viernes, 4 de mayo de 2012

Comentarios a la carta del escritor Ricardo Palma al Dictador Nicolás de Piérola.

En diciembre de 1879, Nicolás de Piérola se había levantado contra el general La Puerta vicepresidente del general Mariano I. Prado, quien desertó llevando la colecta pública para comprar buques en Europa; nunca regresó. El 8 de febrero de 1881 nuestro tradicionalista Ricardo Palma escribe una carta a su amigo el dictador Nicolás de Piérola. En esa misiva, el autor de Tradiciones peruanas muestra su admiración y respeto al Dictador, a quien ofrece sus modestos servicios de escribidor. “Ojalá mi pluma fuera bastante prestigiosa para que de ella brotaran palabras de aliento que lo fortificaran a usted…”. Olvida el escritor que Piérola fiel a su estilo, para algunos rebelde y revolucionario, para otros un traidor, se levantó cinco veces contra el orden establecido, Manuel Pardo, Mariano I. Prado y Cáceres, sufrieron esos levantamientos y tuvieron que descuidar otras funciones de gobierno, para neutralizar la insurrección de este personaje, “…en su heroico empeño de proseguir luchando a favor de esa patria que otros, en el campo de batalla se empeñaron en cubrir de lodo y de vergüenza”. Olvida también Ricardo Palma que, quien organizó la defensa de San Juan y Miraflores cuando los chilenos amenazaban con tomar la capital, fue precisamente el Dictador, quien asumiendo roles de genio militar, no aceptó ninguna recomendación de los oficiales con experiencia, entre ellos de Cáceres, respecto a la defensa de Lima. Critica además, el accionar de los principales colaboradores del Dictador, a quienes tilda de cobardes, oportunistas y faltos de coraje, “…y los hombres rehuyeron cumplir con su deber, y no encontró usted un hombre que supiera ayudarlo y hasta sus edecanes dieron muestras de ruindad abandonándolo miserable y cobardemente a los primeros disparos”, olvidando que, Piérola huyó a Canta abandonando los habitantes de la ciudad a merced de los abusos y las tropelías de las mesnadas chilenas. Ricardo Palma lleno y dueño de una gran inspiración, en el que se puede oler un tufillo discriminatorio, ataca a la raza indígena, clase social olvidada y desposeída del país y los tilda de ser “una raza abyecta y degradada, que usted quiso dignificar y ennoblecer”. No contento con ello crítica su falta de patriotismo, educación, ser enemigo de blancos y ricos, y que en pleno combate, arrojaron sus armas sin disparar al enemigo. “Así me explico que batallones enteros hubieran arrojado sus armas en San Juan, sin quemar una cápsula”. Palma analiza el comportamiento del indígena a lo largo de la historia, expresa que el indio es “orgánicamente cobarde”. Cuando los castellanos llegaron a Cajamarca y tomaron prisionero al inca Atahualpa, expresa que, “bastaron 172 aventureros para aprisionar a Atahuallpa, que iba escoltado por cincuenta mil hombres, y realizar la conquista de un imperio…”. Sin embargo, desliza una velada admiración por la raza araucana, al expresar “Aunque nos duela declararlo hay que convenir en que la raza araucana fue más viril, pues resistió con tenacidad a la conquista”. Podemos inferir que, Ricardo Palma tuvo una reacción hepática y no se molestó en realizar un breve análisis de las condiciones de la organización social, política y económica de los indígenas que habitaban Chile, tampoco de las condiciones del terreno y atmosféricas de entonces. Hubiera llegado a otras conclusiones. Ricardo Palma en una faceta desconocida en él, no cesa de alabar a su gran amigo Piérola, lo lleva a la cúspide de la egolatría y le expresa su fe y confianza en sus decisiones, “Porque la honra del país está encarnada en la persona de usted, porque es usted quien enarbola la bandera de la dignidad nacional bajo la cual debemos cobijarnos los pocos que aún abrigamos la consoladora esperanza de que, más o menos tarde, sucumbirá la conquista chilena…”. Palma tiene un rapto de sinceridad con su amigo Piérola y le expresa que, “El Perú tiene desgracia de estar geográficamente enclavado entre enemigos…” Critica a nuestros vecinos por ser ambiciosos y los considera enemigos, “El Brasil codicia los terrenos amazónicos, el Ecuador las provincias Jaén, Tumbes y Piura, y Bolivia aspira a redondearse con la posesión de Tacna y Moquegua. Chile cuida de azuzar todas estas cobardes ambiciones reservándose para sí, por supuesto, la parte del león”. Como quedó demostrado por los resultados de esta guerra. Respecto a Francisco García Calderón Landa, diremos que, la Junta de notables de Lima lo eligió como Presidente de la República, Palma expresa “Ríome de la pretensiones de cierto círculo de aquí que se empeña en reunir a una junta de notables (sin notabilidad)”. Luego demuestra cierta desconfianza y temor porque el gobierno elegido bajo la amenaza de las bayonetas chilenas, “celebre una paz que nos infamaría para siempre, sin esperanza de rehabilitación ante el juicio universal y ante la historia”. Sin embargo, Palma se equivocó, fue otro quien firmó el tratado de paz; más bien, Francisco García Calderón no aceptó las imposiciones chilenas y fue conducido preso a Chile, donde permaneció dos años y medio. Respecto a la designación de Juan Martín Echenique Cáceres como jefe superior del centro, le trasmite el sentir de la población limeña, toda vez que, este general fue designado para la defensa de Miraflores y nunca apareció ni por curiosidad en los reductos de su responsabilidad, demostrando su incompetencia, “No diré a usted si con justicia o sin ella: pero Lima entera es hoy hostil a ese caballero, en quien todos ven al único responsable de la derrota de Miraflores…”. Finalmente denuncia la cobardía de algunos oficiales del Ejército en respuesta al bando publicado por las autoridades chilenas, en el que disponen su presentación ante las autoridades chilenas, comprometiéndose a deponían las armas, “Aquí, en virtud de un bando publicado por la autoridad chilena, se presentaron ante ella varios jefes y oficiales, y, sorpresivamente unos, con entera voluntad otros, han firmado un compromiso de no empuñar las armas contra Chile…” “Con semejante canalla no se puede hacer patria”. Notas: Semanario Hildebrandt en sus trece. Cartas marcadas. Págs 14 y 15. 27 de abril de 2012.

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