lunes, 25 de mayo de 2009

Oráculo de Delfos.

Bastó que los medios de comunicación publicaran los resultados de las últimas encuestas, sobre preferencia y percepción de los probables candidatos para la presidencia del 2011 y que son favorables largamente a Keiko Fujimori, para que causara pánico y preocupación en sus contendores políticos y se desatara como un huaico andino de inconmensurables proporciones, una campaña mediática de demolición contra la hija del ex presidente.

Desempolvaron una vieja y añeja investigación sobre los gastos en la educación de Keiko y sus hermanos. De nada valió la conferencia de prensa que realizó Keiko en el congreso, algunos medios no le dieron la cobertura necesaria y por tanto la opinión pública, no tuvo acceso a las aclaraciones con documentos en mano.

En medio de esta batahola, en la que participan la mayoría de medios de comunicación, también ex ministros, novelistas, ex comisionados de la ex CVR, ex congresistas toledistas, “líderes de opinión”, que se cuelgan de esta oportunidad sicológica que se les ha presentado. Claro está, para olvidar su viejo pasado fujimorista, deslindando lo que no pueden deslindar y atacados por un severo cuadro de Alzheimer.

Hablaron quienes se consideran la conciencia moral del país, los representantes del pensamiento correcto, los paladines de la justicia. Los personajes de mente lúcida, y que se arrogan la responsabilidad de velar por la honestidad, limpieza y pulcritud política, así como por la defensa de los derechos humanos de los desposeídos y de los pseudo “luchadores sociales”.

¿De quiénes estamos hablando?, de aquellos que fungen o se atribuyen una función para la que nadie los ha designado, elegido, ni solicitado. Son los modernos Robin Hood de la política y que aprovechan para desinformar a la opinión nacional. No es que el arte del engaño sea potestad y privilegio de especialistas en OPSIC, periodistas o comunicadores. Para qué, si tienen toda una maquinaria mediática a su disposición.

En esta función sirven también, medios y diarios cargados de propaganda, novelistas especialistas en crear mundos posibles, ex ministros que fracasaron en su gestión y comisionados de la ex CVR, que inflaron sus datos sobre muertos y desaparecidos durante la lucha contra los enemigos de la patria y que emprendiera el Estado para defenderse de esta agresión violenta.

No hay necesidad de viajar al recinto sagrado de Delfos en Grecia, levantado al Dios Apolo, para preguntar por nuestras inquietudes y tranquilizarnos, para qué, bastará tan solo con preguntar y ellos en la magnificencia de su rol, para el que se han elegido, responderán lo que es correcto, lo que es más conveniente para la seguridad y desarrollo de nuestra patria.

Como tantas veces ha ocurrido en nuestro país, se reescribirá la historia, se llenarán toneladas de páginas y más páginas, se derribarán bosques del tamaño de un estadio para producir más papel. Con la finalidad de reescribir no una nueva historia, sino la misma, pero contada a la manera conveniente, es decir a su manera.

Esta nueva historia, sin lugar a dudas será una leyenda a la medida de sus deseos y apetencias. Una historia imperfecta según sus propias palabras. Pero así es la Democracia, con sus errores que conviven a su lado, como la corrupción campeando en todos los estamentos del estado, de este Estado putrefacto.

Nos quieren vender el San Benito que la corrupción nació en el gobierno Fujimorista, nos aseguran que así fue. No ignoran, que está demostrado que la corrupción es un cáncer social, que esta enfermedad no existe de manera silvestre.
Nació junto con el hombre, pegado a su piel, voló desde las cavernas al siglo XXI en el Pegaso del tiempo y nada ha cambiado en el horizonte, no hay nada nuevo bajo las estrellas. La corrupción es parte del diario vivir, se ha vuelto algo cotidiano y permanente.

Todos saben que para la existencia de esta lacra social, es necesario el concurso y existencia de un binomio el "corrupto y el corruptor". Para nadie es un secreto que ambos se protegen entre sí, el uno al otro, coexisten en el mismo lodazal y viven como rémoras pegadas a la piel del Estado.

