domingo, 13 de julio de 2008

Chile, con todas sus miserias, nos vencerá mañana i siempre, si continuamos siendo lo que fuimos i lo que somos. Rodeado con el prestijio de sus victorias, posee crédito; así que en toda guerra tendrá dinero, i con el dinero, soldados i buques, rifles i cañones, amigos i espías.
Manuel González Prada.


Réplica furibunda a una carta del Brujo de los Andes.

Debemos tener presente, porque la historia nos ha enseñado, que nuestro país llegó al conflicto con Chile en condiciones desventajosas. Con sus fuerzas militares carentes de preparación, con la prensa sin una visión real sobre el adversario, en medio de una crisis política, social y económica y, una lucha intestina entre caudillos que se dio en pleno desarrollo de la guerra.

Hecho que fue aprovechado no solo por los políticos chilenos en su área específica, sino para la implementación de su aparato de propaganda. Durante la ocupación de Lima por la fuerzas chilenas (17 de enero 18881- agosto 1883), se publicaron una serie de periódicos.

Hubo diarios que defendieron la causa nacional, pese al control estricto establecido por los chilenos, no faltaron los indiferentes pero, los temerosos que preferían publicar noticias diferentes a la situación de la guerra; otros defendían la posición política de los caudillos, Iglesias, García Calderón, Piérola, etc., y algunos que les cupo el triste papel de traidores.


El diario La Dictadura, se fundó con la única finalidad de defender los logros que se obtenían durante el gobierno del dictador Nicolás de Piérola. Por otro lado el diario El Orden, defendía al gobierno de Francisco García Calderón, es cierto defendía la causa nacional, pero también atacaba al “Califa” Piérola. Podemos percibir una gran rivalidad entre los diarios, frente a las narices de las fuerzas de ocupación.

Los chilenos con una clara visión estratégica y mediante el empleo de la prensa en apoyo a sus operaciones militares, fundaron primero La Actualidad, posteriormente en su reemplazo La Situación y en sustitución de este El Diario Oficial, para la publicación de las disposiciones oficiales de Lynch. El Comercio apócrifo que se publicó en el Callao. La finalidad era muy clara, hacer propaganda y operaciones sicológicas.

Dentro de los diarios publicados en Lima, destaca el diario La Reacción, fundado en 1882 en Cajamarca, se trasladó a Lima el 02 de enero de 1884. Desde su fundación este diario se puso al servicio de los intereses políticos de Iglesias, facilitando la labor de los chilenos, era su vocero oficial y su defensor más expresivo, no respetaba honras, satanizaba a Cáceres.

El 18 de Enero de 1884, Editorializaba con una crítica mordaz a la misiva que el general Cáceres le enviaba por intermedio de un conocido a Iglesias, en ella reprochaba la aceptación de las condiciones chilenas para firmar el tratado de paz, este diario se ensañó contra Cáceres y lo trató de traidor y antipatriota.

La carta del 31 de diciembre de 1883 dirigida a una persona identificada como NN, fue puesta en conocimiento de Iglesias; en ella Cáceres respondía a una comunicación de un amigo no identificado, sobre las causas que engendraron los desastres sucesivos en Lima. Cáceres expresaba sus conceptos respecto a las calamidades que vivía la República, en estos términos:

“Los desastres ignominiosos del Perú se deben a que nunca nos planteamos las situaciones netamente y como son en realidad: por falta de carácter, por cálculos mezquinos, por intransigencias que no reconocen un origen noble, nos hemos rebelado siempre contra las soluciones dictadas por la razón, por la moral, por el patriotismo y por el deber, que nos acogemos a todas las intrigas, a todas las bajezas, a todas las apostasías, que nos presentan ante el mundo como un pueblo abyecto y prostituido, incapaz de salvar lo que nunca debe perderse: la dignidad del infortunio”.

“Sí, amigo mío, ésta es la verdad, pese a quien pesare”.

