Australian War Memorial

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EXTERIOR DE MEMORIA DE LA GUERRA-AUSTRALIA

miércoles, 19 de agosto de 2026

La Ley N°15 del poder “Aplaste por completo a su enemigo”

 


“Los restos de un enemigo pueden volver a cobrar vida, como una enfermedad o una fogata. Por lo tanto, al enemigo debe exterminársele por completo…Nunca se debe ignorar a un enemigo, creyéndolo débil. Puede tornarse peligroso en cualquier momento, como una chispa en una parva de heno.

Kautilya, filósofo indio. Siglo III a C.

La Ley N°15 del poder “Aplaste por completo a su enemigo”

Por: Arturo Castro

La persecución político-judicial del que fue objeto la actual mandataria Keiko Fujimori durante más de una década, es la demostración más evidente de cómo adversarios políticos, enemigos jurados de su padre el expresidente Alberto Fujimori, realizaron una venganza en contra de su hija con la finalidad destruirla políticamente. No pudieron lograrlo.

En esta venganza se coludieron en una sola bolsa negra, algunas ONG’s de ddhh, organizaciones que apoyaron y apoyan a SL-MRTA, sus enemigos políticos, jueces y fiscales caviarizados, periodistas convenidos y traidores, IDL, un fallecido premio nobel, la prensa calificada de farisea y crematística, en un mismo sentimiento enfermizo de odio.

Hoy que Keiko Fujimori es presidenta constitucional de la república ¿Los actos vengativos utilizados por sus enemigos y sus cómplices mediáticos y judiciales que afectaron a Keiko Fujimori deberían ser perdonados, olvidados, debería dejar pasar la página? La respuesta lo dejo a su amplio criterio.   

Debemos o no tomar pie liter, el título de esta ley del poder, dependerá del escenario político, económico y social predominante y debemos considerar también un escenario de conflicto bélico, en el que sí valdría esta afirmación. En los otros campos, se entiende, se tomará como una derrota, fracaso el hecho de aplastar por completo a sus enemigos y que desaparezcan del escenario.

Cuando se produce un incendio los bomberos trabajan hasta apagar la última pavesa, porque se corre el riego de que el fuego nuevamente se avive. De igual modo, durante la II Guerra Mundial, Japón había mostrado un espíritu de lucha y una resistencia formidable, al ejército de EE. UU., para someterlo por completo, para doblegar la moral alta de sus FFAA, los EE. UU. decidieron lanzar la bomba atómica contra las ciudades de Hiroshima y Nagasaki y con ello obtener la rendición de Japón.

Recurrimos a los ejemplos históricos para comprender mejor la aplicación de esta ley. Lo que leerán a continuación es un hecho verídico protagonizado por César Borgia, denominada la trampa de Sinigaglia (Senigallia) ocurrió el 31 de diciembre de 1502. Así como la Conjura de la fortaleza de Magione en 7 de octubre de 1502, hecho en contra de César Borgia.

A continuación, transcribimos este hecho histórico:

“El día en que Ramiro (Lorca) fue ejecutado, César (Borgia) salió de Cesena, dejando el cuerpo mutilado en la plaza de la ciudad y marchando hacia el sur. Tres días más tarde llegó a Fano, donde recibió a los emisarios de la ciudad de Ancona, quienes le dieron garantías de su lealtad. Un mensajero de Vitellozzo Vitelli anunció que el pequeño puerto adriático de Sinigaglia se había rendido a los condottieri (soldados mercenarios).

Sólo la ciudadela, a cargo del genovés Andrea Doria, seguía resistiendo, y Doria se negaba a entregarla a cualquiera que no fuese el mismo César. (Borgia) mandó aviso a Doria de que llegaría al día siguiente, que era exactamente lo que los condottieri querían oír. Una vez llegado a Sinigaglia, César sería presa fácil, atrapado entre la ciudadela y las fuerzas que rodeaban la ciudad...

Los condottieri(mercenarios) estaban seguros de su superioridad militar, convencidos de que, al partir las tropas francesas César Borgia se había quedado sólo con una pequeña fuerza.Pero en realidad, según Maquiavelo, [Borgia] había dejado Cesena con diez mil hombres de infantería y tres mil caballos, y se había tomado el trabajo de dividir a sus hombres, a fin de que avanzaran por rutas paralelas pero separadas, antes de converger sobre Sinigaglia.

El motivo por el cual avanzaba con una fuerza tan grande era que sabía, gracias a lo confesado por Ramiro de Lorca, del plan de los condottieri. Por lo tanto, decidió volver la trampa contra quienes se la habían tendido. Ésta fue una obra maestra del engaño, que el historiador Paolo Giovio denominó, más adelante, ‘el magnífico engaño’.

La madrugada del 31 de diciembre [de 1502] César Borgia llegó a las afueras de Sinigaglia... Conducidas por Michelotto Corella, la avanzada de las fuerzas de César, de doscientos lanceros, tomó posición sobre el puente del canal... El control del puente impidió el retiro de las tropas de los conspiradores...

César saludó a los condottieri con efusividad y los invitó a unirse a él... Michelotto había preparado el Palazzo Bernardino para que César lo ocupara, y el duque invitó a los condottieri a que pasaran... Una vez adentro, los hombres fueron arrestados por los guardias que se acercaron con paso sigiloso por la retaguardia... [César] dio la orden de atacar a los soldados de Vitelli y de Orsino en las áreas suburbanas... Aquella noche, mientras las tropas eran aplastadas, Michelotto estranguló a Oliveretto y a Vitelli en el palacio Bernardino... De un solo golpe [Borgia] se libró de sus exgenerales y peores enemigos.”

En 208 a.C., el rey de Chu envió dos ejércitos poderosos para conquistar el reino de Chin. Uno, liderado por el general Xung Yi con su segundo Xsiang Yu, este se dirigió al norte en una maniobra de distracción para engañar a los espías enemigos y y aproximarse al objetivo por otra dirección. El otro ejército, bajo el mando de Liu Bang, recibió la orden de marchar directamente hacia Chin, más rápido y menos numeroso.

