Australian War Memorial

Australian War Memorial
EXTERIOR DE MEMORIA DE LA GUERRA-AUSTRALIA

domingo, 19 de julio de 2026

Keiko Fujimori: perseverancia, lucha política y vigencia histórica entre 2011 y 2026.

 


Keiko Fujimori: perseverancia, lucha política y vigencia histórica entre 2011 y 2026.

Por: Arturo Castro
A doscientos cinco años de que el generalísimo Dn José de San Martín Matorras,  declaró la libertad e independencia de nuestra patria, el Perú ingresa a una renovada era republicana, porque será la primera vez que una dama, la Sra. Keiko Sofía Fujimori Higuchi, asumirá la presidencia de nuestra nación, sin lugar a duda, será una fecha que quedará perennizada en los anales de nuestra querida patria.

A continuación, un relato resumido de las principales acciones de la vida política de la lideresa de Fuerza Popular. Entre 2011 y 2026, Keiko Sofía Fujimori Higuchi protagonizó una de las trayectorias políticas más persistentes y combativas de la historia republicana reciente del Perú.

Durante quince años enfrentó campañas adversas, ataques políticos, persecución judicial, injusta y arbitraria detención, campañas mediáticas de demolición y un sentimiento antifujimorista cuidadosamente alimentado por sus enemigos; sin embargo, nunca abandonó la lucha democrática ni renunció a su vocación de servicio al país.

La historia de Keiko Sofía es la historia de una mujer luchadora que supo levantarse una y otra vez, sostener una organización política nacional y mantenerse vigente pese a los intentos sistemáticos por excluirla del escenario público.

1. 2011: el inicio de una larga batalla política

En las elecciones generales de 2011, Keiko Fujimori irrumpió con fuerza como candidata presidencial de Fuerza 2011. Su candidatura apareció en una coyuntura compleja, marcada por la competencia entre varios liderazgos nacionales y por la presencia de una prensa que ya comenzaba a definir posiciones políticas abiertas. En medio de ese escenario, Keiko logró pasar a la segunda vuelta frente a Ollanta Humala, demostrando que el fujimorismo seguía siendo una fuerza viva, organizada y con profundo arraigo popular.

La campaña de 2011 fue el primer gran intento de sus adversarios por convertir el apellido Fujimori en una carga política imposible de superar. Contra Keiko se levantaron viejos resentimientos, acusaciones heredadas y temores sembrados por sectores que nunca aceptaron la derrota política que sufrieron en los años noventa. Aun así, ella enfrentó la contienda con serenidad, defendiendo un proyecto de orden, estabilidad económica, seguridad y continuidad democrática.

Aunque no alcanzó la presidencia en aquella oportunidad, su paso a segunda vuelta significó una victoria política de enorme importancia. Keiko Fujimori dejó de ser vista únicamente como la hija del expresidente Alberto Fujimori y se convirtió en una lideresa con identidad propia, con capacidad de convocatoria nacional y con la fortaleza suficiente para continuar una lucha que recién comenzaba.

2. 2016: mayoría popular, ofensiva antifujimorista y derrota ajustada

En 2016, Keiko Fujimori llegó a la elección presidencial con una organización más sólida: Fuerza Popular. Su liderazgo había madurado y su presencia nacional se había extendido a casi todo el país. La primera vuelta confirmó esa fortaleza: el fujimorismo obtuvo una amplia representación parlamentaria y se convirtió en la primera fuerza política del Perú. Ese resultado generó temor en sus adversarios, quienes rápidamente construyeron el discurso del llamado “balance de poderes” para impedir que la voluntad popular llevara a Keiko al gobierno.

Los artículos de opinión de ese periodo describen con claridad la aparición de una coalición antifujimorista integrada por sectores políticos derrotados, grupos de izquierda, opinólogos, medios de comunicación y figuras públicas que hicieron de la oposición a Keiko su principal bandera. La campaña dejó de centrarse en propuestas y se transformó en una ofensiva de miedo, resentimiento y satanización. Se buscó presentar a Keiko como una amenaza, no por sus actos propios, sino por una lectura interesada del pasado y por el odio acumulado contra el legado de su padre.

La derrota de 2016 frente a Pedro Pablo Kuczynski fue mínima y dolorosa, pero no quebró su voluntad. Por el contrario, reveló su extraordinaria capacidad de resistencia. Keiko perdió la presidencia por un margen estrechísimo, pero conservó una fuerza política decisiva en el Congreso. Desde entonces, su figura quedó instalada como la principal lideresa de oposición y como el punto de referencia obligado de la política peruana.

3. 2016-2021: persecución política, resistencia personal y vigencia nacional

Después de 2016, la ofensiva contra Keiko Fujimori dejó de ser solo electoral y pasó a tener un fuerte componente judicial, mediático y político. Enfrentó investigaciones, detenciones preventivas y un trato que sus partidarios consideran parte de una persecución destinada a destruir su liderazgo. Lejos de huir, refugiarse o abandonar el país, Keiko afrontó los procesos, soportó la prisión preventiva y asumió los costos personales de una batalla que también afectó a su familia.

En esta etapa se hizo más evidente su temple político. Mientras otros líderes desaparecían después de una derrota o se refugiaban en el silencio, Keiko se mantuvo firme. Soportó insultos, caricaturizaciones, campañas de demolición y el peso de un antifujimorismo que buscó convertirla en culpable permanente de todos los males del país. Sin embargo, su voluntad de lucha fue superior al intento de aniquilamiento político. Su sola permanencia demostró disciplina, coraje y una capacidad excepcional para resistir la adversidad.

4. 2021: la defensa del Perú frente al proyecto radical

En 2021, Keiko Fujimori volvió a presentarse a la presidencia en un momento dramático para el Perú. La pandemia, la crisis económica, la desconfianza en las instituciones y el avance de discursos radicales crearon un escenario de enorme incertidumbre. Frente a Pedro Castillo y Perú Libre, Keiko asumió la representación de quienes defendían la Constitución, la economía de mercado, la libertad de expresión, la familia, la propiedad privada y la independencia de poderes.

Diversos artículos de opinión describen esa campaña como una verdadera lucha por el destino del país. Keiko fue presentada como la mejor opción frente a un proyecto que sus opositores consideraban comunista, estatista y contrario a las libertades. En esa coyuntura, su candidatura dejó de ser únicamente fujimorista para convertirse en un punto de encuentro de ciudadanos preocupados por la estabilidad, la democracia y la defensa de la nación frente al riesgo de una deriva autoritaria de izquierda.

