sábado, 13 de junio de 2009

El antimilitarismo, ese viejo rencor subliminal.

Recientemente en Valparaíso-Chile se han reunido senadores bolivianos y chilenos para participar en “IV Encuentro de las comisiones de Relaciones Exteriores”, en el que se abordó el reclamo boliviano de salida al mar, no sabemos los resultados, pero podemos presumir que, las promesas chilenas para una salida al mar de este país, siguen en pié.

Los medios de comunicación han dado a conocer que Chile sigue en su carrera armamentista en solitario, sin competidores a la vista, invirtiendo millones de dólares, que bien podrían servir para aliviar la pobreza de su país y mejorar la salud, bajo el pretexto de renovación de su armamento. Así, la prensa informa sobre sus últimas adquisiciones, misiles Exocet, aviones y helicópteros antisubmarinos.

Pero, nuestro vecino del sur no las tiene todas consigo, actualmente atraviesa por una grave crisis de energía para su consumo interno, lo que ha obligado a adquirir gas natural de Trinidad y Tobago, que será transportado, para variar, por una nave británica del consorcio British Gas group.

Mientras esto sucede en el sur, en nuestro país el gobierno no le ha dado la real dimensión a la amenaza externa en que se ha convertido Chile, por causa de su armamentismo. Frente a ello, sorprende la parsimonia y lentitud con que se abordan aquí, los temas relacionados a nuestra Defensa Nacional.

Si hacemos un retroceso en el tiempo, recordaremos que nuestro país ha tenido a lo largo de su historia innumerables oportunidades para salir de la situación de estancamiento, pobreza, atraso y encaminarse hacia el desarrollo y la modernidad.

Una oportunidad perdida fue la que provino de una fuente inesperada, el guano de la isla, que en época de los Incas fue utilizado para fertilizar las tierras agrícolas. Luego de la Conquista española este fertilizante fue prácticamente olvidado, no se aprovechó sus extraordinarias características para fertilizar y enriquecer las tierras.

Según Peter F. Klarén “En el transcurso de las cuatro décadas siguientes, de 1840 a 1880, once millones de toneladas de guano fueron extraídos, transportados y vendidos en los mercados europeos y estadounidenses, por un estimado de setecientos cincuenta millones de dólares”

En 1834 en el seno de una familia aristocrática nació Manuel Pardo y Lavalle, en 1870 era un conocido millonario capitalista que se hiciera así mismo durante el apogeo de la era del guano, como consignatario. Educado en el Colegio San Carlos de Lima y posteriormente en el Collégue de Francia, donde estudió economía.

Durante el gobierno de Balta (1868-1872) el escenario nacional estuvo marcado por dos acontecimientos políticos que marcarían hondas huellas en la historia de nuestro país: el final del predominio militar y el nacimiento del partido civilista fundado por Manuel Pardo. Apareció en la escena nacional Nicolás de Piérola, uno de los personajes más controvertidos de la historia.

Nicolás de Piérola fue ministro de Hacienda durante el gobierno de Balta. Realizó un contrato con la casa Dreyfus para comercializar dos millones de TN de guano dejando de lado a los consignatarios, quienes protestaron y presentaron el caso al Poder Judicial que falló a su favor. El gobierno no estuvo de acuerdo con el fallo judicial y dejó en manos del Congreso, en 1870 el contrato fue aprobado por el Congreso. Luego de su aprobación, 33 miembros de la bancada oficialista se pasaron al partido de los liberales, fueron nuestros primeros “tránsfugas” de la política.
El 24 de abril de 871 una junta de notables presentó a Manuel Pardo como candidato a la Presidencia de la República. El 29 de abril de 1871 se fundó el partido civilista. Apoyaron la candidatura de Pardo, los antiguos consignatarios, los dueños de los bancos, el comercio, con lo que se aseguraban los fondos para la campaña.
La formación del partido civilista no obedeció como muchos creen al deseo de cerrar el paso a los militares, quienes habían tenido mucho protagonismo después de la guerra libertaria. Más bien esto fue un pretexto de los grupos de poder económico que ansiaban o aspiraban su consolidación como actores políticos y grupos dominantes en la sociedad peruana, quienes ya no estaban involucrados en el manejo económico del guano.
Manuel Pardo fue un importante consignatario, importador y financista. En 1862 fundó el Banco del Perú y fue presidente de la Compañía Nacional del Guano. Entre 1869 y 1872 se convirtió en la figura dominante de la política peruana, elegido en 1872 como primer presidente civil gobernó hasta 1876 y fue asesinado en 1878.
La depresión mundial de 1873 afectó al Perú, causó un fuerte descenso en sus exportaciones, la producción de algodón disminuyó a la tercera parte. Los ingresos provenientes por el guano, cuyas reservas estaban casi agotadas, cayeron en 35%, de 4 millones de libras esterlinas en 1869, descendieron a 2,6 millones en 1875.
Manuel Pardo hizo frente a la crisis aplicando un programa de austeridad, que no incluyó a su proyecto ferrocarrilero. Dispuso la disminución del personal de las fuerzas armadas, demostrando una actitud antimilitarismo, el mismo que derivó en la aplicación de políticas concretas y decisivas de su gobierno contra el Ejército. Además se redujo la burocracia y se implantaron más impuestos, que a la larga disminuyó la popularidad del presidente.
Pardo se preocupó por explicar su fuerte actitud antimilitarista a su manera, como en la carta publicada en esa época, “No son menos gratuitas… las suposiciones relativas a mi antagonismo con el Ejército. El orden público y el honor nacional, son dos necesidades demasiado fundamentales en toda sociedad para echar a un lado como un estorbo lo que es uno de los principales baluartes. Pero el ejército no es el militarismo, como la institución no es el cáncer que lo gangrena. El militarismo es el enemigo más formidable del verdadero Ejército, es lo que lo corrompe, lo que lo desacredita, lo que lo vulgariza, lo que ahoga todos los elementos nobles, dignos y abnegados que se encuentren bajo el uniforme”.(1)