Durante la campaña, Xung Yi tomó contacto con el enemigo, pero dudó en atacar. Lo que llevó a Xsiang Yu a considerarlo cobarde y a decapitarlo por falta de valentía. Posteriormente, este se dirigió al reino de Chin, llegando después que Liu Bang, lo que afectó su orgullo y confianza.

Fan Tseng, consejero de Xsiang Yu, le advirtió sobre Liu Bang desde el inicio: “Este general campesino solía codiciar solo riquezas, mujeres y vino, pero desde que entró en la capital no lo han tentado ni las riquezas ni el vino ni el sexo. Esto demuestra que apunta más alto”.

Ambos generales, inicialmente amigos y compañeros en la lucha, tenían diferencias socioeconómicas y de carácter que alimentaron una rivalidad. Xsiang Yu, noble, imponente y gran guerrero, era también violento, orgulloso e impulsivo; Liu Bang, de origen humilde y vida desordenada, destacaba por su astucia, capacidad de observar a sus hombres y habilidad para aprovechar sus talentos.

En una oportunidad Xsiang rodeó capturó al padre de Liu Bang y amenazó con hervirlo vivo, la respuesta de este fue “recuerda que somos hermanos de sangre, si hierves a tu padre envíame una taza de esa sopa” Xiang desistió de su amenaza.

En otra oportunidad cercó a su enemigo y estuvo a punto de cazarlo, el consejero le expresó: “Aplástalo ahora, si lo dejas escapar de nuevo, más adelante lo lamentarás”, Xsiang hizo oídos sordos a este concejo, pues quería traer a su presencia a su enemigo y que este le reconociera como su amo, Liu Bang era astuto, mientras negociaba su rendición, nuevamente escapó de sus captores.

Finalmente, Xsiang Yu dispersó imprudentemente sus tropas; Liu Bang aprovechó la ocasión, rodeó su cuartel general y, siguiendo el consejo de sus asesores, destruyó al ejército enemigo. Abandonado y derrotado, Xsiang Yu huyó y se suicidó. El episodio muestra cómo la astucia, el autocontrol y la capacidad de escuchar consejos permitieron a Liu Bang imponerse sobre la fuerza, el orgullo y la impulsividad de su rival.

Aproximaciones a una interpretación de este hecho histórico:

El pasaje relata la transformación de una alianza contra la dinastía Qin en una lucha por la supremacía entre Xiang Yu y Liu Bang. Lo que se puede apreciar el episodio nos presenta dos modelos de ejercer el liderazgo ambos opuestos y explica por qué el guerrero aparentemente superior terminó derrotado por el dirigente más adaptable. Conviene precisar que los acontecimientos centrales corresponden, en términos generales, a la caída de Qin y a la contienda Chu-Han de 206-202 a. C.

Dos formas de ejercer el poder

Xiang Yu era un líder con prestigio basado en su origen, su fuerza personal y su carácter intimidante, era valiente, carismático y eficaz en el combate, pero su temperamento violento limitaba su juicio. Buscaba que Liu Bang reconociera su superioridad; por eso, en momentos decisivos, buscaba llenar su necesidad de afirmación. Su falencia o debilidad no era su capacidad militar, sino la deficiente capacidad de dominar su orgullo y saber escuchar a sus consejeros.

Liu Bang representa un liderazgo pragmático, sus falencias eran sus vicios y su origen humilde, pero a diferencia de Xsiang tenía un gran talento descubrir en sus subordinados sus capacidades, delegar y modificar su conducta cuando aparecía un objetivo mayor. Su mérito no consistió en ser moralmente perfecto ni en vencer siempre por sí mismo, formaba equipos de trabajo, aceptaba el asesoramiento, sabía negociar bien, tenía el don de retirarse cuando debía hacerlo y luego regresar de acuerdo con una mejor situación, su aparente debilidad individual era a su vez su gran fortaleza colectiva.

El sentido de los episodios decisivos

El banquete en el que Liu Bang evita una emboscada simboliza la indecisión de Xiang Yu. Este posee la ventaja, pero no actúa con claridad porque se debate entre la conveniencia estratégica, el honor personal y su relación anterior con el rival. Liu Bang, en cambio, interpreta el peligro con rapidez y prefiere sobrevivir antes que defender su orgullo. El episodio enseña que la oportunidad perdida puede ser tan decisiva como una derrota.

La amenaza contra el padre de Liu Bang revela además una diferencia en el dominio psicológico. Xiang Yu intenta gobernar mediante el miedo, pero Liu Bang neutraliza la amenaza con una respuesta fría y provocadora. No debe interpretarse como indiferencia familiar, sino como una maniobra para impedir que el adversario controle sus decisiones. “Quien conserva la serenidad bajo presión conserva también la iniciativa.”

El desenlace invierte las posiciones: Xiang Yu, obsesionado con perseguir personalmente a su rival, dispersa sus fuerzas; Liu Bang aprovecha el error y sigue el consejo de sus colaboradores. La victoria, por tanto, no aparece como producto de una sola hazaña heroica, sino de la disciplina estratégica, la inteligencia compartida y la capacidad de explotar los fallos del adversario.

Lectura humana

La oposición entre noble y campesino cuestiona la idea de que el nacimiento determina la aptitud para gobernar. Xiang Yu posee educación, linaje y destreza guerrera, pero no logra construir una autoridad duradera. Liu Bang carece de esas ventajas iniciales, aunque sabe atraer talento y transformar alianzas en poder político. El pasaje sugiere así que gobernar exige algo distinto de combatir: moderar impulsos, administrar lealtades, comprender a las personas y pensar más allá de la victoria inmediata.

Tener en cuenta que: la fuerza sin autocontrol ni visión política termina volviéndose contra quien la ejerce, mientras que la capacidad de aprender, escuchar y organizar las habilidades de otros puede convertir a un dirigente imperfecto en vencedor. La historia también advierte que el orgullo confunde la superioridad personal con la eficacia real: Xiang Yu quería ser reconocido como el mejor; Liu Bang comprendió que lo decisivo era alcanzar el objetivo.

Otro ejemplo que apuntamos es el protagonizado por la duquesa Wu Chao nacida en el 625 d.C., una mujer bella y encantadora, ingresó en el harén del emperador y debía competir con las otras mujeres, para convertirse en la favorita del gobernante, pronto fue escalando posiciones no solo por su belleza sino por su carácter, pero sabía que el emperador era veleidoso y cambiante y podía prescindir de ella.

