Australian War Memorial

Australian War Memorial
EXTERIOR DE MEMORIA DE LA GUERRA-AUSTRALIA

domingo, 11 de enero de 2026

Crónicas viajeras. Del baúl de los recuerdos: “Viaje a Canberra”.

 

PARLAMENTO DE LA MANCOMUNIDAD-PARLIAMENT OF THE COMMONWEALTH

Crónicas viajeras

Del baúl de los recuerdos: “Viaje a Canberra”.

Por: Arturo Castro

Sydney, es otoño, la tenue luz del amanecer se filtró entre los pliegues de la persiana en el dormitorio que ocupábamos, la transparente cortina blanca no podía detener la energía que llegaba a gran velocidad, disipando el frío de la madrugada de este otoño en Sydney, que día a día viene sintiendo el descenso de la temperatura; poco a poco, muy suavemente, nuevamente los rayos del sol se introducían en el dormitorio, invadiendo los confines más oscuros e irradiaba energía y vida, y en los árboles y sobre el pasto del campo aledaño, el rocío matinal había dejado las huellas de su paso nocturno.

Así, el día amanecía como siempre, el bosque despertó de su letargo y se llenó de del ruido del nuevo día, un concierto de trinos y el movimiento de los músculos siríngeos de las aves cantoras emitían sonidos peculiares de cada especie, como las kookaburras conocidos por su canto en forma de risa histérica, las alondras urracas cantando con una alternancia rápida demarcando su territorio, el canto de los loros y pericos que se desperezan en sus nidos, los cuervos repitiendo la única letra del alfabeto que aprendieron,  la primera, y el canto de la cacatúa inca con su moño amarillo, parecido al llanto de los bebes.

Todo es un gran concierto de voces y de cantos que nos trae el amanecer de cada día, ese sábado, luego de haber descansado bien la noche anterior, previa visualización de una película cuyo protagonista fue Tom Cruise, nos levantamos temprano, nos duchamos, un buen desayuno que preparó con todo su amor Chabuca, quien había madrugado para este evento y nos preparamos para el paseo, así que, liamos nuestros bártulos, los anteojos negros para evitar los rayos UHV, agarramos nuestras mochilas, acomodamos todo en la maletera del auto, subimos al vehículo y enrumbamos hacia Canberra, la capital federal de Australia, sede de los tres poderes del Estado australiano.

Mientras nos desplazábamos de la casa hacia el Motor Way (autopista) N° 7 a escasas 10 cuadras, los cuatro conversamos animadamente sobre el viaje de tres horas de duración o 300 kilómetros aproximadamente que era la distancia a la que se encuentra Canberra de Sydney y que, nuestro conductor sonriente, quien iba bien concentrado en la pista, le preguntamos a Iván, quien irradiaba seguridad al volante, muy seguro de sí mismo, con ambas manos seguras en el timón, cuántas veces había hecho ese trayecto, él con su característica sonrisa de oreja a oreja,  nos respondió que había visitado dos veces esta ciudad, conocía bien la ruta, es decir tenía experiencia, pero, para casos extremos disponía del GPS y asunto arreglado.

Los ocupantes del Toyota corolla íbamos conversando sobre lo que conoceríamos al llegar a la ciudad tranquila de Canberra, como en todo viaje siempre suceden sorpresas, de todo tipo y calibre, estábamos preparados para cualquier cosa, dado la experiencia que teníamos de viajes largos en Perú, por razones de mi profesión, así en Perú innumerables veces tuvimos que trasladarnos por razones de servicio a diversos lugares de nuestra difícil geografía, por ratos desértica, andina y selvática en algunos casos muy personales, en que la familia debía quedarse en la ciudad.

Comparamos este viaje, con el que hicimos de Lima a Ica o viceversa cuando veníamos de Ilo a Lima, para visitar a la familia, una vez al año, es la misma distancia, la carretera en buenas condiciones, quizás falto de señalamiento de tránsito y profusión de publicidad en la nuestra y el desierto costero peruano a ambos lados de la carretera domina todo el recorrido.