“Supone Ud. y con fundamento, que muchos desengaños habrán lacerado mi corazón y muchas esperanzas fallidas habrán torturado mi espíritu en el camino de la noble causa de la resistencia”.

“Su inteligencia superior ha comprendido el carácter y la intensidad de mis sufrimientos; pero abrigue Ud. esta convicción invariable: Los obstáculos y las horrorosas decepciones que he encontrado a mi paso y que hoy mismo se me oponen con creciente insistencia, no serán bastante para hacerme abandonar el campo de la defensa del Perú”.

“Cuando se ha pasado por Tarapacá y por Huamachuco, no se puede retroceder sin mengua: no quiero profanar con mis plantas, en ese extraño retroceso, las cenizas de tantas víctimas augustas, ni empañar con una monstruosa deserción las glorias que he podido conquistar para mi patria en sus desgracias”.

“Me dice Ud. y reconozco su sinceridad, que el patriotismo me pide que ponga término a la lucha, para servir a mi país en las grandes evoluciones de su reorganización. Póngase Ud. la mano al corazón y reconsidere sus palabras. ¿Qué reorganización bajo un orden de cosas impuesto por el enemigo? La reorganización del Perú no reconocerá nunca como base la traición de sus malos hijos ni los esfuerzos de las bayonetas de Chile. Esa reorganización vendrá más tarde”.

“Lo que conviene hoy es poner a salvo la Honra Nacional. Chile, al crear un gobierno en el país, no ha hecho política peruana, ha hecho y está haciendo política chilena. ¿Y cree Ud. después de esto, que es posible la reorganización de la República? Ud. me manifiesta que el gobierno de Iglesias ha ratificado solemne y definitivamente sus títulos de tal, y que a él se debe la paz y la reconquista de la autonomía perdida; agregando Ud. que para que a ese beneficio sigan los del orden, los del progreso, los de nuestro renacimiento a la vida de la ley y la libertad, es preciso que todos contribuyan a ello, y que la suerte me reserva en esa tarea un hermoso papel”.

“Quiero ser franco con Ud. tanto como Ud. lo ha sido conmigo. Yo no veo en Iglesias sino a un teniente chileno, que obedece a los propósitos chilenos, que vive bajo la sombra de los chilenos y que, en suma, subsistirá con el aparato de poder que tiene en Lima, tanto tiempo cuanto el que permanezcan en el territorio nacional los ejércitos chilenos. ¿Qué solemne y definitiva ratificación de títulos, es, pues, de la que Ud. me habla? Más, quiero poner fin a estas enojosas apreciaciones y resumir lo que siento y lo pienso en orden a la actual situación”.

“Hundida la república por causa de sus propios hijos, más que por la victoria del enemigo, no queda a los buenos peruanos otro camino que el de la resistencia, camino erizado de dificultades y fecundo en enseñanzas dolorosas, pero a cuyo término se encuentra indefectiblemente, sino el triunfo completo sobre Chile, una solución que ponga a salvo la honra y la verdadera autonomía de la nación”.

“¿Qué se necesita para esto? Carácter para perseverar, carácter para no transigir con el cálculo y la cobardía, carácter para sobreponerse a todo, inclusive a las derrotas, carácter siempre carácter”.

“¿Se teme la efusión de sangre? Ese es un temor pueril. La historia nos enseña que las grandes causas demandan grandes martirios, y que la reorganización de un pueblo no es, en suma, sino el resultado de sangrientos sacrificios. Yo que conozco esa ley social, no puedo desecharla, desde que tengo voluntad para cumplirla”.

¿Cuál fue la respuesta del diario La Reacción?



El diario respondió con una campaña orquestada que duró varios días. En su editorial del 18 de enero de 1884, respondía de manera agria a la misiva de Cáceres, escupió todo el veneno de que es capaz la cobra más mortífera, veamos la respuesta:

“La lectura de la carta dirigida por el general Cáceres a S.E el presidente de la República nos ha causado pena más que indignación”.