Así que, sedujo al hijo del emperador llamado Kao Tesung que era un libertino, cuando el emperador murió la emperatriz y las mujeres del harén era internadas en un convento completamente rapadas, ella estuvo siete años interna, se comunicó con el emperador a quien había seducido antes y le pidió volver a palacio, el emperador dio un edicto real por el que se incorporó a Wu Chao al harén.

Estando en palacio fue fácil para ella trabar amistad con la emperatriz a quien halagaba en todo momento, incluso esta vio con buenos ojos que Wu se acostara con su marido y que resultara embarazada de este, dado que ella no podía darle un heredero y eso las unió más.

Cuando Wu dio a luz la emperatriz la visitó para conocer la  hija del emperador, al retirarse la emperatriz, Wu una mujer desalmada dio muerte a su hijo recién nacido, responsabilizó de este hecho a la emperatriz, a quien acusó del asesinato y ejecutada, Wu Chao casó con el emperador y fue coronada como emperatriz.

El emperador era un hombre descuidado de sus altas responsabilidades, dedicado a los placeres mundanos, cedió su poder a la emperatriz Wu Chao, la emperatriz pese a ocupara tan alto cargo no se sentía segura en e su puesto, considerando que los enemigos acechaban en la corte imperial.

Le asaltó el temor, vio enemigos en todas partes, desconfiaba de todos, al observar que su sobrina podría en el futuro convertirse en la favorita del emperador, la envenenó, en el año 675 también envenenó a su propio hijo el heredero, a su segundo hijo lo exilió bajo cargos falsos.

Cuando el emperador Kao Tsung murió, la emperatriz hizo declarar inepto a su hijo para gobernar y ella continuó gobernando. Hubo revueltas, golpes de estado palaciegos, todos ellos fracasaron.

En el 688 d.C., no quedaba en el reino ninguna persona capaz de desafiar su poder. En el año 690 d.C. fue nombrada “Sagrado y Divino emperador” de China ella se habría proclamado descendiente de Buda.

Tres ejemplos que nos muestran la naturaleza humana, las fortalezas y debilidades de los protagonistas, los extremos hasta dónde es el ser humano capaz de llegar con tal de conquistar el poder y mantenerse en él, utilizando todas las armas vedadas para enfrentar a sus enemigos y atacarlos hasta aplastarlos y desaparecerlos de la escena.

Se han preguntado por qué hasta hoy persiste la presencia de SL y el MRTA en el escenario nacional; pues, porque los gobiernos posteriores a Alberto Fujimori no consolidaron el enfrentamiento político y dejaron que estas organizaciones ideologizadas y violentistas se mimetizaran y cambiaran de estrategia, utilizaran las armas que da la Democracia para llegar a conquistar el poder y ahora los tenemos en el congreso en ambas cámaras.

Conquistado el campo militar contra las dos organizaciones terroristas, faltó realmente consolidar los otros campos, principalmente el político y en esto hay una grave responsabilidad de los partidos políticos.


 

martes, 28 de julio de 2026

El escenario político, económico y social que encontró Alberto Fujimori en 1990 y el que enfrentará Keiko Fujimori en 2026.

 


“El Perú será grande, el Perú será lo que deba ser, si todos los peruanos nos resolvemos virilmente a engrandecerlo”

Andrés A, Cáceres.

El escenario político, económico y social que encontró Alberto Fujimori en 1990 y el que enfrentará Keiko Fujimori en 2026.

Por: Arturo Castro

Las actividades propias del nuevo gobierno comenzaron el pasado 26 de julio con la elección de las mesas directivas en el Congreso, tanto en la Cámara de Senadores como en la de Diputados, y posteriormente con la toma de juramento de sus integrantes. El 27 de julio se instaló oficialmente el Congreso Nacional, bajo la presidencia de Miguel Torres, quien ocupa la presidencia del Senado.

El 28 de julio, con la juramentación de Keiko Sofía Fujimori como presidenta constitucional de la República, se inicia una nueva etapa en la historia del país. Este hecho simboliza no solo la participación de la mujer en la política peruana, sino también la llegada de una lideresa que ha demostrado, a lo largo de los últimos 15 años, gran espíritu de lucha, perseverancia y una sólida moral para sobreponerse a persecuciones y encarcelamientos injustos promovidos por sus adversarios.

El 29 de julio, se realizará la tradicional parada militar en homenaje a la Patria, en el marco del Ducentésimo Quinto Aniversario de la Proclamación de nuestra Independencia, donde nuestras Fuerzas Armadas, Policía Nacional y organizaciones patrióticas rendirán tributo a la nación.

No podemos ignorar la realidad: después de haber estado en una especie de oscurantismo político durante mucho tiempo, enfrentando amenazas que pusieron en peligro nuestra seguridad como Estado, finalmente se vislumbra un cambio, una apertura de la visión nacional. La luz de la esperanza, la confianza y el orden comenzarán a ingresar en nuestro panorama, guiados por la disciplina y el respeto por el Estado de Derecho.

Es innegable que este nuevo gobierno ha generado expectativas en la población; sin embargo, los desafíos son enormes. El escenario político, económico y social se encuentra convulsionado por graves amenazas a la estabilidad del país. Enfrentamos fuerzas oscuras, que se mantienen a la espera, listas para atacar; una naturaleza parasitaria con su propia narrativa, que forma parte de una estructura que busca socavar nuestra soberanía y bienestar.

Por ello, resulta pertinente realizar una comparación entre el inicio del gobierno de Alberto Fujimori en 1990 y el eventual de Keiko Fujimori en 2026. Ambas etapas representan momentos históricos muy distintos. En 1990, el Perú atravesaba una crisis profunda: colapso económico, violencia política y un sistema institucional en crisis.

En contraste, para 2026, enfrentamos un país con graves amenazas y riesgos, como la inseguridad ciudadana, el narcotráfico, el terrorismo, la minería ilegal, el tráfico de recursos naturales y la persistente informalidad, además de una fuerte polarización social y una crisis de gobernabilidad.

