viernes, 23 de septiembre de 2011

El antimilitarismo rebosante.

Para la mayoría de los peruanos y especialmente para ese 40% de pobres y con deficiente formación educativa, con seguridad, no es un pecado desconocer cuál es el rol del Estado ni la finalidad de las FFAA del Perú, porque la mayoría de ellos no tienen acceso a la información oficial y están más preocupados en satisfacer sus necesidades básicas.

Es paradójico observar, cómo Jaime de Althaus conductor de un programa televisivo por cable, conocido por su defensa de la minería, LAN Chile y otros grupos de poder económico, contrario a uniformados, grupos nacionalistas, nativos y ecologistas del país, en reciente entrevista a un catedrático de la Universidad del Pacífico (UP), sobre las situación operativa, remunerativa y pensionaria de las FFAA, demostró no estar bien informado sobre el objeto de la entrevista.

Durante la conversación el conductor del programa mostró “cierta” sorpresa al conocer datos actuales, como el cuadro comparativo de las remuneraciones entre los ejércitos de Perú, Chile y Ecuador. Se pudo percibir claramente que, los sueldos del personal militar chileno y ecuatoriano, son el doble. Sí, el doble. Da vergüenza reconocerlo, pero es cierto.

Las preguntas realizadas por el conductor del programa, estuvieron orientadas a que el entrevistado asegure y exprese la inutilidad de las FFAA y PNP en este siglo. Trató de demostrar que, si no teníamos armamento, el mantenimiento es oneroso y las remuneraciones, y pensiones del personal son muy bajas, lo mejor era cerrar los cuarteles.

Lo que no queda claro es que, si las preguntas, opiniones, acotaciones y sugerencias durante sus entrevistas, como en la del 22 de setiembre al referido catedrático de la UP, son parte de una agenda colocada por sus superiores y debe cumplirlas a pie juntillas, o han salido de su propia inspiración.

No es un secreto y muy pocos entendidos desconocen que, Perú ostenta el nivel más bajo en gastos militares en la región, invierte poquísimo en mantenimiento de sus equipos y el Estado peruano es el que peor paga a sus uniformados. La situación se agrava porque no se cuenta con un sistema previsional eficiente y eficaz. La Caja de Pensiones Militar-Policial (CPMP), está quebrada y “desde su creación en 1974 nació muerta”.

El conductor de la hora N hace una apreciación caprichosa sobre la situación económica que viven las FFAA y sus integrantes. Con sus opiniones y asertos solo demuestra una gran falta de información respecto a la situación que viven, otros peruanos como él. Peruanos de uniforme que en duras batallas contra la subversión homicida, violenta y asesina, finalmente la vencieron. Sin olvidar que, estas fuerzas malignas mantuvieron cercado al estado peruano los veinte últimos años del siglo pasado.

Gracias a las FFAA, la PNP y los CAD´s, nuestro país se salvó de caer en un abismo y muchos peruanos de vivir exiliados por falta de entereza. Gracias a los uniformados, el conductor de la hora N se puede sentar a sus anchas en un mullido sillón, enfocar la realidad del país de acuerdo a los intereses de sus jefes, parlotear con sus amigos y caseritos, regodearse con sus acotaciones y opiniones, mostrando su verdadera faz.

Lo que no puede es desconocer el valor y sacrificio que, siguen demostrando los uniformados, pese a las grandes limitaciones que tienen y las condiciones del terreno y clima que deben soportar para defender la democracia, esa democracia que cada noche le permite expresar sus opiniones en un medio televisivo. Mejor haría en visitar el VRAE o un cuartel, base o buque y constatar las condiciones en que hacen su servicio los uniformados.

Salvo que, se instituya como el portaestandarte mediático, el abanderado de aquellos individuos, que quieren desaparecer a las FFAA, porque ya no se las necesita. Así, los gastos que requieren la adquisición de material disuasivo y el mantenimiento de los mismos siendo costoso, se orientaría a otros servicios.

Si es así, entones apaguemos la luz y que el ultimo cierre la puerta sin candado. Dejemos las rejas abiertas y que ingresen a la casa grande, todos los vecinos y se lleven a las mujeres, la biblioteca, los muebles, la cocina, el comedor, los dormitorios, los servicios higiénicos y finalmente la granja, las plantas y las joyas de la abuelita.

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