“Mientras semejantes crímenes se cometen contra la masa del electorado
de una de las partes y mientras prevalezca la idea de que el Plebiscito puede
ganarse por la fuerza, mientras no haya seguridad para la vida y propiedad en
la provincia, mientras el gobierno de Chile permanezca reacio para poner
término a este estado de cosas, habrá que postergar cualquier intento de ir a
una inscripción correcta y a una elección honrada”
General USA
John J. Persghing
N de R:
Estimados amigos
el presente artículo fue publicado en 2012 en plena demanda del Perú por el
diferendo marítimo con Chile, los resultados se conocieron a nivel
internacional en enero de 2014. La celebración apoteósica del XCVII aniversario
del retorno de Tacna a nuestra patria este 28 de agosto pasado, nos brinda la
oportunidad para publicarla y así recordar, y para algunos más jóvenes, conocer
los entretelones del plebiscito que nunca quiso realizar Chile.
UN
PLEBISCITO QUE NUNCA SE REALIZÓ (Tacna-Arica 1925-1926)
Por: Ángel Arturo Castro Flores
Existe un
diferendo marítimo en la frontera con Chile, es real e innegable. Por esa razón
nuestro país presentó una demanda en la Corte Internacional de la Haya. No se
pueden tomar como referentes los acuerdos firmados los años 1952 y 1954 que
establecen una zona especial para la pesca artesanal. Los documentos en mención
solo buscaban evitar roces entre pescadores de ambos paíse
Chile maliciosamente
sostiene que ya hay un tratado de límites marítimo con Perú. Su diplomacia ha
emprendido una campaña para lograr consenso a favor de su posición en los
países del subcontinente. Los últimos acuerdos de cooperación firmados por los
ministros de RREE de Chile y Bolivia, visa una serie de ítems entre los que
destacan; defensa, actividades militares y civiles conjuntas.
Chile tiene
inversiones por más de 6,000 millones de dólares en nuestro País, es indiscutible
y es conocido por toda la opinión pública. Chile es un país embarcado en una
gran carrera armamentista, también es innegable, lo dicen los medios de
comunicación y las revistas especializadas de defensa que se editan a nivel
internacional.
Chile ha
invertido más de 5,000 millones de dólares en sus últimas adquisiciones
militares. Actualmente es una gran potencia militar en Latinoamérica, también
es verdad. Chile sigue la política de
dominio del mar de Diego Portales y la Teoría del Mar Presencial del Almirante
(R) Jorge Martínez Busch. Nadie lo niega. Este año por canon del cobre recibirá
aproximadamente 1400 millones de dólares, para adquirir nuevas armas.
Hagamos una
visión retrospectiva de la historia, un flash back y trasladémonos al pasado. Recordar los entretelones que hubo
durante el esfuerzo diplomático que realizaron Perú y EEUU, para ejecutar el Plebiscito
que contemplaba el tratado de Ancón y en el que se decidiría el futuro de las
provincias de Arica y Tacna.
Después de
la infausta guerra del Pacífico que Inglaterra empujara a Chile contra Perú y
Bolivia. El ejército chileno destruyó todo lo que pudo y se llevó a manos
llenas ingentes riquezas de nuestro patrimonio económico y cultural.
Perú quedó
en completa ruina, fue necesario mucho sacrificio, esfuerzo sobrehumano, que
aún hoy continúa, parafraseando a Winston Churchill se requirió “sangre, sudor
y lagrimas” para recuperarnos. Aún quedan rezagos.
Recordemos
que en 1894 vencieron los plazos establecidos en el tratado de Ancón para la
realización de un Plebiscito. Mediante el cual los ciudadanos de las provincias
hermanas Tacna y Arica, deberían decidir su futuro en los brazos de uno u otro
país en una votación.
Luego de
vencer en la guerra, Chile buscaba quién pagaría la factura de los gastos de
guerra. Aceptaron la elección del Dr. García Calderón como presidente
provisorio, a quien quisieron manejar a su libre albedrío. García Calderón jamás
se dejó avasallar y se opuso tenazmente a la mutilación de nuestro territorio.
El vencedor
siempre impone su voluntad al vencido, son las leyes de la guerra y el
resultado de la guerra del 79 no podía ser la excepción. Chile nos impuso el tratado de Ancón, mediante
el cual Tacna y Arica permanecerían en poder de Chile por diez años. Vencido el
plazo, se procedería a realizar un Plebiscito en el que los pobladores de ambas
provincias decidirían su destino.
Es cierto en
el tratado de Ancón existían vacíos. El protocolo especial nunca se firmó. Faltaban
precisiones respecto a cómo debería realizarse el Plebiscito. Quiénes deberían
votar, qué autoridad presidiría el plebiscito, la forma de votación y cuál
sería la conformación de las autoridades. Esto dio lugar a que Chile impusiera
las reglas para este proceso.