El planteamiento de Manuel Pardo entre Ejército y militarismo era real y objetivo. Sin embargo, en la realidad las medidas que tomó no eran consecuentes con su expresado respeto por el Ejército. No supo mantener el equilibrio y se excedió en su intento de quitar toda oportunidad de intervención a los militares en la vida política del país. Su intención fue lograr la desaparición del Ejército y la formación de una fuerza paralela, la Guardia Nacional que le sirviera como contrapeso político ¿Les recuerda a alguna situación parecida o análoga en la actualidad?

Manuel Pardo justificó la disminución de efectivos en el Ejército amparándose en la supuesta necesidad de mantener una fuerza armada pequeña, convenientemente instruida, respetuosa de ciertos valores y que olvidara las prácticas militaristas, para lo cual iniciaría una reforma en el Ejército. Nunca llegó a hacerlo, más bien se dedicó a fortalecer a la Guardia Nacional, que lo ayudó a superar los levantamientos contra su gobierno como el protagonizado por Nicolás de Piérola.

Sus adversarios políticos y sus amigos le reprocharon su decisión de fortalecer la Guardia Nacional y utilizarla como contrapeso político del Ejército. Frente al fortalecimiento de esta, se dio el debilitamiento del Ejército. Además para la organización de la Guardia Nacional se cubrió los cuadros con miembros de su partido, lo que le quitó seriedad e imparcialidad a su decisión.

El 7 de noviembre de 1872, Manuel Pardo y Lavalle dio la ley de reorganización de la Guardia Nacional, “Según esta norma, debían organizarse los cuerpos cívicos que eran necesarios para completar el efectivo del Ejército. Para ello desactivo cuerpos de esta institución, sin autorización de ninguna ley, incrementó los cuerpos cívicos desmedidamente, reclutando mucho más de lo que la ley lo autorizaba” (2)

Solo para tener una idea de la magnitud de las reformas y lo negativas que resultaron estas medidas, “cuando Manuel Pardo asumió el poder en 1872 en el Ejército existían 8 Batallones de Infantería, 2 Brigadas de Marina, 3 Regimientos de Caballería y 2 Regimientos de Artillería”. (3)

Un año después el gobierno redujo los efectivos del Ejército, hasta dejarlo en 4 Batallones de Infantería, 2 regimientos de Caballería y 2 regimientos de Artillería. Al siguiente año en 1874, los Batallones de Infantería se redujeron a 3, los de Artillería a uno y se mantuvo en dos los Regimientos de Caballería.

Mediante Decretos Supremos del 11 y 18 de noviembre de 1872, se habían creado las siguientes unidades de la Guardia Nacional: 20 Batallones de Infantería en Lima y Callao y 7 Unidades de Caballería entre Regimientos y Escuadrones, este crecimiento exponencial de la Guardia Nacional, no guardaba relación con la extensión geográfica y responsabilidad que debía asumir esta fuerza. Era muy notable la diferencia entre ambas organizaciones.

El impacto en la reducción del Ejército fue grande para la opinión pública nacional; pero, como siempre ha sido el sino de nuestra historia, un sector mayoritario de la sociedad aprobó estas reformas, con lo que el futuro de la seguridad del país se hipotecó por una pésima decisión, carente de visión estratégica, frente a nuestro adversario del sur que venía preparándose y adquiriendo pertrechos militares en Europa.

