lunes, 6 de julio de 2009

Mirando la justicia con ojos de injusticia.

Los poderes Ejecutivo y Legislativo de nuestro país, se renuevan cada cinco años en cumplimiento al mandato de nuestra Constitución (artículos 90 y 112 respectivamente).

Cabe la posibilidad y esperanza, que en la renovación del contrato social que se establece entre los electores y elegidos, el futuro gobernante y los legisladores tengan una oportunidad, para mejorar lo que ellos o sus antecesores erraron por acción u omisión. Una nueva oportunidad, el pueblo es así de generoso.
En el caso del poder Judicial, el artículo 138 expresa que “La potestad de administrar justicia emana del pueblo…”. Además, se dice que, el “Poder Judicial es independiente en el ejercicio de la función jurisdiccional”. Cómo y cuándo se renuevan.
Los magistrados del Poder Judicial no son elegidos por el pueblo, sino por el Consejo Nacional de la Magistratura, que es el ente, que se encarga de su selección y nombramiento. Cómo podrían impartir justicia en nombre del pueblo.
Pero como todos sabemos, la Academia de la Magistratura es parte del Poder Judicial. En aras de una real independencia, se debería seguir el mismo procedimiento, que se opta con los jueces de Paz, que son elegidos por el voto popular.
Lo cual equipararía el procedimiento que se utiliza, para elegir al Presidente de la República, Congresistas, Presidentes Regionales, alcaldes provinciales y distritales, quienes son los verdaderos representantes de la soberanía popular.
En abril del presente año, Alberto Fujimori fue sentenciado a 25 años de prisión, por una serie de delitos que a lo largo del juicio no se pudieron probar.
Más que justicia, lo que se percibió en el Colegiado fue una sentencia, con olor a venganza política, corolario de la sentencia mediática y presuntos acuerdos tomados entre bambalinas, apriori y con presencia de las ONG´s derechohumanistas internacionales.
Sentencia que fue apelada de inmediato por el Dr. César Nakasaki, su abogado defensor. Además el pueblo peruano levantó su voz de protesta, porque la inmensa mayoría era testigo, que se estaba cometiendo un leguicidio. Muchos de ellos en sus comunidades alejadas, habían recibido en sus pueblos olvidados las obras que dispuso el ex gobernante.
La reacción consciente e inmediata fue el apoyo incondicional a Keiko. Mal que les pese a sus enemigos políticos e ideológicos. Quienes se lanzaron a una campaña de demolición, que finalmente se agotó y se perdió en los vertederos de residuos sólidos.
Con esos antecedentes, cualquier ciudadano del país, con plena seguridad desconfiará de este Poder Judicial. Un Poder Judicial diligente y dinámico, presto a impartir justicia en nombre de sus conciencias, que colisiona con lo que diariamente se percibe en los juzgados y miles de presos en las cárceles esperando ser juzgados. Dónde está la justicia para ellos.
Esta no es una diligente aplicación de la justicia. Esta situación demuestra la lentitud pasmosa y paquidérmica con que se resuelven los casos judiciales, para quienes no tienen la suerte de tener amigos en las altas esferas del gobierno.
Este poder judicial que se jacta de Independiente, pero, mantiene jueces que aplican el doble rasero para juzgar. Esto nos recuerda ese famoso adagio “para mis amigos todo, para mis enemigos la ley”.
Y si no, pruebas al canto, hasta la fecha muchos colaboradores de Fujimori están purgando cárcel sin que se les haya probado su culpabilidad, otros tuvieron que pasar 36 o 60 meses en prisión, algunos murieron perseguidos esperando su juzgamiento.
Cuando la justicia se demora, no es justicia. Cuando la justicia dispone prisión domiciliaria a Rómulo León Alegría, principal involucrado en el caso de los petroaudios, indicando que “no hay peligro de fuga”, tampoco es justicia. Nos preguntamos si realmente la justicia existe en nuestro país. Dónde está.
Son precisamente estas malas decisiones judiciales, las que siembran en el imaginario popular la desconfianza en este poder; que ha sido creado para precisamente eso, impartir justicia, darle a cada quien, lo que le corresponde.
Precisamente esta desconfianza en la independencia del criterio de los jueces, producto de los resultados del primer juicio en que se ensañaron con el ex presidente, ha originado una muestra de desconfianza y pesimismo no solo de los abogados de la defensa, sino de la mayoría del pueblo peruano, que mira con ojos recelosos al mismo colegiado. Más de lo mismo.
No es para menos, cómo sostener independencia en el próximo juicio, si ya tienen los antecedentes y el criterio formado del anterior. Será a todas luces un juicio subjetivo. Una puesta en escena con un final predecible. Todavía no sean inventado las maquinas para lavar cerebros.
El Dr. Nakasaki habló claro, mostró su desconfianza y pesimismo, al indicar que “nosotros no tenemos expectativa de ganar” Palpable demostración de que la defensa de Fujimori no confía en este colegiado que juzgará al ex presidente en el segundo caso.
Sin haberse iniciado el segundo juicio, nos aventuramos a predecir que Fujimori será sentenciado. Entonces, para qué perder el tiempo, pasemos de una buena vez al acto final y dejemos de perder tiempo, saliva y papel. No facilitemos la utilización del juicio como un sicosocial, cortina de humo o como se llame, para tapar los errores futuros del gobierno.

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