sábado, 19 de diciembre de 2015

El despertar de militares y policías.



Según  voceros de las diferentes organizaciones de las FFAA y PNP en situación de retiro, considerando además a los de actividad, agregando a sus familiares, los discapacitados, licenciados de las FFAA y viudas, fácilmente se llega al millón y medio de ciudadanos, en capacidad de ejercer libremente su derecho a elegir.

Entonces, lo que se tiene es realmente algo grande, una fuerza que no se deba entregar fácilmente a quienes irán zalameramente con seguridad a la caza y en busca de los valiosos votos de los uniformados y que por más de veinte años los han estado meciendo.

En el caso especial de los miembros de las FFAA y PNP en situación de retiro, sus posibilidades son mayores, porque pueden participar en la contienda electoral y  poder ser elegidos, puesto que la Constitución los ampara. Por tanto,  nada les impide, todo les favorece. Es más, tienen el apoyo de ese millón y medio de potenciales votantes y que gustosos le darán sus votos. Con plena seguridad las FFAA y PNP cuentan con excelentes cuadros, debidamente preparados y especializados en las mejores universidades, quenes bien podrán legislar con altura, calidad y gran nivel.

Señores, antes de darles sus votos a políticos que incumplen sus ofrecimientos y que a la vuelta de la esquina se olvidan de sus promesas, será mejor darlas al hermano, que con confianza sabrá responder a las necesidades y expectativas de ese millón y medio de votantes cautivos.

Porque valgan verdades, quiénes mejor que militares y policías que conocen no solo de Seguridad Integral y Bienestar General, sino que saben y tiene experiencia en la problemática militar-policial, porque la han vivido, frente al nulo conocimiento de la mayoría de congresistas. Por otro lado, conocen la situación económica del sector mejor, que Luis Carranza, Valdivieso y Meche Aráoz quienes lo han visto de lejos. Muy lejos diríamos.

Por esa razón, las organizaciones que agrupan al personal de las FFAA y PNP deben esperar las propuestas de los políticos e integrar las listas y participar activamente para llegar al Congreso. Solo siendo parte del Legislativo se podrá buscar el cumplimiento de la Constitución en lo referente a la Defensa Nacional muy venida a menos estos últimos años y evitar que siga desprotegido nuestro país. Además, se buscará la solución al problema de remuneraciones y pensiones de los uniformados. ¡Basta de mecidas!

En el presente proceso electoral todos los ciudadanos de nuestro país asistimos como convidados de piedra y observamos cómo los  líderes de diferentes organizaciones, agrupaciones, partidos políticos, chicos, medianos y grandes, dicen que se reúnen en busca de una visión, de acuerdos programáticos, coincidencias en sus  planes de gobierno, consensos en sus objetivos, etc.

Hay organizaciones tan pequeñas, ridículas –diríamos-que no sobrepasan los 100,000 integrantes o militantes, sin embargo  sus líderes se dan el lujo de solicitar su parte de la torta y ocupar una plaza en el congreso, con otras organizaciones de su mismo nivel. Esos partidos no tienen forma de llegar solos al Congreso, por ello se reúnen y forman una agrupación mayor.

Y qué hacen en esos acuerdos y conversaciones largas como bostezo de una anaconda. Pues buscan ponerse de acuerdo para integrar las listas parlamentarias de tal o cual agrupación.

Alguien inocentemente, ingenuamente podría pensar que se reúnen para solucionar los grandes problemas nacionales, buscar solución al problema de la educación, el hambre, la extrema pobreza, diseñar sus planes de gobierno. No señores, se reúnen para negociar su participación y cuántos cupos les dan para las listas al parlamento. Recuerden se elegirán a 130 congresistas.

Para cada proceso electoral los políticos tocan las puertas de militares y policías, buscan acercamientos, concertan exposiciones, prometen el oro y el moro. Así como Alan García se acercó a la ADOGEN y prometió que en 180 días solucionaba el problema económico de las FFAA y PNP.

Han pasado casi cinco años de esas promesas y Alan García no cumplió, fue una gran mecida, la gran mecedora alanista. En otras palabras se burló de los soldados y policías y en esa promesa incumplida, los corifeos, los amigos de García también le siguieron el juego y finalmente se alinearon con el pensamiento de su jefe de partido.

Uno de sus últimos exabruptos, según denuncia un diario de la capital ha sido no considerar los ascensos al grado de Vicealmirantes en la Marina de Grau, porque no pudo ascender a un contralmirante amigo de sus amigos. Si Miguel Grau viviera y viera las condiciones en que el gobierno trata a los miembros de nuestra Armada, con seguridad pensaría que su sacrificio fue vano y estéril.

El rol o cargo constitucional de “Jefe Supremo de las FFAA y PNP” no es solo para imponer ascensos en las fuerzas de seguridad, como ha ocurrido en el Ejército con el ascenso del general Jefe de la casa militar  y lo aceptó claudicantemente el Comandante General del Ejército. Quizás porque este general tiene otra visión muy personal, que es más importante que los de su organización.

Esto no ha sucedido con el Comandante General de la Marina, el  Vicealmirante Rolando Navarrete Salomón tal como lo denuncia el semanario “Hildebrandt en sus trece” quien junto al Consejo de Almirantes ha defendido y hecho respetar el proceso de calificación de ascensos en la Armada, como debiera ser en las otras instituciones.

El ser  Jefe Supremo conlleva responsabilidades mayores. Esas responsabilidades en primer lugar están con la seguridad y bienestar de los 28 millones de peruanos. Velar por su seguridad y bienestar. Decidir unilateralmente el desarme de nuestro país, no es la mejor manera de preservar la seguridad de los peruanos. Ser Jefe Supremo también  lo impele a buscar la forma inteligente y consensuada para solucionare el álgido problema de las remuneraciones de este sector olvidado desde hace 20 años.

Los militares y policías invocan un trato, correcto, justo y honesto de las autoridades que gobiernan el país. No es posible que los gobernantes sigan mirando con indiferencia la sacrificada marcha de sus veteranos, familiares y minusválidos por calles y plazas de la capital,  bajo el calor sofocante, mendigando para un aumento.

Frente a la inseguridad que se vive, la apatía, indiferencia y olvido del gobierno, los activistas de SL siguen secuestrando niños en el VRAE, para integrarlos a sus grupos demenciales, paralelo a ello vivimos el aumento exponencial de la delincuencia común, pese al esfuerzo de la PNP.

Qué manera es esa de preservar el futuro de nuestra nación, cuando el gobierno se olvida de esa niñez que vive en lugares alejados y no tienen seguridad ni quien  los proteja de las malsanas acciones nocivas y violentas que ejecuta el senderismo homicida. Qué le espera a nuestra patria en el futuro, lo que es peor qué le espera a las familias pobres del Perú que son mudos testigos del secuestro de sus hijos.


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