Australian War Memorial

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EXTERIOR DE MEMORIA DE LA GUERRA-AUSTRALIA

martes, 28 de julio de 2026

El escenario político, económico y social que encontró Alberto Fujimori en 1990 y el que enfrentará Keiko Fujimori en 2026.

 


“El Perú será grande, el Perú será lo que deba ser, si todos los peruanos nos resolvemos virilmente a engrandecerlo”

Andrés A, Cáceres.

El escenario político, económico y social que encontró Alberto Fujimori en 1990 y el que enfrentará Keiko Fujimori en 2026.

Por: Arturo Castro

Las actividades propias del nuevo gobierno comenzaron el pasado 26 de julio con la elección de las mesas directivas en el Congreso, tanto en la Cámara de Senadores como en la de Diputados, y posteriormente con la toma de juramento de sus integrantes. El 27 de julio se instaló oficialmente el Congreso Nacional, bajo la presidencia de Miguel Torres, quien ocupa la presidencia del Senado.

El 28 de julio, con la juramentación de Keiko Sofía Fujimori como presidenta constitucional de la República, se inicia una nueva etapa en la historia del país. Este hecho simboliza no solo la participación de la mujer en la política peruana, sino también la llegada de una lideresa que ha demostrado, a lo largo de los últimos 15 años, gran espíritu de lucha, perseverancia y una sólida moral para sobreponerse a persecuciones y encarcelamientos injustos promovidos por sus adversarios.

El 29 de julio, se realizará la tradicional parada militar en homenaje a la Patria, en el marco del Ducentésimo Quinto Aniversario de la Proclamación de nuestra Independencia, donde nuestras Fuerzas Armadas, Policía Nacional y organizaciones patrióticas rendirán tributo a la nación.

No podemos ignorar la realidad: después de haber estado en una especie de oscurantismo político durante mucho tiempo, enfrentando amenazas que pusieron en peligro nuestra seguridad como Estado, finalmente se vislumbra un cambio, una apertura de la visión nacional. La luz de la esperanza, la confianza y el orden comenzarán a ingresar en nuestro panorama, guiados por la disciplina y el respeto por el Estado de Derecho.

Es innegable que este nuevo gobierno ha generado expectativas en la población; sin embargo, los desafíos son enormes. El escenario político, económico y social se encuentra convulsionado por graves amenazas a la estabilidad del país. Enfrentamos fuerzas oscuras, que se mantienen a la espera, listas para atacar; una naturaleza parasitaria con su propia narrativa, que forma parte de una estructura que busca socavar nuestra soberanía y bienestar.

Por ello, resulta pertinente realizar una comparación entre el inicio del gobierno de Alberto Fujimori en 1990 y el eventual de Keiko Fujimori en 2026. Ambas etapas representan momentos históricos muy distintos. En 1990, el Perú atravesaba una crisis profunda: colapso económico, violencia política y un sistema institucional en crisis.

En contraste, para 2026, enfrentamos un país con graves amenazas y riesgos, como la inseguridad ciudadana, el narcotráfico, el terrorismo, la minería ilegal, el tráfico de recursos naturales y la persistente informalidad, además de una fuerte polarización social y una crisis de gobernabilidad.

En el ámbito económico:

Alberto Fujimori en 1990:

Recibió de Alan García (1985-1990)un país sumido en la hiperinflación, con precios descontrolados, pérdida del poder adquisitivo, un déficit fiscal severo, reservas debilitadas y una economía prácticamente quebrada. El Estado tenía dificultades para financiarse, y la confianza tanto interna como externa estaba seriamente deteriorada. Perú, país inelegible.

Keiko Fujimori en 2026:

Encontraría una economía más ordenada desde el punto de vista macroeconómico. Aunque en sus primeras declaraciones, Keiko ha señalado que hereda un país con un verdadero desastre económico. Sin embargo, la inflación se mantiene baja o moderada, el crecimiento económico es positivo pero insuficiente, y el déficit fiscal está en proceso de ajuste.

En este escenario, el mayor reto será transformar esa estabilidad en empleo formal, disminuir la informalidad, aumentar la productividad y reducir la pobreza de manera sostenida. La diferencia radica en que, en 1990, el país necesitaba apagar un incendio, mientras que en 2026, el desafío consiste en reconstruir confianza y ampliar la economía formal para que beneficie a más peruanos.

En el ámbito político:

Alberto Fujimori en 1990:

Asumió en medio de una profunda crisis de legitimidad del sistema de partidos, con un gobierno saliente desacreditado y una creciente violencia terrorista de las organizaciones SL y MRTA. La democracia, aunque vigente, operaba en un contexto de debilitamiento institucional, aún bajo la Constitución de 1979, previa al autogolpe de 1992.

Keiko Fujimori en 2026:

Llegaría a la presidencia en un escenario de sistema político fragmentado, con alta desconfianza ciudadana hacia el Congreso, los partidos y el Ejecutivo. El país arrastra años de presidentes debilitados, vacancias y confrontaciones entre poderes, con escasa capacidad para construir mayorías estables.

Su principal desafío será gobernar sin profundizar la polarización ni activar temores autoritarios vinculados a su apellido, demostrando respeto por las instituciones democráticas  el Estado de derecho.

En el campo social:

Alberto Fujimori en 1990:

Recibió una sociedad marcada por la pobreza extrema, la desnutrición, el miedo cotidiano, el terrorismo fortalecido por la indiferencia de anteriores gobiernos, la migración interna forzada (desplazados) y una sensación de desesperanza. La prioridad social era la supervivencia económica y la seguridad frente a las amenazas de las organizaciones terroristas Sendero Luminoso y el MRTA.

Keiko Fujimori en 2026:

Encontraría una sociedad menos afectada por la guerra interna y la hiperinflación, pero mucho más marcada por la informalidad laboral, la inseguridad ciudadana, la extorsión, el sicariato, la desigualdad territorial y la precariedad en los servicios públicos. La ciudadanía exigiría resultados inmediatos en seguridad, empleo, salud, educación y lucha contra la corrupción.

Finalmente:

La diferencia fundamental entre ambos momentos radica en la naturaleza de las crisis enfrentadas. En 1990, Alberto Fujimori asumió un país al borde del colapso económico, político y social; en 2026, Keiko Fujimori encontraría un Perú con mayor estabilidad macroeconómica, pero con profundas heridas sociales, desconfianza en las instituciones y desafíos en seguridad y gobernabilidad.

El reto de 1990 fue estabilizar una nación en emergencia, mientras que el de 2026 será gobernar en un contexto donde la estabilidad macroeconómica ya no basta; se requiere fortalecer las instituciones, garantizar la seguridad, promover la inclusión social y ofrecer resultados concretos, todo ello sin sacrificar los principios democráticos.

Crear consensos entre el Congreso y Ejecutivo será una necesidad de supervivencia y una oportunidad para que el Perú, por fin encuentre la unión para lograr el bienestar de la Nación.






 

 

 

 

 

  

 

Fotografías: Captura de pantalla.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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