Recuperación de la situación operativa del Grupo de Artillería de Campaña “Sargento Mayor Fermín Nacarino” N° 121.
Relato formal de una experiencia de servicio en Piura,
1993-1994
Por: Arturo Castro
1. Antecedentes
y llegada a la unidad
El
presente relato recoge una experiencia ocurrida durante el ejercicio del
comando del Grupo de Artillería de Campaña (GAC) “Sargento Mayor Fermín
Nacarino” N° 121, unidad acantonada en el Cuartel Grau, en la ciudad de Piura.
Los hechos se desarrollaron principalmente entre enero de 1993 y diciembre de
1994, periodo durante el cual se identificó una grave limitación en la
capacidad operativa de la unidad y se emprendieron acciones para recuperar la
operatividad de su material.
Hace
treintaitres años a comienzos de enero de 1993 llegué a la ciudad de Piura para
asumir el comando del GAC N° 121, unidad perteneciente al Agrupamiento de
Artillería “José Joaquín Inclán”.
Mi
designación representó un cambio respecto de mi trayectoria profesional, pues
contaba con experiencia y formación especializada en material Pechora,
adquirida durante mis estudios en la entonces Unión Soviética, específicamente
en la República de Turkmenia en 1976 y por haber servido casi por una década en
el Agrupamiento de Cohetes José Galvez en Lima e Ilo, entre los años 1976 y
1988 y entre los grados de teniente a Mayor.
Por
esa razón, inicialmente consideré que mi siguiente responsabilidad estaría
vinculada con dicha especialidad; sin embargo, fui destinado a comandar una
unidad de artillería de campaña, lo cual constituía un gran reto profesional.
Luego de mi llegada a Piura, me trasladé al Cuartel Grau para iniciar al día siguiente después de la presentación oficial y en los días posteriores las actividades de relevo. Dicho proceso comprendía la recepción y verificación de todos los bienes asignados a la unidad: material de artillería, vehículos, armamento menor, equipos y demás recursos necesarios para su funcionamiento y eventual empleo operacional.
2. Situación del material y de los medios de transporte
Durante
el relevo se constató que el grupo estaba dotado de doce obuses Sofma franceses
de 155 milímetros, modelo 50, con un alcance aproximado de dieciocho
kilómetros. La unidad disponía, además, de numerosos vehículos de diferente
tonelaje, entre los que destacaban los vehículos MAN, destinados a facilitar el
desplazamiento de la unidad durante las maniobras y en caso de conflicto.
También se verificó que varios vehículos Mercedes-Benz se encontraban inoperativos.
La
situación más crítica correspondía a los obuses. De las doce piezas, una se
encontraba internada en Lima, en el Servicio de Material de Guerra, para
recibir mantenimiento de cuarto y quinto escalón. Las otras once permanecían en
la unidad, pero se encontraban inoperativas, o “en panne”, según la
terminología empleada, desde aproximadamente dos años antes.
La
falla principal estaba localizada en el sistema de recuperación o retroceso de
los obuses. Este sistema había perdido aceite y presentaba empaquetaduras
vencidas y deterioradas. En consecuencia, las piezas no podían emplearse en
condiciones normales de servicio. La situación resultaba especialmente
preocupante porque comprometía la capacidad de fuego de una unidad que debía
constituir un elemento importante del Agrupamiento de Artillería “José Joaquín
Inclán”.
3. Gestiones previas y evaluación de la capacidad
operativa
De
acuerdo con la información recibida durante el relevo, el comando anterior
había efectuado gestiones ante el comando del agrupamiento, la Región Militar y
otras instancias superiores, incluido el Servicio de Material de Guerra. Sin
embargo, dichas gestiones no habían producido una solución concreta. Mientras
tanto, la unidad continuaba con 11 obuses fuera de servicio, un Grupo de
Artillería inoperativo, se había convertido en un grupo de artillería de
camiones.
La gravedad de la situación radicaba en que, ante una
emergencia, el Agrupamiento de Artillería “José Joaquín Inclán” no habría
podido contar con una unidad dotada de una importante potencia de fuegos. La
existencia nominal de los obuses no garantizaba su capacidad real de empleo.
Para que una unidad de artillería pudiera cumplir su misión, era indispensable
que sus piezas, vehículos, equipos y personal se encontraran en condiciones
operativas.