La derrota de 2021, acompañada de denuncias de irregularidades y de una profunda tensión poselectoral, representó uno de los momentos más difíciles de su carrera. Para cualquier otro liderazgo, tres derrotas presidenciales habrían significado el retiro definitivo. Para Keiko Fujimori, en cambio, fue una nueva prueba de carácter. Su permanencia en la política después de 2021 confirmó una voluntad extraordinaria de lucha y una convicción superior a la adversidad.

5. Camino a 2026: perseverancia y retorno al centro de la escena nacional


Después de 2021, Keiko Fujimori pudo haberse apartado de la vida pública. No lo hizo. Continuó liderando Fuerza Popular, reorganizando sus cuadros, defendiendo sus ideas y manteniendo viva una corriente política que sus adversarios intentaron borrar una y otra vez. Su cuarta postulación presidencial rumbo a 2026 fue la demostración más clara de su perseverancia: quince años después de su primera campaña, seguía de pie, vigente y dispuesta a disputar democráticamente el destino del país.

En el camino a 2026, su discurso volvió a centrarse en temas urgentes para la población: seguridad ciudadana, autoridad, orden, recuperación económica, defensa de la libertad y lucha contra la violencia. Su candidatura fue también una respuesta al cansancio nacional frente a la inestabilidad política. Keiko apareció nuevamente como una figura con experiencia, temple y conocimiento del país, capaz de sostener una propuesta frente al caos y la fragmentación.

6. Significado político de una perseverancia excepcional

La historia política de Keiko Fujimori entre 2011 y 2026 no puede entenderse solo como una sucesión de campañas electorales. Es la historia de una mujer sometida a una presión política constante, a una persecución judicial nunca vista, a una oposición feroz y a un sentimiento antifujimorismo que sus enemigos buscaron impregnar en amplios sectores de la población. Pese a ello, mantuvo una base electoral sólida, una organización partidaria activa y una presencia nacional que ningún adversario logró destruir.

Su perseverancia revela una extraordinaria voluntad de lucha. Keiko Fujimori enfrentó derrotas, prisión preventiva, campañas de desprestigio, ataques personales, cuestionamientos heredados y una permanente hostilidad mediática y política. Sin embargo, siguió compitiendo dentro de las reglas democráticas, aceptó los desafíos electorales y continuó apelando al voto ciudadano como camino legítimo para alcanzar el poder.

Keiko Fujimori representa para sus simpatizantes la imagen de una lideresa que nunca se rindió. Desde 2011 hasta 2026, se sobrepuso a derrotas, persecuciones y campañas de odio, manteniéndose vigente en el corazón de millones de peruanos que la identificaron con el orden, la autoridad, la estabilidad y la defensa del Perú frente a proyectos considerados peligrosos para la libertad.

Su trayectoria confirma que la política no solo se mide por victorias inmediatas, sino también por la capacidad de resistir, perseverar y continuar luchando cuando todo parece adverso.

Finalmente, este 28 de julio Keiko Sofía Fujimori se convertirá en la primera presidenta histórica de nuestra Nación, juramentará y asumirá la primera magistratura de la República ante la representación nacional, tiene la gran oportunidad de gobernar nuestro país, frente a un escenario político, económico y social muy difícil. La población le ha dado su confianza.


martes, 14 de julio de 2026

Ley N° 9 del Poder: “Gane a través de sus acciones, nunca por medio de sus argumentos”.

 


“Hechos y no palabras”

Manuel A. Odría.

 

Ley N° 9 del Poder: “Gane a través de sus acciones, nunca por medio de sus argumentos”.

Por: Arturo Castro.

Desde la niñez, la adolescencia y la juventud, muchos escuchamos de nuestras mayores frases heredadas del pasado, como: “Es mejor hacer que hablar”. Con esa enseñanza nos orientaban hacia una conducta íntegra, una conversación mesurada y la prudencia necesaria para no exponer información confidencial, personal o familiar.

Algunas personas convierten la argumentación en un ejercicio de grandilocuencia: no buscan exponer sus ideas, sino imponerlas. Sin embargo, la palabra, por sí sola, rara vez basta para convencer. La ortoepía —arte de pronunciar correctamente un idioma y estudio de la pronunciación dentro de una tradición oral— puede embellecer el discurso, pero no sustituye la fuerza de los hechos.

Quienes buscan imponerse en una polémica mediante argumentos extensos suelen obtener el efecto contrario: despiertan resistencia, hieren susceptibilidades o evidencian errores. En cambio, las acciones permiten generar coincidencias sin necesidad de forzar adhesiones. Quien habla demasiado, con frecuencia, termina equivocándose.

El sultán y el visir

Permítanme narrar la historia del sultán y el visir de un antiguo reino árabe. El visir había servido durante treinta años con absoluta devoción y lealtad. Para ocupar un cargo tan codiciado, al que muchos aspiraban sin alcanzarlo, había demostrado talento, liderazgo, dedicación y profundo sentido de responsabilidad.

No obstante, la naturaleza humana alberga sentimientos nobles, pero también pasiones negativas, como la envidia y la ambición. El visir era un hombre sincero: expresaba sus ideas tal como las sentía. Esa franqueza le ganó enemigos en la corte, especialmente entre quienes envidiaban su cargo, su influencia ante el sultán y el respeto que el pueblo le profesaba.

Sus adversarios difundieron historias falsas. Lo acusaron de hipócrita, ambiguo, pérfido y desleal. Día y noche alimentaron los oídos del sultán con rumores y juicios negativos, hasta que la confianza que este tenía en su servidor comenzó a debilitarse. Lo incomprensible fue que el sultán nunca llamó al visir para escuchar su versión ni para contrastar las acusaciones. Como la gota que horada la piedra, las calumnias hicieron mella en su ánimo. Finalmente, dio crédito a las habladurías, mandó encarcelar al visir, lo juzgó y lo sentenció a muerte.

El visir, sorprendido y profundamente afectado, no comprendía la actitud del sultán. Había servido durante treinta años sin queja alguna y con fidelidad comprobada.

En aquel reino, los condenados a muerte eran atados de pies y manos y arrojados al foso de los feroces perros de caza, donde encontraban una muerte cruel, desgarrados por los violentos animales.

Antes de que se cumpliera la sentencia, el visir pidió una gracia: diez días para ordenar sus bienes, cobrar lo que le debían, pagar sus deudas y evitar que su familia quedara desamparada. El sultán tomó precauciones para impedir que huyera y le concedió el plazo solicitado.

De inmediato, el visir fue a su casa, tomó cien monedas de oro y buscó al cazador oficial, encargado de alimentar y preparar a los perros. Le ofreció las monedas a cambio de que le enseñara a cuidarlos, alimentarlos y mantenerlos en buen estado.