“Porque efectivamente si es triste, muy triste, oír recriminaciones e insultos en respuesta a la nobleza y a la generosidad, lo que es mucho más, que un hombre que tiene una alta clase militar, una buena reputación de valor y que la ha tenido de patriotismo…”.

“La carta que tenemos a la vista no es una simple negativa a la franca y abnegada invitación hecha por la alta persona del jefe de Estado, no, es algo más, es un burla al país entero, un insulto arrojado a la faz de la República”.

“¿Con qué derecho hace esto el general Cáceres? ¿Le da razón su terco orgullo o el interés de su pobre y criminal circulillo para pretender anarquizar la República y echar una horrible sombra sobre el cuadro de ventura y prosperidad que empieza a delinearse?”

“El general Cáceres está traicionando al Perú”. “No le ha bastado, no, ser el mal sino de esta desgraciada patria en tres largos años en los que ha arruinado veinte poblaciones y esquilmado otras tantas, no le ha bastado haber derramado la sangre de millares de indios, no le ha bastado humillar el pabellón de la república en Huamachuco con una nueva derrota…”.

“El general Cáceres nos habla de la paz ignominiosa, de los bien defendidos intereses del país, de paz pedida de rodillas y de gobierno formado por las afrentosas bayonetas chilenas, como si fuera posible obtener una paz mejor que la que se ha hecho con beneplácito del Perú entero…”.

“¿Puede el general Cáceres o el gobierno de que ha sido inconsciente instrumento haber firmado o firmar algo más provechosos para el Perú?”.

De igual manera al día siguiente este diario continuó su campaña mediática contra Cáceres, La Reacción en el editorial del 19 de Enero 1884, firmado por Manuel A. San Juan, sostenía respecto a la carta de Cáceres lo siguiente:

“No queremos creer que, en efecto, que las ideas y conceptos contenidos en los primeros acápites de la mencionada carta sea sean manifestaciones sinceras y fieles de lo que el general Cáceres piensa respecto de la obra acometida con laudable firmeza por el actual jefe del Estado”.

“ No, el general Cáceres no ignora que si las condiciones personales del que hoy desempeña la primera magistratura del Perú contribuyeron a asegura el éxito de la causa que con verdadero valor moral iniciara el agente principalísimo de esta victoria pacífica ha sido la idea impalpable, la idea incoercible, que penetrando como rayo de vivificadora luz en todos los espíritus agobiados por el peso abrumador del infortunio, ha hecho renacer en ellos la consoladora esperanza de mejores días” .

La campaña orquestada contra Cáceres continuó en este diario, así El 23 de enero de 1884, bajo la firma de Luis E. Márquez, La Reacción editorializaba:

“Solo a aquellos a quienes el exceso de luz ofusca la mirada y todo lo ven negros en pleno mediodía, pueden resistirse a la evidencia de que la opinión pública favorece unánimemente el programa administrativo de su excelencia el general Iglesias”

“Este programa esta formulado en dos palabras: gobernar con todos y para todos hasta que redimido el territorio, y establecida prácticamente la reforma de la Constitución…”.

Como podemos apreciar, los diarios de esa época aciaga para nuestra patria, defendían intereses personalistas, caudillistas; algunos como La Reacción tuvieron una línea editorial que lindaba con la traición, que buscaban el enfrentamiento entre peruanos, antes de buscar la unidad en la lucha contra los invasores, proponiendo tratos, o aceptándolos en contra de los intereses nacionales.


Tengamos presente que frente aun hecho grave como es la Guerra, que involucra a la nación entera, los medios de comunicación deben cumplir un papel fundamental en las decisiones de autoridades y gobernantes a favor de la integridad del país; por tanto, la prensa debe mantenerse alerta, en su cometido de informar verazmente y con cautela, para evitar que la opinión publica, pueda ser ganada por la propaganda de la prensa del adversario.

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