viernes, 2 de diciembre de 2016

Ricardo Palma le dice traidor al general Andrés Avelino Cáceres.


Él solo hizo la tarea de muchos hombres. Fue como la proa de una nave que caminara aunque fuese mutilada. Los harapos de sus soldados brillaban como una bandera al sol. Parecía este puñado de hombres llevar la patria en brazos. Y hubo momentos en que pudo decirse que en el Perú no relucía oro de más quilates que la espada de Cáceres.
Jorge Basadre Grohmann

En un escenario de guerra, como la ocupación de Lima. Hasta dónde puede el ser humano demostrar su desafecto por la patria que lo vio nacer, por su gente que había sufrido y sufría los estragos de la violencia y que se debatía frente a un enemigo que ocupaba, avenidas, plazas, cuarteles y palacios, manteniendo un control férreo sobre nuestra capital.
Por qué razones, no sabemos hoy, quizá por lealtad al amigo, antes que a su pueblo. El tradicionalista Ricardo Palma fue muy amigo del dictador Nicolás de Piérola. En 1882, Ricardo Palma era corresponsal del diario panameño El Canal, como tal, habitualmente enviaba sus despachos que eran publicados bajo el seudónimo de Hiram.
Son verdades amargas, que se dieron durante la guerra con Chile. Nunca hubo el interés de unirse para enfrentar al enemigo común. La falta de una política de Seguridad Nacional, las ambiciones de poder entre caudillos, la fuga cobarde, para proteger propiedades en territorio enemigo y la traición entre peruanos fue la causa de la derrota.
En su despacho fechado el 11 de enero de 1882, se expresa con frases muy duras del general Andrés A. Cáceres, imputándole la comisión de una traición a Piérola, quien según él, lo había ascendido a la clase de general. Calificar de traidor a quien había demostrado heroísmo, valor y amor por su patria, era un calificativo moral inaceptable.
El Taita Cáceres merecía ese ascenso, se lo había ganado y había demostrado en el campo de batalla, donde dejó regada su sangre, que no solo era un líder por antonomasia, sino que había mostrado valor frente al enemigo en Tarapacá y en defensa de Lima, un ejemplo para sus tropas, era un hombre de convicciones morales elevadas.
Todos conocen el episodio, después de la batalla le Chorrillos, los chilenos se desenfrenaron y presos del alcohol, lo incendiaron y violaron mujeres indefensas. Cáceres pidió autorización a Piérola para atacar y destrozar a las hordas y alcoholizadas tropas enemigas.
Había una tregua pactada entre ambos ejércitos después de la batalla de Chorrillos, para auxiliar a los heridos, recoger y enterrar a los muertos. Chile violó la tregua, sus tropas demostraron absoluta indisciplina e insubordinación, fueron incontrolables para sus jefes. Piérola ególatra, se creía por encima de generales, no autorizó. Otro hubiera sido el resultado de la batalla de Lima, si el amigo de Palma, autorizaba el ataque.  
Como sabemos, mientras Cáceres lucho en la defensa de Lima, quedó herido y salió de Lima subrepticiamente burlando la vigilancia chilena, Nicolás de Piérola huía temeroso después de la batalla de Miraflores, mientras miles de heridos eran repasados por las tropas enemigas, que se ensañaron no solo con la ciudad sino con los heridos y sobrevivientes, finalmente impusieron la ley marcial.
Ricardo Palma, equivocadamente hacía de propagandista del enemigo, al atacar directamente al general Andrés A. Cáceres y las topas bajo su mando, al afirmar que “Tan luego como Lynch tuvo noticias de la desmoralización que cundía en las tropas de Cáceres, se decidió a movilizar sobre ellas un cuerpo de ejército chileno. Cáceres emprendió, el día de año nuevo, la retirada de Matucana, y al emprenderla acabaron de dispersarse soldados. Disponía de 5,000 hombres entusiastas antes de realizar su traición, y hoy no llegan a 800 los que le acompañan en su fuga a través de la cordillera”.
Ricardo Palma utilizaba la diatriba, el engaño y la difamación sobre las acciones de Cáceres y sus tropas, haciendo mofa y burla de la situación calamitosa que sufrían, calificando a Cáceres de títere y monigote, al sostener que “Sin la traición de Cáceres, fruto de las maquinaciones infames de los mercaderes calderonianos y de su socio Hurlburt, muy distinta sería hoy la situación”.
Luego en un arranque de inspiración estratégica, narra un plan de operaciones que presumimos le facilitó su amigo Piérola, al sostener que “Piérola con 3,000 soldados se habría unido a los 5,000 de Cáceres para amagar a Lima, hostilizando sin descanso al ejército chileno…”. De igual manera predice lo que habría hecho el ejército boliviano al indicar que, “A la vez el Ejército boliviano, que se encontraba ya reunido en Oruro, habría emprendido campaña sobre Tacna y Tarapacá”. Todo un estratega y visionario.
Como se sabe, Nicolás de Piérola luego de huir de la capital, gobernaba el país itinerantemente, desde el lugar en que se encontraba. No fue reconocido como presidente por las autoridades chilenas, quienes autorizaron la instalación del Gobierno Provisorio del Dr. Francisco García Calderón, elegido por los notables de Lima.
El Contralmirante Patricio Lynch, mediante un bando publicado en el diario La Situación el 28 de setiembre de 1881, arbitrariamente cesó el gobierno Provisorio del Dr. Francisco García Calderón, pretextando la comisión de una serie arbitrariedades. Posteriormente detenido fue enviado preso a Chile, nombró en su reemplazo a su Vicepresidente el Contralmirante Lizardo Montero
Al parecer, Ricardo Palma olvidó que su gran amigo Nicolás de Piérola, accedió al poder mediante un golpe, defenestrando al Vicepresidente general La Puerta, tras la huida de Mariano Ignacio Prado. Es el mismo Nicolás de Piérola que abandona al ejército del Sur por celos profesionales y nunca apoya los pedidos del general Buendía.
Es el mismo Piérola que pasa por encima de las recomendaciones de los militares con experiencia, como el general Cáceres, que le sugerían la organización del terreno de una manera sólida y no en reductos dispersos, fácilmente rebasados por los flancos, como se demostró durante el combate, y el retiro de batallones de reserva, para ocupar otros emplazamientos, lejos de la zona de acción.
Es el mismo Piérola que mantuvo almacenados en el Cuartel Santa Catalina, cañones y fusiles sin uso, que bien pudieron entregar a las fuerzas del Sur y que las tropas chilenas capturaron y utilizaron en contra de nuestras tropas, durante el enfrentamiento con las tropas de Cáceres en la campaña de la Breña.
¿Quién realmente demostraba ser un traidor? Ricardo Palma realmente exageró en esta nota, por ayudar a su amigo Nicolás de Piérola a recuperar la confianza de la población del interior del país y principalmente de la capital que era testigo presidencial de cómo el dictador, los había abandonado después de la hecatombe de Miraflores. Palma con su proceder le hacía el juego a los publicistas chilenos.


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