Órganos de esta general inspiración eran los diarios de Lima, ávidos de ruido y por única vez cantaron en el mismo tono La Patria y La Sociedad, El Comercio, El Nacional y La Opinión, desentonando solo La Tribuna, que a la postre entró también en el gran tutti final” (18)

La situación económica y política del país atravesaba una de sus peores crisis, se vivía una falsa realidad socioeconómica, los diarios fomentaron la ficticia idea que nuestro país estaba en las mejores condiciones de salir airoso de esta contienda, frente a un enemigo que se había preparado con muchos años de antelación.

Según el censo de 1873, seis años antes de iniciarse la guerra, los resultados arrojaban que no existía homogeneidad en la población, de los 2´784,998 habitantes, un 50% eran indígenas, 25% eran mestizos y el resto entre blancos, negros y chinos. Lo que presentaba una diferencia enorme en el nivel económico y social.

La situación económica por otro lado, arrojaba una deuda exterior de 640 millones de soles, los intereses anuales sumaban 40 millones, se suspendieron los pagos, se disminuyó peligrosamente los gastos para la defensa nacional. La mayor parte de nuestras industrias estaban atrasadas, la agricultura y la minería, lo del salitre y la de extracción del guano.
Notas:
(1) EL PERUANO. Diario Oficial. Editorial del 8 de marzo de 1879, Hemeroteca del Biblioteca Nacional del Perú.
(2) BARROS, Diego. Historia de la Guerra del Pacífico (1879-1883), tXVI, pág. 45. Imprenta “Barcelona”, 1914. Santiago, Chile.
(3) LA OPINIÓN NACIONAL. Editorial del 1 de abril de 1879. Hemeroteca de la Biblioteca Nacional.
(4) EL PERUANO. Diario Oficial, editorial del 4 de abril de 1879. Hemeroteca del a Biblioteca Nacional
(5) LA OPINIÓN NACIONAL. Editorial del 4 de abril de 1879. Hemeroteca de la Biblioteca Nacional.
(6) Ibíd. Editorial del 5 de abril de 1879.
(7) EL NACIONAL. Editorial del 5 de abril de 1879.
(8) EL COMERCIO. Editorial del 7 de abril de 1879. Hemeroteca de la Biblioteca Nacional.
(9) EL PERUANO. Diario Oficial, editorial del 7 de abril de 1879. Hemeroteca del a Biblioteca Nacional
(10) EL NACIONAL. Editorial del 7 de abril de 1879.
(11) Ibíd. Editorial del 8 de abril de 1879.
(12) EL PERUANO. Diario Oficial, editorial del 12 de abril de 1879.
(13) Ibíd. Editorial del 15 de abril de 1879.
(14) EL MURCIÉLAGO. Editorial del 13 de abril de 1879. Hemeroteca del a Biblioteca Nacional
(15) Ibíd. Editorial del 3 de mayo de 1879.
(16) Ibíd. Editorial del 11 de octubre de 1879.
(17) EL BANQUILLO. Editorial del 1 de mayo de 1880. Hemeroteca del a Biblioteca Nacional.
(18) BASADRE, Jorge. Historia de la República del Perú (1822-1933). tVIII, pág.241. Editorial El Comercio 2005.

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