Una gran diferencia, el trazo de la autopista sigue una línea que atraviesa un paisaje dominado por campos agrícolas y ganaderos y árboles a ambos lados de la autopista en una cantidad interminable y que le dan una característica especial a esta ruta llena de señales, avisos electrónicos con información instantánea sobre la situación de la carretera: accidentes, detenciones, velocidad máxima de desplazamiento, teléfono para uso solo de emergencia, ubicación de ciudades en la ruta, salidas y entradas de y hacia otras rutas, y especialmente áreas de descanso para los conductores en las que se encuentra servicios higiénicos, mesas y bancas para comer, descansar un buen rato o quedarse a dormir en el vehículo para reponer fuerzas.

En nuestro viaje a Canberra utilizamos dos veces estas áreas y pudimos observar la presencia de familias con hijos pequeños, que descansaban parejas de esposos sin hijos que hacían uso de los servicios higiénicos, o sentados en las bancas y tomando líquidos y comiendo, o personas más o menos de nuestra edad que descansaban, todos muy amables, saludan al reconocernos foráneos, para luego proseguir su viaje.

Es bueno precisar que los días anteriores al día del viaje las condiciones atmosféricas se mantuvieron estables, a veces cielo nuboso con amenaza de lluvia, sin lluvia al final, días soleados con bastante sol. Inicialmente el viaje iba tranquilo, pero luego el cielo se tornó gris y comenzó una lluvia muy fina, que poco a poco se puso se puso tupida y que no dejaba ver absolutamente nada, felizmente la autopista estaba señalizada y los otros vehículos disminuyeron la velocidad, nuestro conductor por precaución hizo lo mismo y puso sus cinco sentidos en la carretera, la visibilidad había disminuido, se había reducido en 60%, el limpiaparabrisas hacía lo que podía.

La espectacular lluvia acompañada de rayos y truenos nos acompañó casi hasta nuestro destino, faltando escasamente diez kilómetros la lluvia se fue disipando hasta escampar el horizonte y el sol nuevamente se posesionó del cenit.

Era casi mediodía cuando ingresamos a Canberra, nos sorprendió sus calles poco transitadas, la ciudad abrió sus brazos y nos recibió, cumplimos las actividades de alojarnos y de inmediato recorrimos su calles, y luego nos dirigimos a visitar el memorial The War, lugar de la memoria y museo en honor a los combatientes de las Fuerzas Armadas australianas, que han intervenido en un centenar de guerras como parte de la comunidad británica, recorrimos su amplios ambientes y salones, donde se exhibe la historia militar de Australia, la intervención en todas las guerras, la batalla de Gallipoli en la I GM y la intervención en la II GM, Vietnam, Irak, de todas ellas hay exhibición de armas y pertrechos utilizado en los diferentes conflicto, los nombres de sus héroes en una pared al lado lateral de la tumba al soldado desconocido.

Luego visitamos la sede del nuevo Parlamento australiano, una moderna construcción, con ambientes amplios y elegantes, un vestíbulo totalmente construido en mármol, con columnas de hermoso diseño y escaleras que conducen al segundo piso, en el que hay una serie de ambientes dedicados a la historia de la Constitución australiana, la labor del Parlamento, una galería de fotografías con  fotos de cada uno de los senadores y diputados, un salón amplio para ceremonias y actividades protocolares. En esta sede se reúnen el parlamento de Australia, los senadores y diputados tienen un ambiente para sus sesiones, disponen de una gran zona de parqueo para visitantes en el sótano. En la superficie destaca una gran pirámide metálica y en el ápice es izada la bandera australiana.

Así, al salir del Parlamento pudimos, observar que muy cerca se encuentran los diferentes ministerios, la Biblioteca Nacional, museos y la Universidad Nacional de Camberra, así terminó nuestra breve visita a Canberra la capital federal de Australia, el retorno a nuestro alojamiento y preparar el retorno a Sydney al día siguiente, los cuatro muy satisfechos de esta breve visita.

Al día siguiente partimos de retorno muy temprano de Canberra, ingresamos a la autopista, nos esperaban 300 kms de travesía, pero los cuatros con la gran satisfacción de haber conocido la capital federal de Australia, por muchos años retendremos las imágenes de aquella ciudad y de los parajes que atravesamos, con sus bellos paisajes, tanto de ida como de retorno, un gran e imperecedero recuerdo y agradecimiento a nuestro hijo Iván, quien radica hace 20 años en Sydney.

INTERIOR DEL NUSEO DE LA GUERRA
CENOTAFIO DEL MUSEO DE LA GUERRA


ESTATUA DEL  REY JORGE  V

BIBLIOTECA DE CANBERRA
MAPA DE AUSTRALIA