miércoles, 17 de enero de 2018

¿El año de la reconciliación?


A tres años escasos de cumplirse el bicentenario de nuestra independencia, ningún sentimiento más que el de unidad nacional domina el corazón de la nación. Los 30 millones de peruanos quieren y desean unirse alrededor de un líder, de un objetivo nacional común, que los aglutine, que los articule, que los convoque, finalmente los amalgame y funda como el acero.

A fines del siglo XX y luego que el Estado enfrentara y venciera inobjetablemente con las armas de la República, a las dos organizaciones subversivas Sendero Luminoso y Movimiento Revolucionario Tupac Amaru. Una etapa de paz y tranquilidad se inició en el país, que duró muy poco, que se vio afectada por la creación de una Comisión de Investigación, para indagar sobre lo sucedido en 20 años de guerra interna.

Los integrantes de esta Comisión, todos de filiación izquierdista, emparentados ideológicamente con las OOTT, lograron polarizar a la sociedad peruana. Responsabilizaron injustificadamente a las FF. AA de una gran cantidad de muertes. Indicando además que las FFOO, habían aplicado una política indiscriminada de violación de derechos humanos. Lo cual, se ha demostrado es completamente falso.

Esto, como era de esperarse, agudizó la desunión de la nación, aparecieron las ONG´s defensoras de los DDHH de los eufemísticamente denominados luchadores sociales (terroristas), que trafican con los ddhh. Salieron a la palestra los caviares, izquierdistas de salón, que habían sobrevivido convenientemente agazapados y escondidos desde el gobierno de Velasco.  Se inició una cacería de brujas que no tiene parangón.

Los gobiernos a partir de Valentín Paniagua, Alejandro Toledo, Alan García y Ollanta Humala establecieron un matrimonio con los hermanos ideológicos de SL y MRTA, bajo un chantaje de mantener la convivencia, la tranquilidad, garantizarle y asegurarle al gobierno de turno la gobernabilidad y estos fácilmente cayeron en la trampa.

Como expresamos, chantajearon a los gobiernos de Paniagua y Toledo, para organizar una comisión coordinada con el asesino Abimael Guzmán, que investigara lo sucedido durante los 20 años de guerra subversiva que enfrentó el pueblo peruano. La ex_Comisión de la Verdad y Reconciliación(CVR), no ha logrado después de haber fenecido sus labores, la reconciliación del pueblo peruano. A ellos debemos agradecerles esta agudización de la desunión.

Las diferencias se han ahondado, la separación cada día es más grande, la brecha cada día se amplía, por responsabilidad de un sector de la población, que ha logrado ciertos privilegios desde el gobierno de transición de Valentín Paniagua, consolidándose durante el quinquenio de Alejandro Toledo, Alan García en menor medida y durante el gobierno de Ollanta Humala.

Luego del indulto humanitario al ex mandatario Alberto Fujimori, el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski(PPK) ha dispuesto que el año 2018 sea el “año del Diálogo y reconciliación nacional”. El 6 de enero se publicó en el diario oficial la norma legal de la Presidencia del Consejo de Ministros, el Decreto Supremo  003-2018-PCM.

A partir de ese momento, la palabra más utilizada, como parte de una campaña mediática del gobierno, es “reconciliación nacional”, tratar de recuperar el tiempo perdido, mover las fibras sensibles y apelar a la población en busca de apoyo, que lo está abandonando. Huérfano de un partido político, dependiente de una bancada y del escaso apoyo de los intereses que se juegan en el Parlamento, PPK está solo.

No se logrará la unidad nacional, menos la reconciliación, con frases declarativas cargadas de buenas intenciones; pura demagogia, mucho menos declarando y bautizando rimbombantemente oficialmente el año, sino con decisiones que satisfagan las grandes necesidades de la población, además de acciones francas, sinceras y honestas y una lucha frontal contra la corrupción, y una revisión del informe de la ex_CVR.

El pueblo, ese conglomerado de personas que diariamente realizan sus actividades para lograr sobrevivir, no es más esa masa amorfa desinformada carente de interés y eso es lo que los políticos no entienden, la población que vive el día apretado económicamente observa con insatisfacción, con vergüenza ajena, el tremendo despelote que se ha armado después de la frustrada vacancia y el indulto humanitario de Fujimori.

La pregunta, cómo lograr la consolidación de ese sentimiento de unidad que hasta hoy no se ha logrado, ya casi 200 años después del sacrificio de los verdaderos padres de la patria, héroes que entregaron su vida, para legarnos una patria más justa, una patria unida, no la que vivimos actualmente. A través de la historia no se ha podido lograr la unificación de la nación.

La desunión es latente, está en el ambiente, en el diario vivir, porque no se han solucionado las graves diferencias que se arrastran desde casi dos siglos. El poder siempre fue mezquino, con una visión retorcida y cortoplacista, que impuso prioritariamente los intereses fenicios dominantes de los gobernantes, la clase dirigente y el empresariado organizado, sobre los intereses de la gran mayoría de peruanos.

Realmente PPK, su gobierno, creen enfáticamente en lo que pregonan, o solo es acción política para pasar esta etapa difícil, en medio de aguas turbias infestada de tiburones. La unidad nacional ha sido la gran visión de los precursores y próceres de nuestra independencia y se siente muy lejano a casi 200 años de nuestra independencia.

¿Quién y qué acciones tendrá que realizar el líder que logre la unidad nacional? En el horizonte no se ve a nadie. Lamentablemente estamos huérfanos de líderes que conduzcan esta nave, que cada día va al garete en medio de un mar tormentoso, rodeado de nubes negras. Ojalá la visita del papa Francisco ayude a conciliar voluntades y unifique sentimientos.


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