En el ámbito económico:

Alberto Fujimori en 1990:

Recibió de Alan García (1985-1990)un país sumido en la hiperinflación, con precios descontrolados, pérdida del poder adquisitivo, un déficit fiscal severo, reservas debilitadas y una economía prácticamente quebrada. El Estado tenía dificultades para financiarse, y la confianza tanto interna como externa estaba seriamente deteriorada. Perú, país inelegible.

Keiko Fujimori en 2026:

Encontraría una economía más ordenada desde el punto de vista macroeconómico. Aunque en sus primeras declaraciones, Keiko ha señalado que hereda un país con un verdadero desastre económico. Sin embargo, la inflación se mantiene baja o moderada, el crecimiento económico es positivo pero insuficiente, y el déficit fiscal está en proceso de ajuste.

En este escenario, el mayor reto será transformar esa estabilidad en empleo formal, disminuir la informalidad, aumentar la productividad y reducir la pobreza de manera sostenida. La diferencia radica en que, en 1990, el país necesitaba apagar un incendio, mientras que en 2026, el desafío consiste en reconstruir confianza y ampliar la economía formal para que beneficie a más peruanos.

En el ámbito político:

Alberto Fujimori en 1990:

Asumió en medio de una profunda crisis de legitimidad del sistema de partidos, con un gobierno saliente desacreditado y una creciente violencia terrorista de las organizaciones SL y MRTA. La democracia, aunque vigente, operaba en un contexto de debilitamiento institucional, aún bajo la Constitución de 1979, previa al autogolpe de 1992.

Keiko Fujimori en 2026:

Llegaría a la presidencia en un escenario de sistema político fragmentado, con alta desconfianza ciudadana hacia el Congreso, los partidos y el Ejecutivo. El país arrastra años de presidentes debilitados, vacancias y confrontaciones entre poderes, con escasa capacidad para construir mayorías estables.

Su principal desafío será gobernar sin profundizar la polarización ni activar temores autoritarios vinculados a su apellido, demostrando respeto por las instituciones democráticas  el Estado de derecho.

En el campo social:

Alberto Fujimori en 1990:

Recibió una sociedad marcada por la pobreza extrema, la desnutrición, el miedo cotidiano, el terrorismo fortalecido por la indiferencia de anteriores gobiernos, la migración interna forzada (desplazados) y una sensación de desesperanza. La prioridad social era la supervivencia económica y la seguridad frente a las amenazas de las organizaciones terroristas Sendero Luminoso y el MRTA.

Keiko Fujimori en 2026:

Encontraría una sociedad menos afectada por la guerra interna y la hiperinflación, pero mucho más marcada por la informalidad laboral, la inseguridad ciudadana, la extorsión, el sicariato, la desigualdad territorial y la precariedad en los servicios públicos. La ciudadanía exigiría resultados inmediatos en seguridad, empleo, salud, educación y lucha contra la corrupción.

Finalmente:

La diferencia fundamental entre ambos momentos radica en la naturaleza de las crisis enfrentadas. En 1990, Alberto Fujimori asumió un país al borde del colapso económico, político y social; en 2026, Keiko Fujimori encontraría un Perú con mayor estabilidad macroeconómica, pero con profundas heridas sociales, desconfianza en las instituciones y desafíos en seguridad y gobernabilidad.

El reto de 1990 fue estabilizar una nación en emergencia, mientras que el de 2026 será gobernar en un contexto donde la estabilidad macroeconómica ya no basta; se requiere fortalecer las instituciones, garantizar la seguridad, promover la inclusión social y ofrecer resultados concretos, todo ello sin sacrificar los principios democráticos.

Crear consensos entre el Congreso y Ejecutivo será una necesidad de supervivencia y una oportunidad para que el Perú, por fin encuentre la unión para lograr el bienestar de la Nación.






 

 

 

 

 

  

 

Fotografías: Captura de pantalla.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


domingo, 19 de julio de 2026

Keiko Fujimori: perseverancia, lucha política y vigencia histórica entre 2011 y 2026.

 


Keiko Fujimori: perseverancia, lucha política y vigencia histórica entre 2011 y 2026.

Por: Arturo Castro
A doscientos cinco años de que el generalísimo Dn José de San Martín Matorras,  declaró la libertad e independencia de nuestra patria, el Perú ingresa a una renovada era republicana, porque será la primera vez que una dama, la Sra. Keiko Sofía Fujimori Higuchi, asumirá la presidencia de nuestra nación, sin lugar a duda, será una fecha que quedará perennizada en los anales de nuestra querida patria.

A continuación, un relato resumido de las principales acciones de la vida política de la lideresa de Fuerza Popular. Entre 2011 y 2026, Keiko Sofía Fujimori Higuchi protagonizó una de las trayectorias políticas más persistentes y combativas de la historia republicana reciente del Perú.

Durante quince años enfrentó campañas adversas, ataques políticos, persecución judicial, injusta y arbitraria detención, campañas mediáticas de demolición y un sentimiento antifujimorista cuidadosamente alimentado por sus enemigos; sin embargo, nunca abandonó la lucha democrática ni renunció a su vocación de servicio al país.

La historia de Keiko Sofía es la historia de una mujer luchadora que supo levantarse una y otra vez, sostener una organización política nacional y mantenerse vigente pese a los intentos sistemáticos por excluirla del escenario público.

1. 2011: el inicio de una larga batalla política

En las elecciones generales de 2011, Keiko Fujimori irrumpió con fuerza como candidata presidencial de Fuerza 2011. Su candidatura apareció en una coyuntura compleja, marcada por la competencia entre varios liderazgos nacionales y por la presencia de una prensa que ya comenzaba a definir posiciones políticas abiertas. En medio de ese escenario, Keiko logró pasar a la segunda vuelta frente a Ollanta Humala, demostrando que el fujimorismo seguía siendo una fuerza viva, organizada y con profundo arraigo popular.

La campaña de 2011 fue el primer gran intento de sus adversarios por convertir el apellido Fujimori en una carga política imposible de superar. Contra Keiko se levantaron viejos resentimientos, acusaciones heredadas y temores sembrados por sectores que nunca aceptaron la derrota política que sufrieron en los años noventa. Aun así, ella enfrentó la contienda con serenidad, defendiendo un proyecto de orden, estabilidad económica, seguridad y continuidad democrática.