Llegado el
año 1894, año que se vencía el plazo para efectuar la consulta plebiscitaria
tal como estaba previsto, Chile impuso las normas que aseguraban la victoria
electoral a su favor y por tanto no se garantizaba un plebiscito justo,
correcto y honesto.
Esta
imposición causó gran malestar en Lima, lo que dio lugar a una interminable
lucha por hacer prevalecer la justicia e igualdad. Ello prolongó el plazo indefinidamente
para realizar el plebiscito. Chile aprovechó para realizar de acuerdo a sus
planes una serie de acciones para chilenizar las dos provincias.
La solución
a la controversia se hubiera podido zanjar, si se hubiera acudido a una tercera
potencia que oficiara como mediador tal como planteaba el Perú. Esta propuesta colisionaba
con los intereses políticos de Chile. No aceptaban ninguna intervención externa.
¿Actualmente aceptarían la mediación de una organización internacional en el diferendo
de la frontera marítima?
El plazo de
10 años que contemplaba el tratado de Ancón fácilmente se alargó hasta 35 años.
Durante este largo periodo de tiempo, nuevas generaciones nacieron en las
provincias de Tacna y Arica. Muchos peruanos fueron obligados a abandonar estas
tierras y desplazarse al Norte y al Este.
También
desplazaron contra su voluntad a compatriotas al interior del territorio
chileno. En su reemplazo desplazaron a estas dos provincias a obreros,
empleados, funcionarios públicos y la policía secreta. El vencedor tejía su
telaraña para lograr la victoria en el Plebiscito.
Mientras
tanto en el contexto internacional la Primera Guerra Mundial, produjo como es
sabido un desplazamiento de las áreas de influencia. Un nuevo orden mundial
promovió el presidente estadounidense Wodrod Wilson, quien estaba en contra de
la imposición de los tratados por la fuerza.
Las
autoridades chilenas comprendieron rápidamente que la posición asumida ante el
plebiscito. Que le había dado buenos resultados hasta ese momento. Con los
nuevos conceptos sobre orden mundial, debían ser reorientados para realizar el Plebiscito.
Propusieron la fórmula del arbitraje.
El
presiente chileno Alessandri, convenció a los líderes políticos de su país
sobre la nueva orientación diplomática. Se inició con una ofensiva diplomática,
primero sobre algunas cancillerías americanas, buscando consenso para su
posición y luego sobre Washington. En otras palabras, hicieron lobby. Buscaban
que EE. UU. estuviera más cercano a Santiago que a Lima.
La ofensiva
diplomática estuvo orientada primero a convocar los líderes de partidos
chilenos, para informarles que se iba a invitar Perú para discutir las bases
del plebiscito que el tratado de Ancón estipulaba. Para ello se utilizaría la
figura del arbitraje.
La
respuesta peruana decía, es cierto que “Chile había violado el tratado de
Ancón”, sin embargo, en aras de la convivencia pacífica, aceptó las
propuestas, indicando que el arbitraje estuviera a cargo del presidente de EE.
UU.
EE. UU.
invitó a ambos países a continuar negociaciones en Washington, para tratar lo
estipulado en el tratado en mención. El 15 de mayo de 1922 se iniciaron las conversaciones
entre los representantes de ambos países.
Perú planteó
que la solución era la devolución de las dos provincias. Chile había violado el
tratado de Ancón al haberse opuesto tenazmente a la realización del Plebiscito.
De esta manera vulneró el plazo establecido por el mismo tratado.
La
responsabilidad de la ejecución del Plebiscito era de Chile y en las
circunstancias que se vivían era impracticable. Chile respondió que el plazo
fijado por el tratado de Ancón “no era fatal”, es decir no era perentorio,
sosteniendo además “que no había razón para que no se llevara a cabo aún
vencido el plazo de 10 años”.
El
secretario de Estado Charles E. Hughes propuso la fórmula de su propio nombre.
Someter al arbitraje solo las cuestiones pendientes de las disposiciones no
cumplidas del artículo tercero del tratado de Ancón. En caso de que el árbitro
resolviera la improcedencia del Plebiscito, quedarían sin modificar las
condiciones actuales de administración del territorio. Chile seguiría con el
control de los territorios ocupados.
Chile
aceptó de inmediato esta propuesta, Perú propuso modificar algunos términos. El
17 de Julio de 1922 se reunieron con el secretario de Estado Hughes los
representantes Melitón Porras del Perú y Carlos Aldunate del Solar de Chile,
quienes expusieron las posiciones de ambos gobiernos.
Posteriormente
se firmó el protocolo Porras-Aldunate que señalaba “el árbitro debería decidir
si el Plebiscito era posible en las actuales circunstancias”, de ser posible
establecer las condiciones para efectuarlas.