No se podía argumentar que el presidente y el Congreso desconocían lo que mandaba la constitución de 1860 vigente durante su gobierno, “En cuanto al rol de la Fuerza pública, la Constitución de 1860 aprobada solo cuatro años después de la de 1856 se ratifica en cuanto al rol de la Fuerza Pública, en el sentido de reconocerla como institución responsable de hacer cumplir las leyes del país” (4)
El entusiasmo de esta fobia contra los militares, se patentiza cuando en el cumpleaños de Pardo un joven civilista, levantando su copa hizo un brindis con las siguientes palabras “Por don Manuel Pardo que ha sabido gobernar bien, gobernar sin ejército y gobernar sin plata”

Respecto a la Marina de Guerra, Manuel Pardo tuvo otra actitud, el trato era más afable, mientras en el presupuesto de 1869-1870 el gasto se distribuía así: 63% pare el Ejército y 37% para la Marina, en el bienio 1873-1874 pasó a ser: 56% para el Ejército y 44% para la Marina cuyos efectivos eran menores. Este incremento en el presupuesto para la Marina nada significó en cuanto a elevar el nivel operativo naval, frente a la calidad y cantidad de adquisiciones navales por Chile.

Cuando se le decía al presidente que debía preocuparse por ese aspecto, Pardo contestaba que tenía dos poderoso blindados, "Argentina y Bolivia", se refería a los pactos defensivos que se negociaban con ambos países, se concretó con Bolivia, pero no con Argentina.

En 1872 la Marina de Guerra le presentó un informe sobre el desastroso estado en que se encontraba la escuadra, comparándola con un “museo de arquitectura naval”. “Posteriormente recibió un informe de dos oficiales que habían estado en Londres, donde construían pequeñas barcas para el servicio de guardacostas, la “Pilcomayo” y la “Chanchamayo”, mientras Chile había ordenado construir los acorazados chilenos “Blanco Encalada” y “Cochrane”, la puesta en servicio de la corbeta “Magallanes” y el vapor “Tolten”.(5)

De inmediato Pardo pidió autorización al Congreso para invertir 2 millones de soles y adquirir dos acorazados superiores a los chilenos, lo cual se le concedió y contrató la construcción de los barcos. “Posteriormente Pardo convocó a una junta de “expertos” para evaluar las potencias navales relativas de Perú y Chile, cuyas conclusiones fueron muy tranquilizadoras, el gobernante de manera irresponsable rescindió el contrato, no sin antes pagar una prima a los constructores por dicha anulación”(6)

En el S. XXI durante el quinquenio del ex presidente Toledo sucedió algo parecido, así el año 2001, decidió reducir drásticamente –en más del 20%– el presupuesto de Defensa del año 2002, sin aplicar ningún criterio técnico ni científico, y sin considerar el rol fundamental de las FF AA, ni tener en cuenta su estructura, capacidades futuras y amenazas externas. Rememoremos también que por esos tiempos Toledo tenía en Palacio de gobierno un asesor chileno.

En el Ejército fue calamitosa esta disminución. Se aplicó una reestructuración que no ha dado ningún resultado, solo sirvió para efectos inmediatistas, cálculo político y promoción mediática. Además, se desmantelaron importantes Bases Contrasubversivas, no se previó la adquisición de nuevo material bélico para las FFAA, pese a conocer que Chile se había embarcado en una carrera armamentista. El presupuesto no alcanzaba ni para pagar los servicios públicos esenciales (SSPPEE).
La falta de previsión, sumado a la carencia de una visión geoestrégica no nos permiten superar las debilidades del pasado, lo que se refleja en el presente en un sentimiento político antimilitarista, aunque de la boca para afuera se diga lo contrario.

Podemos percibir que ese soterrado sentimiento antimilitarista, aflora de inmediato y aflora, no solo en la persecución a los militares que participaron y participan en la lucha contrasubversiva, sino lo que es peor, en mantener una situación operativa aún disminuida para hacer frente a la amenaza externa y lo más grave, unas remuneraciones y pensiones ancladas en la década de los ochenta del siglo pasado. ¿Hasta cuándo?
Notas:
(1), (2), (3), (5) y (6): CPHE, Historia General del Ejército el Perú. Tomo V, El Ejército en la República S, XIX. Primera Edición. 2005
(4): Castro, Jaime Raúl. Aportes para una nueva visión de la Seguridad y Defensa Nacional. Primera Edición, Julio 2006. Ediciones Culturales e Impresiones Lecting S.A.C.

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