Durante diez días, el visir se dedicó por completo a asear, alimentar y cepillar a los animales. Al cabo de ese breve tiempo, aquellos perros, que no perdonaban a ningún condenado, comían de sus manos. El visir se había ganado su confianza y su lealtad.

Al finalizar el plazo, se presentó ante el sultán. En presencia de testigos, fue atado de pies y manos y arrojado al foso. Sin embargo, los perros no lo atacaron. Se acercaron a él, movieron la cola y comenzaron a lamerle las manos y los hombros. El sultán, desconcertado, no podía creer lo que veía.

Entonces le preguntó al visir por qué los perros no lo habían devorado. El visir respondió: “Cuidé a estos perros durante diez días, y usted ha visto el resultado. A usted lo serví durante treinta años, y el resultado fue que me condenó sobre la base de las acusaciones de mis enemigos”.

El sultán se sonrojó y comprendió la lección. Le perdonó la vida, lo reivindicó ante la corte y, como compensación, le regaló lujosas vestimentas. Además, entregó como prisioneros a quienes lo habían acusado falsamente. Fiel a su carácter, el visir les perdonó la vida y los trató con la misma amabilidad de siempre.

Tomado de: The Subtle Ruse: The Book of Arabic Wisdom and Guile, siglo XIII.

Publio Craso Muciano y el ingeniero militar

En el año 131 a. C., cuando el cónsul romano Publio Craso Muciano sitió la ciudad griega de Pérgamo, necesitó un ariete para abrirse paso a través de sus murallas. Según su apreciación, debía emplearse un mástil grande para derribar las gruesas paredes. En el puerto había visto varios mástiles de distintos tamaños, por lo que ordenó a sus soldados traer el mayor de ellos.

Los soldados se dirigieron al puerto y fueron recibidos por el ingeniero militar encargado. Al conocer el pedido, este evaluó la situación y recomendó utilizar un mástil pequeño, pues sería más fácil de transportar, más maniobrable y adecuado para el propósito buscado. Los soldados le advirtieron que el cónsul había solicitado expresamente un mástil grande.

El ingeniero insistió en sus argumentos. Presentó diagramas, explicó razones técnicas y sostuvo que el mástil pequeño cumpliría mejor la función de ariete. Finalmente, los soldados le ordenaron obedecer la disposición del cónsul. El ingeniero, molesto, criticó su falta de conocimiento y aceptó aparentemente cumplir la orden.

Sin embargo, después de que los soldados partieron, reflexionó: ¿qué sentido tenía obedecer una orden que, a su juicio, llevaría al fracaso? Por ello decidió enviar el mástil pequeño.

Cuando el mástil llegó a la zona del conflicto, Muciano pidió explicaciones. Sus soldados le informaron que el ingeniero había expuesto una serie de razones para justificar el envío del mástil pequeño.

El cónsul se enfureció, pues consideró que la operación sufriría un retraso innecesario, con el riesgo de que las fuerzas sitiadas recibieran refuerzos. Ordenó que el ingeniero fuera llevado ante su presencia.

Al comparecer ante Muciano, el ingeniero se defendió con nuevas explicaciones. Mostró diagramas, justificó su decisión y afirmó que el mástil pequeño era más adecuado y maniobrable. Incluso añadió que siempre era conveniente escuchar a los expertos.

Muciano lo escuchó en silencio hasta que terminó. Luego ordenó que lo desnudaran delante de los soldados y lo azotaran hasta causarle la muerte.

Interpretación del hecho

En este episodio se distinguen dos personajes centrales: el ingeniero militar, representante del argumentador, y el cónsul Muciano, símbolo del poder autoritario que exige obediencia inmediata. Muciano no apreciaba la discusión; valoraba, ante todo, el cumplimiento exacto de sus órdenes.

El argumentador aparece con frecuencia en las relaciones interpersonales: una persona convencida de tener razón, sustentada en experiencia, conocimiento y prestigio. En este caso, el ingeniero sabía que un ariete pequeño podía dar mayor velocidad y ejercer mayor fuerza. Sin embargo, no comprendió que las palabras nunca son neutrales, especialmente cuando se dirigen a alguien con más poder.

Discutir con un superior puede interpretarse como una impugnación de su inteligencia o autoridad. El ingeniero, confiado en su conocimiento técnico, creyó que bastaba con explicar. Pero rara vez se convence a una persona poderosa solo con palabras, menos aún si se siente desafiada. Tal vez, si hubiera hecho una demostración práctica con el mástil pequeño, habría logrado persuadir al cónsul sin confrontarlo.

Ante la reacción del cónsul, el ingeniero continuó justificándose, aun cuando sus argumentos ya no eran escuchados. En el fragor de una discusión, todos corremos el riesgo de decir más de lo necesario. Por eso conviene recordar que los actos y las demostraciones concretas suelen ser mucho más convincentes que las palabras.

Tres casos ilustrativos sobre el poder de la demostración

1. Sir Christopher Wren

Sir Christopher Wren fue uno de los arquitectos ingleses más aclamados de la historia. Se le asignó la reconstrucción de cincuenta y dos iglesias en Londres después del Gran Incendio de 1666, incluida la catedral de San Pablo, considerada su obra maestra y uno de los principales ejemplos del estilo clásico y barroco en Inglaterra.

Wren evitaba las discusiones inútiles y prefería demostrar sus ideas por otros medios. En algunas ocasiones, sus clientes exigían cambios motivados por la vanidad, aunque fueran contraproducentes o impracticables.

En 1688 diseñó un magnífico edificio para el Ayuntamiento de Westminster. El alcalde, temeroso de que la planta alta no fuera suficientemente segura y pudiera desplomarse sobre su oficina, le exigió añadir dos columnas de piedra como refuerzo. Wren sabía que aquellas columnas eran innecesarias y que el temor carecía de fundamento. Aun así, las construyó, y el alcalde quedó satisfecho.

Muchos años después, unos obreros que realizaban trabajos de mantenimiento descubrieron que las columnas terminaban debajo del cielo raso. Eran falsas. Wren había preservado la integridad de su diseño y, al mismo tiempo, había permitido que el alcalde conservara la tranquilidad que buscaba.

2. Nikita Kruschev

Durante un discurso en el que denunciaba los crímenes de Stalin, Nikita Kruschev fue interrumpido por un asistente que le gritó: “¡Usted fue colega de Stalin!”. Kruschev, aparentemente sin identificar al interlocutor, respondió con dureza: “¿Quién dijo eso?”.

El auditorio quedó en absoluto silencio. Nadie se atrevió a responder. Después de unos segundos, Kruschev, ya sereno, dijo: “Ahora saben por qué no me opuse a él”.