Aunque no alcanzó la presidencia en aquella oportunidad, su paso a segunda vuelta significó una victoria política de enorme importancia. Keiko Fujimori dejó de ser vista únicamente como la hija del expresidente Alberto Fujimori y se convirtió en una lideresa con identidad propia, con capacidad de convocatoria nacional y con la fortaleza suficiente para continuar una lucha que recién comenzaba.

2. 2016: mayoría popular, ofensiva antifujimorista y derrota ajustada

En 2016, Keiko Fujimori llegó a la elección presidencial con una organización más sólida: Fuerza Popular. Su liderazgo había madurado y su presencia nacional se había extendido a casi todo el país. La primera vuelta confirmó esa fortaleza: el fujimorismo obtuvo una amplia representación parlamentaria y se convirtió en la primera fuerza política del Perú. Ese resultado generó temor en sus adversarios, quienes rápidamente construyeron el discurso del llamado “balance de poderes” para impedir que la voluntad popular llevara a Keiko al gobierno.

Los artículos de opinión de ese periodo describen con claridad la aparición de una coalición antifujimorista integrada por sectores políticos derrotados, grupos de izquierda, opinólogos, medios de comunicación y figuras públicas que hicieron de la oposición a Keiko su principal bandera. La campaña dejó de centrarse en propuestas y se transformó en una ofensiva de miedo, resentimiento y satanización. Se buscó presentar a Keiko como una amenaza, no por sus actos propios, sino por una lectura interesada del pasado y por el odio acumulado contra el legado de su padre.

La derrota de 2016 frente a Pedro Pablo Kuczynski fue mínima y dolorosa, pero no quebró su voluntad. Por el contrario, reveló su extraordinaria capacidad de resistencia. Keiko perdió la presidencia por un margen estrechísimo, pero conservó una fuerza política decisiva en el Congreso. Desde entonces, su figura quedó instalada como la principal lideresa de oposición y como el punto de referencia obligado de la política peruana.

3. 2016-2021: persecución política, resistencia personal y vigencia nacional

Después de 2016, la ofensiva contra Keiko Fujimori dejó de ser solo electoral y pasó a tener un fuerte componente judicial, mediático y político. Enfrentó investigaciones, detenciones preventivas y un trato que sus partidarios consideran parte de una persecución destinada a destruir su liderazgo. Lejos de huir, refugiarse o abandonar el país, Keiko afrontó los procesos, soportó la prisión preventiva y asumió los costos personales de una batalla que también afectó a su familia.

En esta etapa se hizo más evidente su temple político. Mientras otros líderes desaparecían después de una derrota o se refugiaban en el silencio, Keiko se mantuvo firme. Soportó insultos, caricaturizaciones, campañas de demolición y el peso de un antifujimorismo que buscó convertirla en culpable permanente de todos los males del país. Sin embargo, su voluntad de lucha fue superior al intento de aniquilamiento político. Su sola permanencia demostró disciplina, coraje y una capacidad excepcional para resistir la adversidad.

4. 2021: la defensa del Perú frente al proyecto radical

En 2021, Keiko Fujimori volvió a presentarse a la presidencia en un momento dramático para el Perú. La pandemia, la crisis económica, la desconfianza en las instituciones y el avance de discursos radicales crearon un escenario de enorme incertidumbre. Frente a Pedro Castillo y Perú Libre, Keiko asumió la representación de quienes defendían la Constitución, la economía de mercado, la libertad de expresión, la familia, la propiedad privada y la independencia de poderes.

Diversos artículos de opinión describen esa campaña como una verdadera lucha por el destino del país. Keiko fue presentada como la mejor opción frente a un proyecto que sus opositores consideraban comunista, estatista y contrario a las libertades. En esa coyuntura, su candidatura dejó de ser únicamente fujimorista para convertirse en un punto de encuentro de ciudadanos preocupados por la estabilidad, la democracia y la defensa de la nación frente al riesgo de una deriva autoritaria de izquierda.

La derrota de 2021, acompañada de denuncias de irregularidades y de una profunda tensión poselectoral, representó uno de los momentos más difíciles de su carrera. Para cualquier otro liderazgo, tres derrotas presidenciales habrían significado el retiro definitivo. Para Keiko Fujimori, en cambio, fue una nueva prueba de carácter. Su permanencia en la política después de 2021 confirmó una voluntad extraordinaria de lucha y una convicción superior a la adversidad.

5. Camino a 2026: perseverancia y retorno al centro de la escena nacional


Después de 2021, Keiko Fujimori pudo haberse apartado de la vida pública. No lo hizo. Continuó liderando Fuerza Popular, reorganizando sus cuadros, defendiendo sus ideas y manteniendo viva una corriente política que sus adversarios intentaron borrar una y otra vez. Su cuarta postulación presidencial rumbo a 2026 fue la demostración más clara de su perseverancia: quince años después de su primera campaña, seguía de pie, vigente y dispuesta a disputar democráticamente el destino del país.

En el camino a 2026, su discurso volvió a centrarse en temas urgentes para la población: seguridad ciudadana, autoridad, orden, recuperación económica, defensa de la libertad y lucha contra la violencia. Su candidatura fue también una respuesta al cansancio nacional frente a la inestabilidad política. Keiko apareció nuevamente como una figura con experiencia, temple y conocimiento del país, capaz de sostener una propuesta frente al caos y la fragmentación.

6. Significado político de una perseverancia excepcional

La historia política de Keiko Fujimori entre 2011 y 2026 no puede entenderse solo como una sucesión de campañas electorales. Es la historia de una mujer sometida a una presión política constante, a una persecución judicial nunca vista, a una oposición feroz y a un sentimiento antifujimorismo que sus enemigos buscaron impregnar en amplios sectores de la población. Pese a ello, mantuvo una base electoral sólida, una organización partidaria activa y una presencia nacional que ningún adversario logró destruir.

Su perseverancia revela una extraordinaria voluntad de lucha. Keiko Fujimori enfrentó derrotas, prisión preventiva, campañas de desprestigio, ataques personales, cuestionamientos heredados y una permanente hostilidad mediática y política. Sin embargo, siguió compitiendo dentro de las reglas democráticas, aceptó los desafíos electorales y continuó apelando al voto ciudadano como camino legítimo para alcanzar el poder.