Después
de analizar la situación con el mayor de la Sección de Operaciones y los
capitanes jefes de batería, se concluyó que no era suficiente continuar con las
gestiones administrativas. Era necesario realizar una evaluación técnica
directa y buscar una solución con los recursos disponibles en la unidad. En el
entendido que las gestiones realizadas por el comando de unidad anterior no
tuvieron respuesta.
4. Organización de los equipos de trabajo
A
partir de febrero de ese año se organizaron equipos de trabajo integrados por
el oficial de la Sección de Operaciones, los capitanes jefes de batería, el
personal auxiliar y los especialistas del Servicio de Material de Guerra
pertenecientes a la unidad. El objetivo consistía en determinar el origen de la
falla, establecer el estado real de los componentes y recuperar,
progresivamente, la operatividad del material.
Como
primera medida, se revisaron los manuales técnicos de los obuses, que se
encontraban almacenados en grandes arcones. Estos documentos contenían
información detallada, diagramas y fotografías de las piezas y de los distintos
componentes de los sistemas. Luego de ubicar el manual correspondiente al
sistema de recuperación, el personal inició una revisión minuciosa para
identificar la causa de la pérdida de presión y de aceite.
5. Determinación de la falla técnica
La
revisión técnica permitió establecer que el sistema de recuperación había sido
rellenado con hidrolina, en reemplazo del aceite especificado para su
funcionamiento, no nos informaron que entidad logística había recomendado su
empleo.
El empleo de un fluido inadecuado había afectado las
empaquetaduras del sistema. Según nos informaron, durante los disparos
realizados, el fluido era expulsado del interior del sistema de recuperación con
gran fuerza y provocaba la pérdida de nivel del obús, lo que impedía que este
sistema cumpliera correctamente su función de recuperación y la continuidad de
los tiros.
Asimismo,
se comprobó que las empaquetaduras se encontraban vencidas y en muy mal estado.
Por ello, la falla no se debía necesariamente a un daño irreparable del obús,
sino a la combinación de varios factores: el uso de un fluido que no
correspondía, el deterioro de las empaquetaduras y la falta de mantenimiento
oportuno.
La
identificación de la causa permitió orientar el trabajo hacia la sustitución de
las empaquetaduras, la limpieza y revisión de los componentes y el empleo del
aceite correspondiente, conforme a las especificaciones técnicas del material.
De esta manera, el problema comenzó a abordarse desde una perspectiva técnica y
no únicamente administrativa.
Las
empaquetaduras revisadas por el especialista indicaban que eran de suela utilizado
en actividades de zapatería seguramente por su dureza, flexibilidad para
adaptarse, durabilidad y versatilidad. El aceite a utilizar estaba especificado
en el manual correspondiente y en nuestra búsqueda, solo encontramos aceite
alterno, un cilindro en la planta de Petro Perú en Talara, en esta
investigación nos ayudó muchísimo Julio A, ingeniero de planta de esta empresa
y antiguo camarada de armas.
El comandante de la Región militar de inmediato dispuso la compra del aceite y del cilindro adquirido nos asignaron un bidón de cinco galones, que fue suficiente para recargar los niveles de aceite de los sistemas de recuperación de los 11 obuses, el resto del aceite fue almacenado en Intendencia para su empleo futuro. Cuando el técnico especialista inició la recarga del aceite en el sistema de recuperación, el cañón recuperó su posición inicial.
Terminado
el relleno de las 11 piezas, recuperada la posición de los cañones, solo
faltaba la prueba de campo, salir con las 11 piezas a realizar un ejercicio de
tiro real preparado por la unidad y al campo de manobras ubicados en Pampas
Coscomba, para demostrar la operatividad del Grupo de Artillería.
Solicitamos
la autorización del comando de la región militar previa entrega del plan de
operaciones, obtenida la autorización la unidad completa salió de maniobras, ocupó posiciones en la región pampas Coscomba
y procedió a realizar el ejercicio de tiro, la alegría del personal de la
unidad fue inmensa, cuando los tiros dieron en los objetivos designados, y los
obuses no habían sufrido ningún percance en su operatividad. Lo que demostraba
su completa operatividad.
