martes, 24 de noviembre de 2015

Lealtades y Deslealtades

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Ha muerto Agustín Mantilla Campos expulsado del PAP, aprista leal a los principios doctrinarios de su partido, ex ministro del Interior en el primer gobierno de Alan García Pérez, régimen que Alan quisiera olvidar; pero, que la población y sus adversarios le enrostran en la cara. En ese gobierno hizo su aparición el comando Rodrigo Franco, en el que el “chito” Ríos tuvo notoria actividad y los medios ligaron a esta organización clandestina con el fallecido Agustín Mantilla.
Agustín Mantilla Campos en su calidad de Vice ministro del Interior y cumpliendo las disposiciones del gobierno, dispuso la intervención de las fuerzas del orden en los penales, para develar el amotinamiento de los presos por terrorismo en las cárceles de San Juan de Lurigancho, en el Pabellón Azul de la isla penal de El Frontón y Santa Bárbara. Murieron 300 presos por terrorismo.
Es sin duda al final del camino terrenal el momento en que se pintan de cuerpo entero todas las personas. Es en la paz de los sepulcros donde se conoce la verdadera naturaleza humana. El momento en que se olvidan lealtades y renuevan amistades cultivadas a lo largo de una vida partidaria, ideológica y sacrificios realizados en nombre de un partido. Agustín purgó cárcel en el penal San Jorge casi 7 años, al final de sus días guardando silencio leal y sepulcral.
La opinión pública nacional se encuentra sorprendida y anonadada por la conducta asumida por algunos líderes del PAP que no se han hecho presentes en el velatorio de Agustín Mantilla, esa actitud farisea los pinta de cuerpo entero, no se quieren mezclar con el personaje que se reunió con Montesinos y recibió miles de dólares, ¿para qué o quién? Eso nunca lo sabremos aunque lo sospechamos.
Por esos días se habló de una cuenta en un banco de Miami con 6 millones de dólares, nunca se aclaró a quién correspondía y cómo y de dónde provenía el dinero, se sospechó que pertenecía a Alan García y que Vladimiro Montesinos a través de Agustín Mantilla habían depositado grandes sumas de dinero; sea cierto o no, eso no tiene importancia en el presente.
Lo que sí es cierto es que, quienes se rasgaban las vestiduras como apristas hasta la muerte, han demostrado ser unos grandes fariseos. Mauricio Mulder justificó la inasistencia de Alan García al velorio de Mantilla, porque ese acto lo podían explotar sus adversarios y pondrían en escena la reunión de Mantilla con Montesinos y que ha quedado grabado para la posteridad, lo que afectaría los intereses políticos de García.
No dejaba de tener razón Mauricio Mulder; pero, no era que los apristas son hermanos hasta la muerte, “disciplina compañeros”,  “el APRA nunca muere” y todas esas palabras de orden que al momento del silencio y oscuridad se olvidaron. Es que los apestados no merecen ni siquiera el reconocimiento, por sus importantes servicios prestados más que al partido, al líder de ese momento.
Es cierto, para los líderes apristas deslindar con Mantilla solo empeoró su relación y se resquebrajó el sentido de la lealtad. La lealtad se corresponde, no es que los militantes son leales a sus dirigentes, sus dirigentes deben ser leales a sus militantes. La lealtad es para arriba, abajo y a los costados, eso no aprendieron quienes manejan hoy al viejo partido de Haya de la Torre a su libre albedrío.
En la transcripción de los videos Nos. 1830 y 1831 el 13 de marzo del 2000 en el Congreso, se difundió la versión oficial que registra detalladamente el soborno de 30 mil dólares recibido por el ex congresista aprista Agustín Mantilla Campos de manos Vladimiro Montesinos Torres, supuestamente como parte de una suma mayor destinada a sufragar los gastos para la campaña electoral.
Los más dolidos con la deslealtad, de los principales líderes apristas ausentes en las exequias del malogrado Agustín Mantilla, son el verdadero pueblo aprista, quienes siguen los postulados de su fundador y líder histórico Víctor Raúl Haya de la Torre. Hombres y mujeres curtidos a lo largo de tantos años de militancia, sacrificios y aportaciones al partido del pueblo, que cayó en manos de los oportunistas y se hundió en la deslealtad,  inmoralidad y corrupción.
Agustín Mantilla Campos murió, se fue en silencio, sin aspavientos, sin reconocimientos ni perdones de parte de los líderes de su partido, quienes al final fueron tan mezquinos en reconocer todo el trabajo que realizó con suma lealtad al partido y principalmente a Alan García. Agustín Mantilla Campos se las jugó y pagó, los otros olvidaron su sacrificio y lealtad. Una enseñanza para las jóvenes generaciones de apristas.

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