martes, 21 de junio de 2011

Cartas del pasado

El 19 de junio pasado se celebró en nuestro país el día del padre, esta singular y memorable fecha nos permite resaltar las virtudes de todos los padres en general. Así, toda la familia se prepara para homenajear y celebrar a papá. Día especial para festejar al “sostén del hogar”. Fecha que la globalización y modernidad han convertido tan o más comercial que el día de la madre.

Los congresistas han sido bautizados por nuestra población como “padres de la patria”, aunque muchos a lo largo de la vida republicana, se han comportado como verdaderos padrastros.

Los verdaderos padres de la patria son prohombres que han sacrificado sus vidas, han encontrado muchas veces la muerte y han dejado en la orfandad a esposa e hijos, por defender la integridad de la madre patria. Cuando la patria está en peligro, como lo estuvo el Perú en 1879 a raíz de la declaración de guerra chilena el 5 de abril de ese año, todos los hombres y mujeres de estas tierras, se unieron bajo el influjo del amor a la patria para defender la soberanía nacional.

No vamos a reseñar las homéricas batallas de la campaña terrestre, tampoco los heroicos combates navales. Mientras Grau en su poderoso y legendario Huáscar estuvo recorriendo victorioso los mares del sur, la flota enemiga rezaba para no enfrentársele. Más pudo la cantidad que la calidad de la nave y sus comandantes, finalmente los marinos peruanos que acompañaban al caballero de los mares sucumbieron heroicamente en Angamos.

Análogamente Francisco Bolognesi en Arica daba una lección al mundo de entonces y las futuras generaciones, con su épica respuesta al mayor Salvo. Juramento que ha quedado grabado en moldes de oro en los corazones de los bravos combatientes peruanos y fortaleciendo el sentimiento patriótico nacional.

Así, Miguel Grau, Francisco Bolognesi, Andrés Avelino Cáceres, Andrés Avelino Aramburú y Francisco García Calderón. Fueron padres de familia, como muchos involucrados en esa guerra y se sacrificaron por no sucumbir ante las exigencias de las duras y violentas batallas hoy son reconocidos como héroes y constituyen los paradigmas de nuestra nacionalidad y ejemplos de patriotismo.

En este contexto, se conoce que el origen del día del padre surgió en junio de 1910 en EE.UU. La dama estadounidense Sonora Smart Dodd quiso homenajear a su padre, Henry Jackson Smart, un veterano de la guerra civil, viudo con seis hijos. Jackson vivía en una granja en el estado de Washington y se hizo cargo de la educación de sus hijos al morir su esposa. Su hija Sonora vio en su padre un hombre valeroso, cariñoso y desinteresado, quien realizó todo tipo de sacrificios para sacar adelante a su familia. Esta hija escogió el 19 de junio de 1910 como fecha para celebrar el Día del Padre en honor al suyo.

Sin embargo, en nuestra realidad, los sentimientos de padre los podemos apreciar en los hombres, que con su valor y sacrificio, marcaron con su ejemplo, el derrotero de nuestra patria, entregaron lo más preciado, su vida, lucharon por la dignidad nacional y por legarnos un mejor destino para el Perú.

Recordemos juntos la historia, así, el 19 de abril de 1880, nuestro héroe Francisco Bolognesi Cervantes en Arica, remite una carta a su hijo Enrique, en los siguientes términos:

“Querido hijo: Son las once del día y te dirijo ésta para despedirme. El enemigo está cerca de Tacna; allí lo espera el general Montero con todo su ejército, salvo que los chilenos le hagan una jugarreta y vengan a tomar esta plaza, que la han dejado muy débil”.

“Yo no tengo para la defensa más que 1400 infantes; ellos pueden en horas traer de Pacocha 3 o 4 mil hombres y a la vez comprometer por mar y tierra. En fin, ha llegado el momento de decidir la cuestión”.

“(…) Creo que seré el pato de la boda por ocupar este puesto que es el ensueño del enemigo (…)”.

“Ya estoy fastidiado, deseo que llegue el momento de un ataque para descansar del modo que quieras entenderlo. Yo no duermo, no me dejan ni comer; en la calle y por donde vaya tengo que hacer con todo el que me busca”

“Afectos a todos en casa, amigos y amigas”. Adiós. (1)La epopeya del morro de Arica, pág. 76. Comisión Permanente de la Historia del Ejército del Perú. 1980.

Por otro lado, Francisco García Calderón, presidente peruano preso en Chile durante dos años y seis meses, al ser liberado de su prisión, enrumba su viaje de retorno al país, inicialmente hacia Argentina, posteriormente viajará a Europa y finalmente al Perú amado. Él nos alcanza algunas reflexiones de su prisión que glosamos a continuación:

“(…) Por otra parte, en Chile hacía esta síntesis de mi prisión: Se me retiene prisionero, se me envía de una parte a otra y se me hace sufrir de todos modos porque no quiero firmar un tratado de paz que perjudique a mi país; se cree que el exceso de sufrimiento podrá llevarme a un momento de debilidad en que desfallezca mi espíritu; luego, si todo lo soporto y no cedo, saldré vencedor en la partida, y la lucha me será honrosa puesto que lo sostengo estando inerme, contra el poder armado”.

“Hoy, en la república Argentina, proclamo la victoria y digo: Los que pensaron vencerme, haciéndome sufrir, creyeron que de ese modo conseguirían su objetivo; y como una regla moral social establece que juzgamos a los demás hombres por nosotros mismos, es indudable que los señores que componían el Gobierno de Chile, si hubieran estado en mi caso, habrían cedido a la presión como pensaban que yo cedería. No habiendo conseguido su objetivo, me dieron lo que tenía antes de la guerra: la ocasión de poner a prueba la firmeza de mis convicciones; y con ella la estimación en el Perú y fuera de él que me dispensaron las personas que aplauden los austeros deberes que la patria impone”.

“Pensando así ¿puedo quejarme del gobierno de Chile? De ninguna manera. Tengo la satisfacción que produce la victoria y creo que los señores que me tuvieron preso no deben estar satisfechos de su conducta”. (2) Memorias del Cautiverio. Francisco García Calderón. Pág. 111, Librería Internacional del Perú S.A. 1949

Finalmente glosamos la carta que envía Miguel Grau a su esposa Dolores, a borde del Monitor “Huáscar”, el 30 de setiembre de 1879, una semana antes del combate de Angamos. Una misiva de despedida, muy cariñosa, como caracterizaba al Caballero de los mares.

“Muy querida esposa”:

“Esta tarde llegué a este puerto convoyando al transporte «Rímac» que ha desembarcado la tropa aquí. En este vapor creí recibir carta tuya, desgraciadamente no ha sucedido así, lo que me ha contrariado, pero comprendo que no lo has hecho, porque seguramente ignorarías la salida de esos buques del Callao”.

“El “Huacho” va a salir para el Callao y he querido vida mía, aprovechar esta oportunidad para ponerte cuatro líneas, saludándote y mandándote un millón de cariños, lo mismo que a los niños”.

“Reservado.-Esta misma noche voy a salir con la «Unión» a una corta excursioncita por el sur. No hay peligro ninguno, por consiguiente, no tienes por qué alarmarte, ni menos asustarte. Saluda a mis hermanas y a Gómez, lo mismo que a Misia Luisa y demás familia”.

“Con un fuerte y cariñoso abrazo, se despide tu constante esposo que te idolatra y recuerda a cada instante”.

(Fdo.) Miguel (3) http://miguelgrau.tripod.com/grau_arica.htm

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