miércoles, 13 de julio de 2016

Pudo ser el gobierno de la reconciliación nacional


Dentro de pocos días Ollanta Humala Tasso, abandonará palacio de gobierno y será un ciudadano más. Todo el poder que tuvo en sus manos, de la noche a la mañana le será ajeno. Tendrá que mirar desde el balcón cómo el Congreso en manos del fujimorismo, que tanto odio y animadversión le mostró él y su esposa, lo despedaza políticamente.
Mientras tanto; inmutable, sigue en compaña de inauguraciones acompañado de su esposa Nadine Heredia, recorriendo diversos lugares del país. Inaugurando obras intrascendentes, mientras su consorte acicateada por su presencia, toma protagonismo en cada ceremonia para, atacar a sus enemigos, a políticos tradicionales con discursos improvisados y sin la fuerza de antaño. Muy desmejorada físicamente.
En un artículo escrito en julio de 2011, plantee la necesidad de una reconciliación nacional, hice un llamado al mandatario para superar las hondos desencuentros y marcadas diferencias, que separan a los peruanos. Centré mi posición en la necesidad de superar los rezagos de la guerra interna, que los grupos terroristas de SL y MRTA sembraron en los últimos 20 años del siglo pasado en contra del pueblo peruano.
Ollanta era el llamado a esa reconciliación, por varias razones. La principal, había participado en los grados subalternos en esta guerra fratricida, quién mejor que él para comprender esta situación; sin embargo, el pedido cayó en una sima profunda, en una fosa de indiferencia que hoy después de 5 años, con seguridad será uno de sus lastres.
Agravada posteriormente por la creación de esa infeliz Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), gracias a Valentín Paniagua, su ministro Diego García Sayán, previa coordinación con Abimael Guzmán. Alejandro Toledo puso en funcionamiento con un presupuesto monumental. Y qué se obtuvo de todo esto, es lamentable decirlo, nada.
La ex CVR nunca buscó la verdad ni reconciliación, se limitó a sembrar odio azuzando una persecución y caza de brujas, en contra de militares muchos de ellos inocentes, que dieron con sus huesos en las cárceles. Otros siguen juicios interminables, por defender al Estado, democracia y valores, sus vidas son una vía crucis y sus familias en el poder judicial, creado exprofesamente para estos menesteres.
Se posicionó hasta hoy, ese aberrante sentimiento de odio, inquina, animadversión en contra de militares. El pueblo peruano debe dar gracias a la ex CVR y al abuso del poder judicial en manos de caviares, por mantener esta situación. Impartiendo justicia desde su particular manera de observar la realidad del país, son responsables que hasta hoy no se logre la ansiada reconciliación, que pudo decidir Humala.
Durante su gobierno, Humala innecesariamente se abrió un frente con sus colegas, con quienes habían vestido como él el uniforme de la patria. Los veteranos de las FFAA y PNP, a quienes había prometido durante su campaña que la pensión renovable se mantendría; sin embargo, no cumplió, en cambio aprobó los Decretos Legislativos 1132 y 1133, congelando las pensiones para siempre.
Este hecho no solo representa la demostración del mayor desafecto que puede tener un oficial del Ejército con sus camaradas de armas. Son cinco años que las promociones afectadas vieron disminuir su poder adquisitivo, recibiendo una pensión diferente a los que pasaron al retiro a partir de diciembre 2012. Se olvidó de los veteranos que durante la década de los años 90 se habían fajado por defender la democracia y los valores occidentales.
Un grave y criticado hecho que fue calificado en su momento como una traición a los uniformados, especialmente a los pensionistas del Ejército su Alma Mater, lo que trajo como consecuencia que la gran familia militar, policial, viudas y discapacitados de las FFAA y PNP perdieran todo grado de confianza en su investidura.
Hoy lo observamos, en busca de apoyo popular que no tiene, que esa portátil que acude a sus inauguraciones y visitas, poco a poco disminuye, esa será la dinámica hasta el 28 de julio en que el nuevo presidente ingresará a Palacio de Gobierno y él, lamentablemente pasará al traste de la historia, por no haber asumido la responsabilidad de conducir el país y a la nación peruana hacia el logro del bienestar general.
Para agravar los últimos días de su gobierno, su Vicepresidente Omar Chehade, este viernes presentará su obra La gran usurpación  cuya protagonista principal es Nadine Heredia, quien según el autor usó y abusó del poder, a tal punto que, funcionarios, congresistas y ministros la llamaban “la jefa”, ante la anuencia de un esposo complaciente, introvertido y débil de carácter, quien en todo momento puso el pecho para defenderla.
Ollanta Humala pudo ser el presidente de la reconciliación nacional; pero, le faltó carácter, decisión y se sometió quizás por lealtad a su consorte, dama que no tardó en demostrar una ansia de poder que Isaac Humala, su suegro, graficó con una frase en bronce “Ya no es una loca de poder, es una loca de atar”. Hasta siempre Ollanta Humala y suerte para Nadine que le esperan muchos juicios.


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