Keiko Fujimori representa para sus simpatizantes la imagen de una lideresa que nunca se rindió. Desde 2011 hasta 2026, se sobrepuso a derrotas, persecuciones y campañas de odio, manteniéndose vigente en el corazón de millones de peruanos que la identificaron con el orden, la autoridad, la estabilidad y la defensa del Perú frente a proyectos considerados peligrosos para la libertad.

Su trayectoria confirma que la política no solo se mide por victorias inmediatas, sino también por la capacidad de resistir, perseverar y continuar luchando cuando todo parece adverso.

Finalmente, este 28 de julio Keiko Sofía Fujimori se convertirá en la primera presidenta histórica de nuestra Nación, juramentará y asumirá la primera magistratura de la República ante la representación nacional, tiene la gran oportunidad de gobernar nuestro país, frente a un escenario político, económico y social muy difícil. La población le ha dado su confianza.


martes, 14 de julio de 2026

Ley N° 9 del Poder: “Gane a través de sus acciones, nunca por medio de sus argumentos”.

 


“Hechos y no palabras”

Manuel A. Odría.

 

Ley N° 9 del Poder: “Gane a través de sus acciones, nunca por medio de sus argumentos”.

Por: Arturo Castro.

Desde la niñez, la adolescencia y la juventud, muchos escuchamos de nuestras mayores frases heredadas del pasado, como: “Es mejor hacer que hablar”. Con esa enseñanza nos orientaban hacia una conducta íntegra, una conversación mesurada y la prudencia necesaria para no exponer información confidencial, personal o familiar.

Algunas personas convierten la argumentación en un ejercicio de grandilocuencia: no buscan exponer sus ideas, sino imponerlas. Sin embargo, la palabra, por sí sola, rara vez basta para convencer. La ortoepía —arte de pronunciar correctamente un idioma y estudio de la pronunciación dentro de una tradición oral— puede embellecer el discurso, pero no sustituye la fuerza de los hechos.

Quienes buscan imponerse en una polémica mediante argumentos extensos suelen obtener el efecto contrario: despiertan resistencia, hieren susceptibilidades o evidencian errores. En cambio, las acciones permiten generar coincidencias sin necesidad de forzar adhesiones. Quien habla demasiado, con frecuencia, termina equivocándose.

El sultán y el visir

Permítanme narrar la historia del sultán y el visir de un antiguo reino árabe. El visir había servido durante treinta años con absoluta devoción y lealtad. Para ocupar un cargo tan codiciado, al que muchos aspiraban sin alcanzarlo, había demostrado talento, liderazgo, dedicación y profundo sentido de responsabilidad.

No obstante, la naturaleza humana alberga sentimientos nobles, pero también pasiones negativas, como la envidia y la ambición. El visir era un hombre sincero: expresaba sus ideas tal como las sentía. Esa franqueza le ganó enemigos en la corte, especialmente entre quienes envidiaban su cargo, su influencia ante el sultán y el respeto que el pueblo le profesaba.

Sus adversarios difundieron historias falsas. Lo acusaron de hipócrita, ambiguo, pérfido y desleal. Día y noche alimentaron los oídos del sultán con rumores y juicios negativos, hasta que la confianza que este tenía en su servidor comenzó a debilitarse. Lo incomprensible fue que el sultán nunca llamó al visir para escuchar su versión ni para contrastar las acusaciones. Como la gota que horada la piedra, las calumnias hicieron mella en su ánimo. Finalmente, dio crédito a las habladurías, mandó encarcelar al visir, lo juzgó y lo sentenció a muerte.

El visir, sorprendido y profundamente afectado, no comprendía la actitud del sultán. Había servido durante treinta años sin queja alguna y con fidelidad comprobada.

En aquel reino, los condenados a muerte eran atados de pies y manos y arrojados al foso de los feroces perros de caza, donde encontraban una muerte cruel, desgarrados por los violentos animales.

Antes de que se cumpliera la sentencia, el visir pidió una gracia: diez días para ordenar sus bienes, cobrar lo que le debían, pagar sus deudas y evitar que su familia quedara desamparada. El sultán tomó precauciones para impedir que huyera y le concedió el plazo solicitado.

De inmediato, el visir fue a su casa, tomó cien monedas de oro y buscó al cazador oficial, encargado de alimentar y preparar a los perros. Le ofreció las monedas a cambio de que le enseñara a cuidarlos, alimentarlos y mantenerlos en buen estado.

Durante diez días, el visir se dedicó por completo a asear, alimentar y cepillar a los animales. Al cabo de ese breve tiempo, aquellos perros, que no perdonaban a ningún condenado, comían de sus manos. El visir se había ganado su confianza y su lealtad.

Al finalizar el plazo, se presentó ante el sultán. En presencia de testigos, fue atado de pies y manos y arrojado al foso. Sin embargo, los perros no lo atacaron. Se acercaron a él, movieron la cola y comenzaron a lamerle las manos y los hombros. El sultán, desconcertado, no podía creer lo que veía.

Entonces le preguntó al visir por qué los perros no lo habían devorado. El visir respondió: “Cuidé a estos perros durante diez días, y usted ha visto el resultado. A usted lo serví durante treinta años, y el resultado fue que me condenó sobre la base de las acusaciones de mis enemigos”.

El sultán se sonrojó y comprendió la lección. Le perdonó la vida, lo reivindicó ante la corte y, como compensación, le regaló lujosas vestimentas. Además, entregó como prisioneros a quienes lo habían acusado falsamente. Fiel a su carácter, el visir les perdonó la vida y los trató con la misma amabilidad de siempre.

Tomado de: The Subtle Ruse: The Book of Arabic Wisdom and Guile, siglo XIII.

Publio Craso Muciano y el ingeniero militar

En el año 131 a. C., cuando el cónsul romano Publio Craso Muciano sitió la ciudad griega de Pérgamo, necesitó un ariete para abrirse paso a través de sus murallas. Según su apreciación, debía emplearse un mástil grande para derribar las gruesas paredes. En el puerto había visto varios mástiles de distintos tamaños, por lo que ordenó a sus soldados traer el mayor de ellos.

