martes, 6 de mayo de 2008

La Madre Coraje y su día jubilar

Carmen Macaya es una mujer de cuarentaicinco años que durante toda su vida, ha trabajado como vendedora ambulante, recicladora y trabajadora del hogar en diferentes casas y barrios de la gran Lima. Se casó muy joven y producto de este matrimonio tiene seis hijos y cinco nietos, la mayor de 22 años y la menor apenas con un año de vida.

Ella vive con sus tres hijos menores en Pachacutec la ciudad de arena, esa gran urbe de extrema pobreza que agrupa a miles de personas, que como ella invadieron estos arenales para sobrevivir. Su marido es cobrador de combi, como cientos de padres que trabajan en este oficio, arriesgando su vida diariamente, en esta cruel e inhumana selva de cemento, por un porcentaje irrisorio de las ganancias.

Los hijos mayores agarraron vuelo, unos con sus parejas y otros porque el hambre y la miseria se daban la mano todas las noches en la casita, si se le puede llamar así, a las cuatro esteras en que vivían. Se fueron para subsistir, lejos del amor de sus padres, porque entendieron que la situación no daba para más y no deseaban ser una carga familiar; hoy cada uno de ellos se dedica a un oficio y sobreviven a duras penas como miles de jóvenes en nuestro país.

Rosaura Llaque llegó a Lima desde su natal Marccaraccay con cientos de paisanos el año 93, desplazados por la violencia que desató Sendero en todo Ayacucho. Ella con sus tres hijos menores huérfanos, se fueron a vivir inicialmente en casa de un pariente en Villa el Salvador, que los acogió por un tiempo.

Comprendió que para sobrevivir en casa ajena tenía que colaborar, su situación la obligó a enfrentar al monstruo de la capital, desconocida ciudad para ella y sus hijos. Hizo de todo para salir adelante, desde telonera como cantante folclórica, tenía bonita voz, hasta vendedora de tamales, pasando por costurera y recolectora de cartón.

En VES sus hijos crecieron desarraigados y en una permanente lucha por hacerse al ambiente costeño, al colegio, a los amigos y a la carga de xenofobia subrepticia existente en nuestra sociedad, huérfanos física y moralmente, sin el consejo y orientación paternal, el padre fue rondero y murió asesinado cruelmente por SL.

Rosaura sufrió en carne propia junto a sus hijos, la grave situación que vivían sus paisanos, en diferentes lugares de la capital, le fue difícil comprender que era una más de los desplazados internos, forzados u obligados a escapar o huir de su hogar o lugar de residencia habitual, abandonándolo todo para salvar su vida y la de sus hijos, por el intenso miedo que la violencia terrorista, había impregnado en la población los seguidores de Guzmán.

Lastenia Parisaca es una mujer de sesentaicinco años, abuela de tres nietos, que después de más de 20 años de vivir en Lima, junto a un millar de campesinos retornó a su tierra en la comunidad de Marcas en Huancavelica, de donde salió huyendo con sus hijos de las hordas terroristas de SL.

A ella le hubiera gustado regresar en compañía de su esposo, pero este falleció recientemente de una penosa enfermedad, donde la falta de un tratamiento medico y la pobreza se confabularon para dejarla viuda. Pese a que sus hijos mayores le rogaron que se quedara a vivir con ellos, ella decidió regresar para recuperar sus bienes abandonados, regresó con la esperanza de reencontrarse con los parajes prodigiosos que guardaba en su mente y junto a sus dos amigas, que como ella, regresaban esperanzadas en un futuro mejor.

Lastenia y sus paisanos saben, que para ellos este es un nuevo inicio en su vida, un reto que tendrán que superar. Su situación ha cambiado ahora es viuda y está sola. Así como ella son pocos los que se atrevieron a regresar y enfrentar nuevamente una realidad diferente a la que dejaron, encontrar un pueblo abandonado y con tierras sin labrar.

¿Qué tienen en común estas tres madres?, así como Helena Moyano, Pascuala Rosado y tantas mujeres que entregaron su vida por nuestra sociedad; para sus comunidades y familiares son heroínas de la vida.

Lucharon y siguen luchando contra la violencia, el desarraigo, contra la pobreza, se enfrentaron y se enfrentan al destino todos los días, para ellas no hubo días de descanso, ni feriados largos para hacer turismo interno.

Continúan luchando contra la exclusión, en busca de justicia para sus deudos, sienten en carne propia que para ellos los derechos humanos, que tanto pregonan las ONG´s, pasaron de costado con la mirada en otro lugar y ellas actualmente, representan el abandono permanente en que las han sumido la pobreza y el olvido de estas organizaciones que privilegian su ayuda a las organizaciones terroristas.

Lucharon con denuedo para sacar a sus hijos adelante, no han podido superar la pobreza, pero de una cosa están seguras, son las madres que con su ejemplo sembraron nuevos paradigmas en sus comunidades, no están en pos de la fama, ni siquiera de una portada, solo quieren paz y justicia.

En este día de la madre les rendimos nuestro fervoroso homenaje a todas las madres del Perú, representada por estas tres mujeres; reciban en el calor del hogar todas las muestras de afecto de familiares y amigos, y tengan la satisfacción de haber salido de la sima más profunda, de haber contribuido con su esfuerzo y desvelo, a la paz que hoy disfruta nuestro país; aún falta mucho, es cierto, pero lo que se ha logrado ha costado, parafraseando a Winston Churchill “Sangre, sudor y lagrimas”
Heroínas de la vida, anónimas, pujantes y luchadoras. ¡Feliz día de la Madre!

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