El primero normalmente está enquistado en las Instituciones del Estado y el otro puede ser cualquier ciudadano que requiere los servicios como: lograr contratos favorables con el Estado, agilizar gestiones de toda índole, enterarse del contenido de una resolución judicial, hacer la cola para atenderse en un hospital de salud, gestionar certificados de antecedentes penales y judiciales, o comprar entradas para algún espectáculo.

Esto lo vemos casi a diario, es que Lima se ha convertido, por obra y gracia del capitalismo en la capital de los espectáculos más importantes a nivel planetario. Siempre habrá alguien que aciete la maquinaria del Estado en algún nivel, venda su lugar en la cola, para una gestión y para agenciarse la copia de una resolución, o sabe Dios para qué.

Entonces la pregunta es ¿Realmente nos quieren tomar el pelo? ¿Quieren hacer creer al pueblo que la corrupción recién nació durante el gobierno de Fujimori?, ¡señores! no jueguen con nuestra inteligencia.

Recordemos que la corrupción tiene asiento en nuestro país desde la época en que Atahualpa sobornó a Pizarro ofreciéndole 2 cuartos de plata y uno de oro por su libertad y el ambicioso español frotándose las manos de satisfacción aceptó y luego lo mando asesinar.

Al inicio de nuestra era republicana durante la elección de los miembros del Congreso Constituyente de 1821 convocado por San Martín. Manuel Antonio Colmenares fue elegido representante de Huancavelica. Este personaje llevó del mercado a indígenas cargadores al recinto electoral, les entregó cédulas escritas para que votaran por él. Salió elegido y nadie lo conocía en Huancavelica.

En todos los gobiernos que se han sucedido en la administración del Estado se han descubierto o denunciado casos de corrupción. Desde la disposición de la renta del guano para el pago de las deudas de la guerra independentista, reconocidos en el proceso denominado “consolidación de la deuda externa”.

El pago por la manumisión de los esclavos fallecidos o que nunca existieron. Los consignatarios del guano que se beneficiaron con los contratos. El monopolio de la explotación y comercialización a cargo de la casa Dreyfus, a cambio de un empréstito para pagar deudas e intereses vencidos.

Las coimas repartidas durante la construcción de los ferrocarriles, las comisiones repartidas entre políticos y las recibidas de los hacendados y mineros interesados en el trazo del ferrocarril. Para 1870 y durante la guerra con Chile se dejó de pagar la deuda contraída.

En 1889 se logró un acuerdo mediante el contrato Grace, casa representante de tenedores de bonos no cancelados. Este contrato fue denunciado por su “entreguismo y corrupción”. El país perdió todos los ferrocarriles, parte de la producción del guano, las minas de mercurio de Huancavelica y de carbón de Ancash.

Cedimos el control de algunas aduanas y millones de hectáreas de tierras en la selva. Allí nació la poderosa Peruvian Corporation que controló la rede ferrocarrilera del país hasta 1970 que el gobierno militar de Velasco estatizó.

A cambio de estas concesiones el gobierno peruano fue liberado de sus obligaciones respecto a los empréstitos de 1869, 1870 y 1872 y recibió 250, 000 soles al firmar el contrato y 200,000 libras esterlinas en veinte años.

Existen muchos casos de corrupción a lo largo de la historia de nuestro país hasta la actualidad y con seguridad se presentarán muchos más en el futuro. Qué duda cabe, la imperfección humana es débil y tolerante.

Es un cáncer que no tiene límite y los involucrados tienen el don de la ubicuidad. Se reciclan, se lavan, se maquillan, en algunos casos se hacen la liposucción y lipoescultura para pasar desapercibidos y mimetizarse en el ambiente y fingir ser ejemplos vivos de moral y honestidad. Se han convertido en la luz, guía y portaestandarte de la moralización. ¿Qué les parece?

¡Señores!, no nos dejemos engañar, la corrupción es tan vieja como la prostitución, se pierden en el tiempo. Ambos oficios se dan la mano y caminan el largo camino de la supervivencia, bajo el amparo de la podredumbre y debilidad moral de los seres humanos.

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