Los soldados se dirigieron al puerto y fueron recibidos por el ingeniero militar encargado. Al conocer el pedido, este evaluó la situación y recomendó utilizar un mástil pequeño, pues sería más fácil de transportar, más maniobrable y adecuado para el propósito buscado. Los soldados le advirtieron que el cónsul había solicitado expresamente un mástil grande.

El ingeniero insistió en sus argumentos. Presentó diagramas, explicó razones técnicas y sostuvo que el mástil pequeño cumpliría mejor la función de ariete. Finalmente, los soldados le ordenaron obedecer la disposición del cónsul. El ingeniero, molesto, criticó su falta de conocimiento y aceptó aparentemente cumplir la orden.

Sin embargo, después de que los soldados partieron, reflexionó: ¿qué sentido tenía obedecer una orden que, a su juicio, llevaría al fracaso? Por ello decidió enviar el mástil pequeño.

Cuando el mástil llegó a la zona del conflicto, Muciano pidió explicaciones. Sus soldados le informaron que el ingeniero había expuesto una serie de razones para justificar el envío del mástil pequeño.

El cónsul se enfureció, pues consideró que la operación sufriría un retraso innecesario, con el riesgo de que las fuerzas sitiadas recibieran refuerzos. Ordenó que el ingeniero fuera llevado ante su presencia.

Al comparecer ante Muciano, el ingeniero se defendió con nuevas explicaciones. Mostró diagramas, justificó su decisión y afirmó que el mástil pequeño era más adecuado y maniobrable. Incluso añadió que siempre era conveniente escuchar a los expertos.

Muciano lo escuchó en silencio hasta que terminó. Luego ordenó que lo desnudaran delante de los soldados y lo azotaran hasta causarle la muerte.

Interpretación del hecho

En este episodio se distinguen dos personajes centrales: el ingeniero militar, representante del argumentador, y el cónsul Muciano, símbolo del poder autoritario que exige obediencia inmediata. Muciano no apreciaba la discusión; valoraba, ante todo, el cumplimiento exacto de sus órdenes.

El argumentador aparece con frecuencia en las relaciones interpersonales: una persona convencida de tener razón, sustentada en experiencia, conocimiento y prestigio. En este caso, el ingeniero sabía que un ariete pequeño podía dar mayor velocidad y ejercer mayor fuerza. Sin embargo, no comprendió que las palabras nunca son neutrales, especialmente cuando se dirigen a alguien con más poder.

Discutir con un superior puede interpretarse como una impugnación de su inteligencia o autoridad. El ingeniero, confiado en su conocimiento técnico, creyó que bastaba con explicar. Pero rara vez se convence a una persona poderosa solo con palabras, menos aún si se siente desafiada. Tal vez, si hubiera hecho una demostración práctica con el mástil pequeño, habría logrado persuadir al cónsul sin confrontarlo.

Ante la reacción del cónsul, el ingeniero continuó justificándose, aun cuando sus argumentos ya no eran escuchados. En el fragor de una discusión, todos corremos el riesgo de decir más de lo necesario. Por eso conviene recordar que los actos y las demostraciones concretas suelen ser mucho más convincentes que las palabras.

Tres casos ilustrativos sobre el poder de la demostración

1. Sir Christopher Wren

Sir Christopher Wren fue uno de los arquitectos ingleses más aclamados de la historia. Se le asignó la reconstrucción de cincuenta y dos iglesias en Londres después del Gran Incendio de 1666, incluida la catedral de San Pablo, considerada su obra maestra y uno de los principales ejemplos del estilo clásico y barroco en Inglaterra.

Wren evitaba las discusiones inútiles y prefería demostrar sus ideas por otros medios. En algunas ocasiones, sus clientes exigían cambios motivados por la vanidad, aunque fueran contraproducentes o impracticables.

En 1688 diseñó un magnífico edificio para el Ayuntamiento de Westminster. El alcalde, temeroso de que la planta alta no fuera suficientemente segura y pudiera desplomarse sobre su oficina, le exigió añadir dos columnas de piedra como refuerzo. Wren sabía que aquellas columnas eran innecesarias y que el temor carecía de fundamento. Aun así, las construyó, y el alcalde quedó satisfecho.

Muchos años después, unos obreros que realizaban trabajos de mantenimiento descubrieron que las columnas terminaban debajo del cielo raso. Eran falsas. Wren había preservado la integridad de su diseño y, al mismo tiempo, había permitido que el alcalde conservara la tranquilidad que buscaba.

2. Nikita Kruschev

Durante un discurso en el que denunciaba los crímenes de Stalin, Nikita Kruschev fue interrumpido por un asistente que le gritó: “¡Usted fue colega de Stalin!”. Kruschev, aparentemente sin identificar al interlocutor, respondió con dureza: “¿Quién dijo eso?”.

El auditorio quedó en absoluto silencio. Nadie se atrevió a responder. Después de unos segundos, Kruschev, ya sereno, dijo: “Ahora saben por qué no me opuse a él”.

Kruschev no necesitó justificarse. Pudo argumentar que todos temían a Stalin y que cualquier señal de rebelión podía significar la muerte. Sin embargo, bastó la demostración del miedo colectivo en la sala para que el auditorio comprendiera la magnitud del terror que imponía aquel régimen.

3. Henry Kissinger

Henry Kissinger, secretario de Estado y consejero de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, participaba en negociaciones con Israel sobre la devolución de parte de la península del Sinaí, ocupada tras la guerra de 1967. Las conversaciones se habían estancado y parecía imposible acercar las posiciones de las partes.

Entonces Kissinger decidió suspender temporalmente las conversaciones y visitar las ruinas de Masada, antigua fortaleza de gran significado para el pueblo judío. Allí, según la tradición, cientos de guerreros judíos se quitaron la vida antes que rendirse ante el asedio romano en el año 73 d. C.

Los negociadores israelíes comprendieron el mensaje. Kissinger no los acusó directamente, pero su visita sugería que mantenerse inflexibles podía conducirlos a una salida autodestructiva. La fuerza simbólica del lugar logró lo que las palabras no habían conseguido: hacerlos reflexionar.

Conclusiones 

En el caso de Christopher Wren, se aprecia el poder de demostrar las propias ideas sin discutir. Cuando los interlocutores no se sienten atacados, no se ponen a la defensiva y resultan más fáciles de persuadir. La demostración, en ese sentido, posee más fuerza que cualquier argumentación verbal.

