viernes, 24 de junio de 2011

Alan García se despide entre nubarrones de estallidos sociales.

El estallido de los conflictos sociales en este último tramo del gobierno alanista, viniendo del sureste aimara y desplazándose por la cumbres andinas de Huancavelica y retumbando en Junín, no es sino el corolario de cosechar tempestades después de haber sembrado vientos de indecisiones y ciclones de indiferencia, políticamente hablando.

La reclamación de los pueblos del interior del país de esas zonas paupérrimas del sur, áreas geográficas de menor desarrollo, no es sino el epílogo de Innumerables promesas incumplidas, que se han quedado en la intención, o han sido reemplazadas por obras con réditos políticos inmediatistas y efectistas, y con seguridad Alan García ya olvidó.

No es para menos, concentrado como está, el presidente cada día sale de Palacio para inaugurar obras, o en su defecto a repartir condecoraciones a diferentes autoridades, por cumplir sus deberes para los que fueron elegidos o designados. Vaya incongruencia.

El gobierno ha asegurado hace varios meses atrás que hay más trabajo, que la pobreza ha disminuido a un 30%. Aunque este porcentaje es difícil de creer, porque basta mirar las calles limeñas, especialmente por la noche o viajar al norte chico u otra ciudad del interior para percibir que no es así.

Los niños trabajadores de la calle, los vendedores de golosinas, las madres vendedoras de caramelos, con sus bebés a cuestas y la prostitución de manera general, y la infantil han aumentado de manera preocupante.

Con seguridad, la opinión pública, compara la figura de García al asumir el mando el 2006, con la figura que hoy luce. No solo es la demostración que el Perú realmente crece. El presidente Alan García debería preocuparse por su salud si quiere regresar el 2016.

La explosión de violencia en diferentes ciudades del país, la amenaza de la toma de locales públicos, aeropuerto de Juliaca, universidad del Centro, con el consiguiente incendio de locales gubernamentales, contusos, heridos lamentable muerte de pobladores, ha obligado al gobierno saliente por enésima vez, disponer la intervención de la policía y las FFAA.

Cuándo no, para resguardar el “orden interno” de inmediato utilizan a soldados y policías. Solo se les emplea como medio de represión, para proteger sus fondillos, con la finalidad de limpiar la mala o pésima estrategia política de este gobierno y ser utilizados como chivos expiatorios en caso la violencia degenere, como sucedió en Bagua.

Allí están como muestra, la violencia del Moqueguazo y el Baguazo con la muerte lamentable de 34 peruanos por una mala decisión política, que el Congreso después de una larga investigación no ha responsabilizado a nadie.

El escenario de violencia que se ha desencadenado a poco más de un mes del fin de gobierno aprista, no es sino una demostración del hartazgo de la población olvidada, marginada por cientos de años y por diferentes autoridades a lo largo de nuestra vida republicana.

Este gobierno centralista no solo ha marginado a las clases más necesitadas en el interior del país, no ha sabido enfrentar legalmente y con las armas constitucionales ninguno de los conflictos, ha actuado como bombero pobre, con la manguera llena de huecos y ha llegado tarde a la solución de los mismos.

Con seguridad Alan García no se despedirá en olor de multitudes, como quisiera él y como lo asegura una encuesta publicada esta seman, lo hará en medio de estallidos de violencia, gracias a su ineptitud para afrontar los problemas sociales, que le dejará al nuevo gobierno.

Nuevamente en medio de ellas, de este escenario caldeado y cargado de nubarrones, las FFAA y PNP serán utilizadas o empleados, para limpiar la responsabilidad de quienes realmente disponen tirar la piedra y esconden finalmente la mano.

Frente a esta situación, traemos a colación, que el famoso aumento para los uniformados, que tanta propaganda hizo el gobierno y que está destinado para paliar las necesidades más apremiantes de soldados, policías, en actividad, aún no se ha hecho realidad.

¿Cuándo se hará realidad?

No lo podremos saber, este gobierno está de salida y poco o nada le interesa solucionar este álgido problema. Militares y policías no confían en García, ha tenido cinco años para solucionar el problema de remuneraciones, no lo hará estos últimos días. El presidente prefiere acudir a las exequias de una artista, que bien lo merece, y es indiferente con los soldados muertos en emboscadas, por defender precisamente lo que él representa.

Gracias señor Alan García por su indiferencia y animadversión con militares y policías, quienes entregaron y entregan sus preciadas vidas por defender la democracia.

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