Kruschev no necesitó justificarse. Pudo argumentar que todos temían a Stalin y que cualquier señal de rebelión podía significar la muerte. Sin embargo, bastó la demostración del miedo colectivo en la sala para que el auditorio comprendiera la magnitud del terror que imponía aquel régimen.

3. Henry Kissinger

Henry Kissinger, secretario de Estado y consejero de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, participaba en negociaciones con Israel sobre la devolución de parte de la península del Sinaí, ocupada tras la guerra de 1967. Las conversaciones se habían estancado y parecía imposible acercar las posiciones de las partes.

Entonces Kissinger decidió suspender temporalmente las conversaciones y visitar las ruinas de Masada, antigua fortaleza de gran significado para el pueblo judío. Allí, según la tradición, cientos de guerreros judíos se quitaron la vida antes que rendirse ante el asedio romano en el año 73 d. C.

Los negociadores israelíes comprendieron el mensaje. Kissinger no los acusó directamente, pero su visita sugería que mantenerse inflexibles podía conducirlos a una salida autodestructiva. La fuerza simbólica del lugar logró lo que las palabras no habían conseguido: hacerlos reflexionar.

Conclusiones 

En el caso de Christopher Wren, se aprecia el poder de demostrar las propias ideas sin discutir. Cuando los interlocutores no se sienten atacados, no se ponen a la defensiva y resultan más fáciles de persuadir. La demostración, en ese sentido, posee más fuerza que cualquier argumentación verbal.

En los casos de Kruschev y Kissinger, se observa el poder de los símbolos. Una bandera, un mito, un monumento o un hecho cargado de emoción pueden comunicar con mayor eficacia que un discurso. Stalin representaba el miedo para los soviéticos; Masada, para los judíos, evocaba sacrificio, resistencia y riesgo extremo. Ambos ejemplos muestran que ciertos símbolos hablan con una claridad que las palabras no alcanzan.

Finalmente, cuando se busque alcanzar o conservar el poder, conviene elegir con cuidado las batallas que se desean librar. La ruta indirecta, apoyada en hechos, demostraciones y símbolos, suele ser más eficaz que la confrontación verbal. En muchos casos, las acciones no solo convencen: también enseñan, persuaden y permanecen.


domingo, 5 de julio de 2026

Keiko Fujimori: la perseverancia como virtud y como desafío político.

 

Foto: Andina.

Keiko Fujimori: la perseverancia como virtud y como desafío político.

Por: Arturo Castro

Con el triunfo de Keiko Sofía Fujimori en las elecciones del presente año, pese a las zancadillas, obstáculos algorítmicos, campos minados que le pusieron sus enemigos políticos, la ONPE en manos de Corvetto y el propio JNE; quizá, si no hubiera sido por lo observadores de EE. UU encabezados por el embajador Bernie Navarro, que estuvieron presentes como observadores en la segunda vuelta, otro sería el resultado y otros serían los lamentos en estas horas.

Mientras en Colombia los resultados de la segunda vuelta se conocieron setentaidos horas después de las elecciones, en nuestro país el JNE, JEE, ONPE, se demoraron tanto, que el pueblo estaba sumamente preocupado y un escenario de incertidumbre se empezó a instalar en la población, por una demora inexplicable, al parecer fuerzas oscuras seguían luchando al interior de ONPE, por un resultado diferente, que al final no se dio.

Teniendo en cuenta que la perseverancia es “La capacidad de mantener el esfuerzo constante hacia una meta, superando obstáculos, fatiga y dificultades. No es solo insistir, sino actuar con propósito, disciplina y visión para no rendirse ante el primer problema”.

Observamos que, la carrera política de Keiko Sofía Fujimori es uno de los ejemplos más claros de perseverancia dentro de la política peruana reciente. Pocas figuras han enfrentado tantas derrotas electorales, persecuciones judiciales, “una verdadera caza de brujas”, injusto encarcelamiento, cuestionamientos públicos y resistencias ciudadanas sin abandonar por completo su aspiración presidencial.

Su caso demuestra que la persistencia puede convertirse en una fuerza política poderosa; sin embargo, también plantea una pregunta necesaria: ¿basta con perseverar para gobernar bien?

Una figura marcada por su apellido

Keiko Fujimori nunca ha sido una política común. Desde muy joven quedó asociada al poder por el rol público que asumió durante el gobierno de su padre, Alberto Fujimori. Ese origen le dio visibilidad, pero también una carga difícil de superar.

Para sus simpatizantes, representa continuidad, orden y firmeza; para sus críticos, simboliza una herencia política marcada por el autoritarismo y la desconfianza. Precisamente por eso, su permanencia en la escena nacional resulta llamativa: ha sabido sostener un liderazgo incluso cuando su apellido divide profundamente al país.

Perder no siempre significa retirarse

Las derrotas presidenciales de 2011, 2016 y 2021 pudieron haber terminado con cualquier proyecto político personal. En muchos casos, tres intentos fallidos bastan para que un líder pierda vigencia o sea reemplazado por nuevas figuras. Pero Fujimori hizo lo contrario: reorganizó su estrategia, mantuvo presencia pública y conservó una base electoral considerable.

Desde una mirada de opinión, esa insistencia revela disciplina y capacidad de resistencia, aunque también muestra una política peruana donde los mismos liderazgos vuelven una y otra vez ante la ausencia de alternativas sólidas.

La perseverancia no debe confundirse con legitimidad automática

Debemos considerar que la perseverancia de Keiko Fujimori merece ser reconocida como una cualidad política, pero no debe ser idealizada sin crítica. Persistir en una meta durante años demuestra fortaleza, pero la legitimidad democrática exige algo más que resistencia personal.

También requiere transparencia, capacidad de autocrítica, propuestas claras y voluntad de reconciliar a una sociedad dividida. En ese sentido, su principal reto no ha sido solo ganar una elección, sino convencer a quienes nunca confiaron en ella.

El triunfo como prueba final de constancia

Si finalmente alcanzó la presidencia después de varios intentos, ese hecho puede interpretarse como el resultado de una estrategia sostenida y de una voluntad política innegable. Para sus seguidores, su triunfo representa justicia frente a años de esfuerzo; para sus opositores, abre nuevas dudas sobre el rumbo del país.

En ambos casos, su llegada al poder está confirmando que la perseverancia puede llevar a una persona a cumplir sus objetivos, incluso cuando el camino parece cerrado. La historia política de Keiko Fujimori enseña que la perseverancia es importante, pero no suficiente. Su constancia merece reconocimiento porque se mantuvo activa pese a derrotas, críticas y obstáculos.