En los casos de Kruschev y Kissinger, se observa el poder de los símbolos. Una bandera, un mito, un monumento o un hecho cargado de emoción pueden comunicar con mayor eficacia que un discurso. Stalin representaba el miedo para los soviéticos; Masada, para los judíos, evocaba sacrificio, resistencia y riesgo extremo. Ambos ejemplos muestran que ciertos símbolos hablan con una claridad que las palabras no alcanzan.

Finalmente, cuando se busque alcanzar o conservar el poder, conviene elegir con cuidado las batallas que se desean librar. La ruta indirecta, apoyada en hechos, demostraciones y símbolos, suele ser más eficaz que la confrontación verbal. En muchos casos, las acciones no solo convencen: también enseñan, persuaden y permanecen.


domingo, 5 de julio de 2026

Keiko Fujimori: la perseverancia como virtud y como desafío político.

 

Foto: Andina.

Keiko Fujimori: la perseverancia como virtud y como desafío político.

Por: Arturo Castro

Con el triunfo de Keiko Sofía Fujimori en las elecciones del presente año, pese a las zancadillas, obstáculos algorítmicos, campos minados que le pusieron sus enemigos políticos, la ONPE en manos de Corvetto y el propio JNE; quizá, si no hubiera sido por lo observadores de EE. UU encabezados por el embajador Bernie Navarro, que estuvieron presentes como observadores en la segunda vuelta, otro sería el resultado y otros serían los lamentos en estas horas.

Mientras en Colombia los resultados de la segunda vuelta se conocieron setentaidos horas después de las elecciones, en nuestro país el JNE, JEE, ONPE, se demoraron tanto, que el pueblo estaba sumamente preocupado y un escenario de incertidumbre se empezó a instalar en la población, por una demora inexplicable, al parecer fuerzas oscuras seguían luchando al interior de ONPE, por un resultado diferente, que al final no se dio.

Teniendo en cuenta que la perseverancia es “La capacidad de mantener el esfuerzo constante hacia una meta, superando obstáculos, fatiga y dificultades. No es solo insistir, sino actuar con propósito, disciplina y visión para no rendirse ante el primer problema”.

Observamos que, la carrera política de Keiko Sofía Fujimori es uno de los ejemplos más claros de perseverancia dentro de la política peruana reciente. Pocas figuras han enfrentado tantas derrotas electorales, persecuciones judiciales, “una verdadera caza de brujas”, injusto encarcelamiento, cuestionamientos públicos y resistencias ciudadanas sin abandonar por completo su aspiración presidencial.

Su caso demuestra que la persistencia puede convertirse en una fuerza política poderosa; sin embargo, también plantea una pregunta necesaria: ¿basta con perseverar para gobernar bien?

Una figura marcada por su apellido

Keiko Fujimori nunca ha sido una política común. Desde muy joven quedó asociada al poder por el rol público que asumió durante el gobierno de su padre, Alberto Fujimori. Ese origen le dio visibilidad, pero también una carga difícil de superar.

Para sus simpatizantes, representa continuidad, orden y firmeza; para sus críticos, simboliza una herencia política marcada por el autoritarismo y la desconfianza. Precisamente por eso, su permanencia en la escena nacional resulta llamativa: ha sabido sostener un liderazgo incluso cuando su apellido divide profundamente al país.

Perder no siempre significa retirarse

Las derrotas presidenciales de 2011, 2016 y 2021 pudieron haber terminado con cualquier proyecto político personal. En muchos casos, tres intentos fallidos bastan para que un líder pierda vigencia o sea reemplazado por nuevas figuras. Pero Fujimori hizo lo contrario: reorganizó su estrategia, mantuvo presencia pública y conservó una base electoral considerable.

Desde una mirada de opinión, esa insistencia revela disciplina y capacidad de resistencia, aunque también muestra una política peruana donde los mismos liderazgos vuelven una y otra vez ante la ausencia de alternativas sólidas.

La perseverancia no debe confundirse con legitimidad automática

Debemos considerar que la perseverancia de Keiko Fujimori merece ser reconocida como una cualidad política, pero no debe ser idealizada sin crítica. Persistir en una meta durante años demuestra fortaleza, pero la legitimidad democrática exige algo más que resistencia personal.

También requiere transparencia, capacidad de autocrítica, propuestas claras y voluntad de reconciliar a una sociedad dividida. En ese sentido, su principal reto no ha sido solo ganar una elección, sino convencer a quienes nunca confiaron en ella.

El triunfo como prueba final de constancia

Si finalmente alcanzó la presidencia después de varios intentos, ese hecho puede interpretarse como el resultado de una estrategia sostenida y de una voluntad política innegable. Para sus seguidores, su triunfo representa justicia frente a años de esfuerzo; para sus opositores, abre nuevas dudas sobre el rumbo del país.

En ambos casos, su llegada al poder está confirmando que la perseverancia puede llevar a una persona a cumplir sus objetivos, incluso cuando el camino parece cerrado. La historia política de Keiko Fujimori enseña que la perseverancia es importante, pero no suficiente. Su constancia merece reconocimiento porque se mantuvo activa pese a derrotas, críticas y obstáculos.

No obstante, el verdadero valor de esa perseverancia solo podrá medirse por su capacidad de gobernar con responsabilidad, escuchar a sus opositores y reducir la polarización. En política, insistir puede llevar al poder; pero solo gobernar bien convierte esa insistencia en un legado positivo.

No dudamos que Keiko Fujimori tiene la experiencia política que la ha preparado para el cargo, la experiencia se basa en el haber sido congresista y primera dama del gobierno de su padre Alberto Fujimori y especialmente los momentos vividos al lado de su progenitor en actividades oficiales y gubernamentales.

Aunque sus detractores digan lo contrario, aunque se rasguen las vestiduras y clamen al cielo, deberán aceptar esta derrota. Le deseamos éxitos a Keiko, tiene la confianza de un gran sector de la población y aun sus adversarios y enemigos políticos dolidos, “harán de tripas corazón” y tendrán que aceptar a la primera presidente constitucional de la república.

¡Qué les queda!