Al
retorno al cuartel me apersoné a la oficina del General Comandante del LA
región militar para darle cuenta que el ejercicio de tiro había salido
excelente y que de esta manera se había recuperado la condición operativa de un
grupo de artillería de campaña.
6. La situación regional en 1994 y 1995
Durante
1994 se recibió información sobre la posibilidad de que Ecuador realizara
operaciones ofensivas contra el Perú. En ese momento no se conocía cuándo
podrían comenzar ni en qué sector de los 1.529 kilómetros de frontera
compartida se producirían. Una de las zonas consideradas de riesgo era la
frontera no demarcada de la cordillera del Cóndor, incluido el sector del
Cenepa.
En
enero de 1995 se produjo una nueva escalada de tensión entre ambos países. Se
activaron las alarmas y se movilizaron fuerzas hacia distintos sectores de la
frontera, entre ellos Tumbes, Sullana y la selva. En ese contexto, el GAC
“Sargento Mayor Fermín Nacarino” N° 121, una de las unidades que formaba
parte del Agrupamiento de Artillería “José Joaquín
Inclán”, se desplazó hacia su zona de responsabilidad en Zarumilla, Tumbes.
La
coyuntura confirmó la importancia de la situación detectada durante el relevo
de 1993. Una unidad de artillería no podía ser considerada operativa únicamente
porque sus piezas figuraran en los inventarios. En una situación de conflicto,
debía contar con obuses funcionales, vehículos disponibles, personal preparado
y sistemas de apoyo en condiciones reales de empleo.
7. Consideraciones finales
La
experiencia del GAC N° 121 demuestra que la operatividad de una unidad militar
depende de un mantenimiento constante, de la supervisión técnica y de la
responsabilidad de sus mandos. La falta de aceite adecuado, el deterioro de las
empaquetaduras y la ausencia de una intervención oportuna habían dejado fuera
de servicio a once obuses de 155 milímetros, reduciendo considerablemente la
capacidad de fuego de la unidad y del Agrupamiento José Joaquín Inclán.
La
conformación de equipos de trabajo, la revisión de los manuales técnicos y la
participación del personal especialista permitieron identificar el origen de la
falla y encaminar las acciones de recuperación. Este esfuerzo constituyó una
respuesta concreta frente a una situación que durante años había sido atendida
principalmente mediante comunicaciones y gestiones administrativas.
La
recuperación operativa de esta unidad marcó un hito importante, porque el año
1995 Ecuador nuevamente invadió territorio del Perú en el Cenepa, iniciando un
conflicto por reivindicación territorial, que llevó a un enfrentamiento entre
los dos países, lo que comprometió el empleo de esta unidad y el desplazamiento
de las unidades de Piura, Lobitos, Lambayeque y Sullana a la frontera a su
sector de responsabilidad, entre ellas el GAC Sgto. Mayor Fermín Nacarino N°
121 completamente operativo.
Siempre
me pregunté ¿Qué hubiera pasado de haber seguido la política de esperar que la solución
de recuperación operativa viniera de la superioridad?
¿Qué
hubiera sucedido si el esfuerzo realizado por todo el personal de la unidad hubiera
fracasado, al intentar poner operativos los obuses durante el ejercicio de tiro
real?
Con
seguridad hubiera asumido mi responsabilidad de las acciones adoptadas y
ordenadas por mí, la reacción del comando de región hubiera sido impredecible y
en 1995 el GAC N°121 se hubiera quedado en Piura, tal como la encontré al
inicio de mi gestión. Es cierto, el comando de la unidad se jugó su destino
asumiendo un mantenimiento de un escalón superior que no le correspondía, era
ello o la indiferencia, apatía, e irresponsabilidad.
Deseo
enfatizar que, el trabajo realizado no recibió el reconocimiento oficial
correspondiente, de ninguno de los niveles de comando de la Institución por la
recuperación operativa del material; pero, representó una muestra de
iniciativa, responsabilidad y compromiso con el servicio.
La
experiencia dejó una enseñanza fundamental: la capacidad operativa no se
garantiza con la sola existencia del material, sino con su mantenimiento,
conocimiento técnico, supervisión permanente y disposición para afrontar los problemas
con decisión y sentido del deber.
Región Coscomba- Piura
1993
Fotos: Colección Arturo
Castro.





