martes, 6 de octubre de 2015

Habló nuevamente el Oráculo de Delfos.

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Con el odio en el corazón, el hígado en la mano y la espuma en la comisura de los labios, nuevamente el nobel de literatura atacó y criticó a Keiko Fujimori y Alan García. No sabemos ni sabremos, qué es lo que pasa por la mente del escribidor cuando se le pregunta sobre la situación política en Perú.
Por sus respuestas podemos inferir que no le guarda ninguna consideración a su país de nacimiento, al responder una pregunta del auditorio, dónde le gustaría ser enterrado, sonriente y burlón respondió “La verdad no me importa dónde (risas), en cualquier sitio bonito de preferencia, que no sea pestilente (risas)”. Ni siquiera recordó a su amada Arequipa.
Nuevamente desde su cómoda posición ubicada en algún lugar del Olimpo,  Mario Vargas habló, según él, de los nuevos retos y peligros de nuestra democracia. No recordó, no quiso recordar que, él se encargó de petardear esta democracia que tanto le preocupa,  con su apoyo y aval incondicional a Ollanta Humala convirtiéndose en su garante. Miren el desastre que dejará al país y él bien gracias en Europa.
No nos puede llamar la atención, estábamos más bien preocupados porque no se manifestaba el Marqués. Es que seguramente estaba muy encaramelado con el nuevo amor de su vida María Isabel Preysler Arrastia, una socialité y modelo filipina. Primero fue la tía Julia Urquidi, a la que abandonó por la sobrina Pilar Llosa, luego abandonó a su esposa por una mujer más joven. Gajes del oficio.
La Libertad como tal, garantiza la democracia, es su aval es la médula, la esencia de ella. Sin libertad, la libertad de opinión, de expresión y pensamiento, no significan absolutamente nada. Pero opinar, conlleva mostrar educación, respeto y consideración por sus semejantes y lectores. El odio y el rencor están proscritos, aunque se acepta la ironía y el sarcasmo.
El escritor, desde su posición muelle entre Londres y Madrid, o New York, nuevamente interviene en nuestra política. Seguramente el hecho de vivir en el exterior y regresar por cortos periodos de tiempo al país, le hacen perder la perspectiva. La nación peruana no es un conjunto de rebaños que se puede influenciar, para lograr un objetivo subalterno.
Wlather Lippmann llamaba a la mayoría de la población de un Estado “el rebaño desconcertado: hemos de protegernos de este rebaño desconcertado cuando brama y pisotea”. La nación peruana no es un rebaño que requiere o necesita que alguien le diga lo que tiene qué hacer y cómo elegir a sus gobernantes.
Es inaceptable que el escritor, nuevamente le diga a los peruanos por quién votar o por quién no votar, ¡basta de tutores y garantes! Miremos el fracaso de Ollanta Humala. Eso significaría que un grupo reducido de personas con él como adalid, son los únicos que realmente saben qué es lo que más le conviene al país. No se le puede quitar al pueblo la libertad de elegir a su gobernante.
Señores, el pueblo es y seguirá siendo el gran protagonista en búsqueda de su plena libertad para decidir lo que es mejor. Tiene un rol más activo en la sociedad, no es el pueblo de hace 25 años atrás. En plena era del conocimiento y de las TIC´s, no podemos considerarlos ciudadanos de segunda o tercera clase, como pretende el escribidor y nobel hispano-peruano, al recomendarle a quién elegir como él ha expresado su decisión, siendo el voto secreto.

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