No obstante, el verdadero valor de esa perseverancia solo podrá medirse por su capacidad de gobernar con responsabilidad, escuchar a sus opositores y reducir la polarización. En política, insistir puede llevar al poder; pero solo gobernar bien convierte esa insistencia en un legado positivo.

No dudamos que Keiko Fujimori tiene la experiencia política que la ha preparado para el cargo, la experiencia se basa en el haber sido congresista y primera dama del gobierno de su padre Alberto Fujimori y especialmente los momentos vividos al lado de su progenitor en actividades oficiales y gubernamentales.

Aunque sus detractores digan lo contrario, aunque se rasguen las vestiduras y clamen al cielo, deberán aceptar esta derrota. Le deseamos éxitos a Keiko, tiene la confianza de un gran sector de la población y aun sus adversarios y enemigos políticos dolidos, “harán de tripas corazón” y tendrán que aceptar a la primera presidente constitucional de la república.

¡Qué les queda!


sábado, 27 de junio de 2026

ADOFAIP: 95 años de unión, solidaridad y lealtad.

 

Antiguo local de la Sociedad de Auxilios Mutuos de los Institutos Armados. Mejorado con IA MACD

ADOFAIP: 95 años de unión, solidaridad y lealtad.

POR: CRL. EP ANGEL ARTURO CASTRO FLORES *

Déjenme contarles la historia de una institución que surgió hace muchos años atrás, comenzando la cuarta década del siglo XX, una institución que nació para servir a sus integrantes en medio de una grave crisis económica, política y social que vivía nuestra patria. Una institución basada en la ayuda mutua y la fraternidad.

Hace 95 años, un grupo de oficiales en situación de retiro de los Institutos Armados se reunió para analizar la difícil situación de sus pensiones y los efectos que esta realidad venía ocasionando en su poder adquisitivo y en el bienestar de sus familias.

Aquellas dificultades se produjeron en un contexto marcado por la crisis política, económica y social que acompañó el final del gobierno del presidente Augusto B. Leguía y el posterior golpe de Estado encabezado por el comandante Luis Miguel Sánchez Cerro en 1930. Frente a ese escenario adverso, aquellos oficiales decidieron buscar una alternativa solidaria que les permitiera enfrentar juntos la incertidumbre económica.

En el plano internacional, la economía mundial sufría las consecuencias de la quiebra de la Bolsa de Valores de Nueva York, conocida como el crack de 1929, hecho que desencadenó la Gran Depresión. Sus efectos fueron catastróficos para Estados Unidos y se extendieron rápidamente a América Latina. El Perú, cuya economía dependía en gran medida de los créditos externos y de las exportaciones hacia el mercado estadounidense, no fue ajeno a esa crisis.

La caída de los precios internacionales de materias primas como el cobre, el algodón y el azúcar golpeó duramente las exportaciones peruanas. A ello se sumaron la contracción del crédito, la reducción del comercio de importación y la disminución de los ingresos fiscales.

Muchas actividades productivas se paralizaron, fábricas y minas cerraron sus puertas, y el desempleo y la pobreza aumentaron de manera alarmante. El descontento social se expresó en protestas obreras en zonas como Talara, Cerro de Pasco y La Oroya, que fueron severamente reprimidas.

La crisis fiscal también afectó directamente a los servidores públicos. Las remuneraciones y pensiones fueron recortadas, en algunos casos de manera drástica, y hubo meses en los que el Estado no pudo cumplir oportunamente con el pago de sueldos por falta de liquidez. La moneda perdió poder adquisitivo, varias entidades financieras enfrentaron graves dificultades y el país vivió una etapa de profunda incertidumbre económica.

En ese escenario nacional crítico nació, hace casi una centuria, la Sociedad de Auxilios Mutuos de los Institutos Armados, antecedente directo de nuestra ADOFAIP. Este 27 de junio, se cumplen 95 años de su fundación, fecha que invita no solo a recordar el pasado, sino también a reafirmar el compromiso institucional con el presente y el futuro de nuestros asociados.

Origen de una institución solidaria

Frente a la calamitosa situación económica que atravesaban los oficiales en retiro y sus familias, surgió la necesidad de organizarse. El teniente coronel César Telémaco Legrand Vargas propuso la conformación de una sociedad de auxilios mutuos. Así, el 27 de junio de 1931, oficiales del Ejército, la Marina y la Policía en situación de retiro se reunieron en el local de la Sociedad de Tiro del Perú, ubicado en la calle La Moneda N° 790, hoy jirón Junín, en el Cercado de Lima.

El objetivo principal de esta sociedad fue brindar apoyo económico y moral al personal del Ejército, la Marina, la Guardia Civil y la Policía, especialmente en un momento en que la emergencia económica golpeaba con dureza a los hogares militares y policiales.

Su primer gran acuerdo fue formular un estatuto que diera sustento formal a la organización. Para ello se realizaron gestiones ante la Junta Nacional de Gobierno, presidida por el doctor David Samanéz Ocampo, y ante el Ministerio de Guerra. Finalmente, mediante decreto supremo de octubre de 1931, se reconoció oficialmente a la Sociedad de Auxilios Mutuos de los Institutos Armados del Perú.

Hitos en la historia institucional

·         El 18 de septiembre de 1928 se creó la Sociedad Mutualista Militar, orientada a apoyar al personal militar-policial en situación de actividad y atender sus necesidades económicas más apremiantes.

·         El 27 de junio de 1931 se fundó la Sociedad de Auxilios Mutuos de los Institutos Armados, antecesora de ADOFAIP, orientada a poyar al personal militar-policial en situación de retiro.

·   En 1985 se adquirió la actual sede institucional, consolidando un espacio propio para la vida asociativa.

·     Durante la gestión de 1989, la institución adoptó la denominación de Asociación de Oficiales en Retiro de las Fuerzas Armadas y Policía Nacional del Perú (ADORFAIP).

·     En 2007 se modificó nuevamente el nombre, adoptándose la denominación actual: Asociación de Oficiales de las Fuerzas Armadas y Policía Nacional del Perú, ADOFAIP.

·         Ese mismo año se concretó la venta del antiguo local del jirón Junín.

La historia de ADOFAIP también está vinculada a los grandes procesos económicos del país. La institución sobrevivió a la crisis de fines del segundo gobierno de Fernando Belaúnde Terry, así como al cambio monetario del sol al inti, implementado el 1 de febrero de 1985 en un contexto de alta inflación. Posteriormente, durante el gobierno del presidente Alan García Pérez, el país enfrentó una hiperinflación que afectó severamente a los hogares peruanos. En 1991, durante el gobierno del presidente Alberto Fujimori, el inti fue sustituido por el nuevo sol, moneda que, con la denominación actual de sol, continúa vigente.

Defensa de derechos y compromiso asociativo

Durante estos 95 años de vida institucional, ADOFAIP ha mantenido una permanente defensa de los derechos del personal en situación de actividad y retiro. En las últimas décadas, esta labor se ha visto fortalecida por la participación de un importante número de asociadas, muchas de ellas viudas, cuya presencia reafirma el carácter familiar, solidario e integrador de nuestra institución.

Junto con otras asociaciones afines, ADOFAIP integró durante casi una década la Alianza por la Reivindicación de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional del Perú, espacio que luchó denodadamente por los derechos de las familias militares y policiales, así como por la dignidad de nuestras instituciones. Dicha alianza fue presidida por el fallecido vicealmirante MGP Francisco Vainstein Borrani, quien encabezó la comisión ejecutiva.

La perseverancia de esta lucha contribuyó a que el Congreso de la República aprobara la Ley N° 30683, norma que reguló la pensión de los pensionistas del Decreto Ley N° 19846 y estableció que esta debía guardar equivalencia con la remuneración consolidada del personal militar y policial en actividad. Este logro representó un acto de justicia largamente esperado para el personal militar y policial en situación de retiro.

Nuestra asociación ha sido sede de reuniones de coordinación con instituciones hermanas de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional. Asimismo, ha participado activamente en las gestiones orientadas a la defensa de los derechos pensionarios y ha estado en primera línea en las acciones impulsadas por las asociaciones unidas. Ello demuestra que nuestras reclamaciones han sido y siguen siendo justas.

Obras recientes y fortalecimiento institucional

En el camino hacia su centenario, ADOFAIP avanza con paso firme, revitalizada y económicamente fortalecida. Este progreso ha sido posible gracias a la labor responsable de sus directivos, quienes, inspirados en los valores de honestidad, transparencia y servicio, han sabido interpretar el espíritu de aquellos fundadores que, hace 95 años, soñaron con una institución basada en la ayuda mutua y la fraternidad.

Entre las obras realizadas recientemente destacan la mejora del piso del comedor, la remodelación de los servicios higiénicos, la adquisición de dos televisores: uno de 65” para la sala de acuerdos, permitirá contar con una herramienta tecnológica para exposiciones, conferencias y acuerdos, y el otro televisor de 98” que está ubicado en el salón principal que tendrá múltiples usos.

De igual manera se ha realizado el pintado de la fachada, así como el interior de nuestra sede, asimismo se han colocado cuadros alusivos a hechos heroicos: La Batalla de Arica, el Combate de Angamos, bombardeo de Quebrada Seca y la Batalla de Tarapacá, que simbolizan el sacrificio de nuestros héroes.

Especial relevancia tienen el cuadro denominado “Estirpe de Héroes”, la representación de la familia del coronel Francisco Bolognesi y sus hijos, así como el cuadro dedicado al gran almirante Miguel Grau Seminario, en el que se resalta su dimensión humana y su ejemplo moral.

Mirada hacia el futuro

De cara al futuro, nuestra asociación debe continuar fortaleciendo sus servicios, ampliando sus beneficios y promoviendo una gestión moderna, transparente y sostenible. El desafío es consolidar una institución capaz de responder a las necesidades de sus asociados y sus familias, sin perder de vista los principios que le dieron origen: unión, solidaridad y lealtad.

Asimismo, resulta necesario impulsar la captación de nuevos asociados para asegurar el relevo generacional, una mayor participación de los asociados, fortalecer los canales de comunicación institucional, promover actividades culturales, patrióticas, sociales y recreativas, y preservar la memoria histórica de ADOFAIP como patrimonio moral de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional del Perú.

A pocos años de cumplir su centenario, ADOFAIP tiene la responsabilidad de honrar el legado de sus fundadores y proyectarse como una asociación sólida, representativa y fraterna. Su historia demuestra que, aun en los momentos más difíciles, la unión y la solidaridad pueden convertirse en la fuerza que sostiene la dignidad de quienes dedicaron su vida al servicio de la patria.

Larga vida a nuestra querida Institución.

¡Vayamos con paso firme hacia nuestro centenario institucional!

*Presidente del Consejo Directivo de ADOFAIP periodo 2025-2026




viernes, 12 de junio de 2026

La Ley N° 5 del poder: “Casi todo depende de su prestigio; defiéndalo a muerte”

 



La Ley N° 5 del poder: “Casi todo depende de su prestigio; defiéndalo a muerte”

Por: Arturo Castro

El prestigio de una persona es el resultado de sus méritos, su trayectoria, el reconocimiento que despierta y la consideración que recibe de los demás. Una persona, una organización o incluso un país poseen prestigio cuando inspiran admiración y respeto por su posición, sus logros y, sobre todo, por la coherencia entre lo que dicen y lo que hacen.

Asimismo, el prestigio se fortalece cuando se cumplen los compromisos asumidos y se actúa con excelencia en el desempeño personal y profesional. A ello se suman cualidades como el conocimiento, el talento, la honestidad, la integridad y el respeto. En ese sentido, el prestigio constituye un valor intangible, pero sólido, que sostiene la imagen de una persona dentro de su entorno social.

El prestigio como arma estratégica: el caso de Zhuge Liang

Entre los años 207 y 265 d. C., China vivió uno de los periodos más convulsos de su historia: la llamada guerra de los Tres Reinos. Dentro de ese contexto destacó el general Zhuge Liang, célebre estratega conocido como el “Dragón Dormido”. Su reputación creció no solo por su talento militar, sino también por su liderazgo, su disciplina, su sangre fría y su capacidad para conducir operaciones con notable inteligencia.

Se narran numerosas acciones en las que demostró su agudeza y su dominio del engaño estratégico. En una ocasión, llegó a su campamento un teniente enemigo alegando haber sido expulsado de sus filas y ofreciéndose como colaborador. Durante un hábil interrogatorio, Zhuge Liang dedujo que en realidad se trataba de un espía que intentaba obtener información y, al mismo tiempo, introducir datos falsos para conducir a sus tropas hacia una emboscada mortal.

Descubierto el engaño, el espía confesó. Zhuge Liang ordenó que al amanecer fuera ejecutado ante las tropas como escarmiento y, mientras tanto, lo mantuvo encerrado bajo estricta vigilancia. Sin embargo, cuando todo parecía decidido, suspendió la ejecución segundos antes del desenlace. El espía, dominado por el miedo, aceptó convertirse en agente doble y empezó a transmitir información falsa a su propio ejército. Gracias a ello, Zhuge Liang obtuvo importantes ventajas en varias campañas.

En otra oportunidad, logró apoderarse de un sello militar enemigo y con él falsificó documentos y mensajes que indujeron a tropas adversarias a obedecer órdenes apócrifas, lo que terminó provocando derrotas aplastantes. Asimismo, difundió informaciones falsas sobre un prestigioso general enemigo, al punto de obligar a sus superiores a perseguirlo para castigarlo. Acorralado, aquel general huyó y terminó buscando refugio en las filas de Zhuge Liang.

Zhuge Liang había cultivado con esmero la reputación de guerrero sagaz, inteligente e implacable, y la protegía cuidadosamente. Su fama era tan poderosa como un arma, capaz de sembrar temor en sus enemigos. Comandaba con el ejemplo, y sus soldados, disciplinados y orgullosos de su líder, cumplían sus órdenes con rapidez y convicción.

Uno de los episodios más representativos ocurrió cuando se hallaba en la ciudad de Jieting. Al conocer el avance de una fuerza enemiga de 150 000 hombres al mando del general Sima Yi, evaluó rápidamente su situación: no contaba con suficientes tropas para resistir un ataque directo. Entonces tomó una decisión audaz. Ordenó arriar las banderas, abrir las puertas de la ciudad y ocultar a sus hombres. Luego se sentó en un lugar visible sobre la muralla, vestido con una túnica taoísta, encendió incienso, tomó su laúd y comenzó a tocar con absoluta serenidad.

Cuando Sima Yi llegó frente a la ciudad, reconoció de inmediato a su antiguo rival. Lo vio tranquilo, concentrado y completamente dueño de sí mismo. Aunque sus soldados querían lanzarse al ataque, Yi interpretó aquella escena como una posible trampa. La sola reputación de Zhuge Liang bastó para paralizar su decisión: ordenó la retirada inmediata. No se atrevió a comprobar si la ciudad estaba realmente indefensa. Ese episodio demuestra hasta qué punto una reputación bien construida puede influir en la conducta del adversario y modificar el curso de los hechos.

La destrucción de la reputación: el caso de P. T. Barnum

Otro caso ilustrativo sobre el valor del prestigio y las consecuencias de su pérdida es el de P. T. Barnum. En 1841, Barnum ya gozaba de gran notoriedad como productor de espectáculos en Estados Unidos. Deseaba adquirir el American Museum de Manhattan para convertirlo en una de sus principales atracciones, pero enfrentaba un problema: no disponía de los 15 000 dólares exigidos por los propietarios.

Ante esa dificultad, propuso reemplazar el dinero con garantías y referencias que respaldaban su trayectoria. Aunque inicialmente alcanzó un acuerdo verbal con los socios, estos terminaron desistiendo y decidieron vender el museo al Peale’s Museum, al considerar que esta institución ofrecía mayores garantías de reputación y solidez.

Barnum interpretó esa decisión como un golpe directo a su credibilidad. Convencido de que había sido desplazado por una cuestión de prestigio, resolvió responder atacando precisamente ese punto débil de su rival. Inició entonces una intensa campaña en la prensa mediante cartas en las que desacreditaba a los directivos del Peale’s, cuestionando su capacidad para administrar el museo y entretener al público. Además, sembró dudas sobre la estabilidad financiera de la institución y desalentó a potenciales inversionistas.

La estrategia resultó eficaz. Las acciones del Peale’s cayeron, su imagen pública se debilitó y finalmente los propietarios del American Museum desistieron de la operación con ellos para venderle el museo a Barnum. No obstante, el daño reputacional causado al Peale’s fue profundo y duradero.

Posteriormente, el enfrentamiento continuó. Peale intentó reposicionar su museo promoviendo actividades de corte científico, en contraste con el estilo de entretenimiento popular de Barnum, a quien consideraba vulgar. Barnum, por su parte, siguió explotando el ridículo como herramienta de descrédito.

Uno de los episodios más comentados fue un supuesto espectáculo de hipnotismo en el que simulaba someter a una niña a trance frente al público. Cuando intentó demostrar sus habilidades con voluntarios y fracasó, el número se volvió objeto de burla. Al anunciar incluso que cortaría un dedo de la niña, esta se levantó y huyó del escenario, dejando al descubierto el engaño y provocando la risa general. Poco después, el espectáculo perdió toda seriedad y el público dejó de asistir.

Este episodio permite advertir dos tácticas que Barnum utilizó para destruir la reputación de su competidor. La primera consistió en sembrar dudas sobre su estabilidad y solvencia. La duda, una vez instalada, erosiona la credibilidad y puede resultar muy difícil de disipar. Aun cuando la víctima desmienta los rumores, siempre queda una sombra de sospecha; y si decide callar, también corre el riesgo de parecer culpable o débil.

La segunda táctica fue la ridiculización. Una vez consolidada su propia notoriedad, Barnum desacreditó públicamente a su rival mediante la ironía, el espectáculo y el humor. Esta forma de ataque puede ser más efectiva que la agresión directa, porque aparenta ser inofensiva mientras socava la imagen del adversario. Sin embargo, el uso de la ridiculización también revela que la reputación es frágil: puede elevar a una persona, pero también precipitar su caída.

Claves para comprender el poder del prestigio

¿Qué enseñanzas deja todo esto? En la vida social, las personas suelen ser juzgadas a partir de las apariencias: su conducta, su lenguaje, sus gestos, su forma de vestir y sus acciones. Incluso nuestros allegados conservan zonas de misterio que nunca terminamos de conocer del todo. Por ello, la reputación funciona como un filtro a través del cual el mundo nos interpreta.

En la interacción social, las apariencias operan como un barómetro del valor personal. Un cambio brusco en la imagen o en la percepción pública puede ser perjudicial. De ahí que construir y conservar una buena reputación sea esencial. Una reputación sólida actúa como una coraza: protege, distrae a los demás y dificulta que descubran nuestras debilidades. Además, permite influir en la manera en que somos juzgados y, por tanto, otorga poder.

Un ejemplo adicional se encuentra en la corte del reino de Wei, donde vivía Mi Tzu-hsia, hombre apreciado por su extraordinaria gentileza y educación. Era favorito del gobernante, quien lo estimaba precisamente por su prestigio. En aquel reino existía una ley severa: quien utilizara en secreto el carruaje del rey debía ser castigado con la amputación de los pies.

Cuando la madre de Mi Tzu-hsia enfermó gravemente, este usó el carruaje real para visitarla. Al enterarse, el rey no solo no lo castigó, sino que elogió su devoción filial. En otra ocasión, mientras paseaban por el huerto, Mi Tzu-hsia compartió con el rey la mitad de un durazno que había comenzado a comer; el monarca interpretó ese gesto como una muestra de afecto. Sin embargo, cuando surgieron las intrigas palaciegas y un cortesano envidioso comenzó a difundir la idea de que Mi Tzu-hsia era falso y arrogante, la mirada del rey cambió por completo. Entonces reinterpretó aquellos mismos actos como ofensas y deslealtades.

Este relato muestra con claridad que la reputación no solo abre puertas, sino que también condiciona la interpretación de nuestros actos. Lo que hoy se considera virtud, mañana puede verse como falta si el prestigio se debilita. Por eso, alcanzar una buena reputación no basta: es indispensable sostenerla, defenderla y protegerla de los rumores, la mentira y la desinformación.

En conclusión, el prestigio es una forma de poder. Puede intimidar al enemigo, abrir oportunidades, consolidar liderazgos y sostener la autoridad. Pero también puede ser atacado, manipulado o destruido. De ahí que quien aspire a influir en los demás deba comprender que casi todo depende de su reputación y, por lo mismo, debe defenderla con firmeza.

 


miércoles, 3 de junio de 2026

Keiko Fujimori y Roberto Sánchez: En la recta final de una elección crucial.

 


Keiko Fujimori y Roberto Sánchez: En la recta final de una elección crucial

Por: Arturo Castro

Nuestra nación, crisol de razas, fundada en valores arraigados en la fe cristiana, con costumbres y tradiciones que reflejan la identidad de su pueblo, enfrenta nuevamente un momento decisivo en su historia. La amenaza no proviene solo de factores externos, sino también de quienes, desde el interior, buscan cambiar las estructuras del Estado para instaurar un modelo comunista que amenaza las libertades y derechos conquistados con esfuerzo y sacrificio.

En un escenario marcado por graves amenazas como la minería ilegal, el contrabando de oro, la tala ilícita, el terrorismo y el narcotráfico, nuestro país se encuentra en una situación de alta vulnerabilidad. La inseguridad ciudadana, la corrupción y la inacción de las autoridades que no previeron la gravedad de la crisis hace un lustro, agudizan la incertidumbre y el temor de la población.

A lo largo de nuestra historia, hemos atravesado crisis profundas que casi ponen en riesgo nuestra existencia como nación: enfrentamos la guerra con España, la guerra del Pacífico, los períodos turbulentos de gobiernos como el de Alan García, y las amenazas internas del terrorismo y del Covid 19. Sin embargo, la resiliencia del pueblo peruano, su pujanza y creatividad han sido fundamentales para superar cada adversidad. La juventud peruana, con su inventiva, y los veteranos, con su experiencia, han demostrado que con unidad y esfuerzo podemos salir adelante.

La segunda vuelta electoral, en un contexto tan polarizado, despierta preocupación en muchos peruanos. Por un lado, Roberto Sánchez, un candidato con un discurso populista y autoritario, que apela a la confrontación y amenaza derechos fundamentales, incluyendo la libertad de prensa y la independencia de instituciones clave. Sus propuestas, que incluyen cerrar el Congreso, una Asamblea Constituyente y el despilfarro de las Reservas Internacionales, representan un retroceso democrático y un riesgo para la estabilidad del país.

Por otro lado, Keiko Fujimori ha construido una campaña sólida, basada en un análisis profundo de nuestra realidad. Su plan de gobierno respeta la Constitución, valora la familia como base de la sociedad, y apuesta por fortalecer las instituciones y garantizar las libertades fundamentales, incluyendo la libertad de expresión. Aunque ha enfrentado un historial de persecución judicial, su madurez política, su liderazgo y su compromiso con la democracia son evidentes. No ha huido ni se ha asilado, y ha demostrado respeto por las instituciones y las leyes.

Keiko Fujimori ha sabido sobreponerse a las adversidades, enfrentando campañas de desprestigio y manipulación mediática. Su experiencia, su carácter y su visión de país la convierten en la opción más responsable para conducir el Perú hacia un futuro de estabilidad y desarrollo.

Por su parte, Roberto Sánchez, un psicólogo de profesión, exministro y congresista, vinculado a movimientos y organizaciones con ideologías marxistas y leninistas, representa una amenaza para nuestra democracia. Su cercanía con el movimiento MOVADEF y su pertenencia al CONARE evidencian su alineamiento con propuestas extremistas que buscan desmantelar el orden constitucional y social que tanto esfuerzo ha costado consolidar.

Las propuestas de Sánchez contrastan radicalmente con los valores democráticos y el respeto a las instituciones que Keiko Fujimori promueve. Su discurso confrontacional, sus amenazas de cerrar el Congreso y su intención de cambiar las reglas del juego democrático generan incertidumbre y temor en la ciudadanía.

Las últimas encuestas reflejan una ligera ventaja de Keiko Fujimori, con una diferencia de aproximadamente 3 puntos, tendencia que, confiamos, se irá consolidando en los días restantes. La elección no solo será un referéndum entre dos candidatos, sino también una oportunidad para definir el rumbo del Perú: ¿continuará en la senda de la democracia, el respeto a las libertades y el desarrollo, o caerá en las manos de quienes buscan instaurar un régimen autoritario y comunista?

La campaña, lamentablemente, se ha convertido en una lucha de odios y difamaciones, alimentada por las redes sociales, algunos medios de comunicación y opinólogos que muestran su resentimiento y desprecio por la opción democrática representada por Keiko Fujimori. La polarización y el enfrentamiento solo sirven para debilitar aún más a nuestro país en estos momentos críticos.

Es fundamental que los ciudadanos reflexionen sobre las consecuencias de su decisión. La historia nos enseña que la pérdida de libertades y el avance del populismo autoritario dejan heridas profundas y duran generaciones en sanarse. La experiencia de países como Venezuela, que hoy sufre las secuelas del comunismo, debe ser un recordatorio de lo que está en juego.

El debate entre Keiko Fujimori y Roberto Sanchez que organizó el JNE confirmó a l candidato de JP haciendo alarde de algunos hechos falsos que lo han despintado frente a su oponente que de manera sobria y exponiendo sus propuestas de manera sincera y objetiva, superó a un Sanchez confrontacional y con falta de hombría al atacar a la familia de Keiko.

Este 7 de junio, recuerden a la patria, el sacrificio de nuestro héroe Coronel Francisco Bolognesi en Arica, el Perú tiene la oportunidad de elegir un rumbo seguro, con una candidata que ha demostrado madurez, liderazgo y compromiso con la democracia. Keiko Fujimori representa la opción de continuar con un país en paz, respetuoso de sus instituciones, y con la esperanza de un futuro próspero para todos los peruanos.

Es momento de decidir con conciencia y responsabilidad. La historia nos juzgará por nuestras acciones. La esperanza de un Perú unido, fuerte y democrático está en nuestras manos.