En mayo de
1925 luego de treinta meses de arduo trabajo, en las que se examinaron
documentos y alegatos de ambas partes, el presidente de EEUU Calvin Cooledge dio su fallo arbitral. Se pronunció
de manera positiva sobre la procedencia de realizar el plebiscito.
Respecto a
quiénes debían votar se planteó:
-
Los nativos de las dos provincias.
-
Los residentes de dos años antes del 20 de julio de
1922.
-
Los extranjeros residentes que quisieran adquirir
carta de ciudadanía.
Al Perú le
impusieron condiciones consideradas leoninas, mientras que a Chile se le eximió
de responsabilidad por el incumplimiento del tratado de Ancón. Las denuncias de
atropellos, expulsiones de ciudadanos peruanos cayeron en saco roto. Las
medidas de chilenización llevadas acabo en las dos provincias fueron
legitimadas y los expulsados por Chile antes del plazo fijado perdían su
derecho al voto.
El impacto
del laudo Arbitral causó honda consternación y frustración en el Perú. Los
resultados de la ofensiva diplomática iniciada por Alessandri y los lobby´s
montados por la diplomacia de Santiago le habían dado excelentes resultados.
El
presidente estadounidense Calvin Cooledge, arbitro del plebiscito para decidir
el futuro de Tacna y Arica. Designó inicialmente como su representante al
general John J, Pershing como primer presidente. Posteriormente al general
William Lassiter como segundo presidente de la Comisión Plebiscitaria.
Chile
desarrolló una labor de zapa, incluía acciones de intimidación en ambas
provincias. Impuso medidas coactivas que impulsaron el Intendente de Tacna Luís
Barceló y el gobernador de Arica Emiliano Bustos. Afectando la libertad de los
residentes peruanos.
Acciones
que incluían la censura sobre los correos, telégrafos, teléfonos, cables y
radio. Así como el control de ciudadanos peruanos residentes en las provincias que
se desplazaban al interior de las mismas.
Fuero
actividades rutinarias las labores de inteligencia de la policía secreta
chilena. Se montaron actividades de observación, seguimiento y vigilancia
contra la delegación peruana que residía en el barco “Ucayali”.
El general
Pershing consciente de estos hechos, “propuso una serie de requisitos para la
ejecución de la inscripción y votación” (1), las que incluían entre otras
disposiciones:
- La reducción de guarniciones militares chilenas.
- Cambio de la fuerza policial y reemplazo por
personal nuevo. Cambio de los miembros de los institutos armados y relevo por
civiles.
- Reafirmación de la libertad de tráfico, expresión y
propaganda (manifestaciones públicas, exhibición de banderas)
- Eliminación e la censura de cables, periódicos,
radio, telégrafo, teléfonos y correspondencia.
- Regreso a Tacna y Arica, con gastos pagados por
Chile, de personas con derecho a voto que habían sido obligados a abandonar su
residencia.
Estas
medidas por adoptarse, causaron preocupación en la delegación chilena. Agustín
Edwards jefe de la delegación chilena reunió a sus colaboradores y les expresó
su desencanto “Todos estamos unánimemente
de acuerdo en que no habrá ninguna expectativa razonable de éxito en la
votación del Plebiscito” “…nuestros votantes
son en cantidad inferior a los votantes del Perú…” (2)
La decisión
del general Pershing afectó a la delegación chilena. La que se agravó con la
presentación de decretos de expulsión de ciudadanos chilenos por diversas
actividades ilegales comprobadas.
Esto trajo
como consecuencia que en diciembre de 1926, las turbas chilenas atacaran en las
calles de Tacna a algunas personas hiriendo gravemente al abogado peruano
Emiliano F. Valverde. Al finalizar el mes el general Pershing se retiró de
Arica para siempre, sin lograr el encargo de su presidente.
El
reemplazante del general Pershing fue el general Lassiter, quien expresó que
las condiciones vigentes en el territorio no permitían la realización un acto
electoral libre y correcto.
Lassiter
emitió el 9 de julio de 1926 una declaración expresando “los comicios libres y correctos, ordenados por el laudo arbitral, eran
impracticables por falta de garantías, porque no se habían cumplido los
acuerdos sobre los requisitos previos anteriormente anotados”.
El
Plebiscito de Tacna y Arica de 1925-1926 fracasó rotundamente por la posición
chilena. El general Pershing inicialmente y el general Lassiter posteriormente
en conjunto con sus respectivos asesores, llegaron a Tacna con la firme
convicción de obrar con justicia, la verdad y la recta razón.
Ambos
tuvieron que enfrentar un escenario plagado de violencia, apariencias y
maquillaje que había preparado Chile con antelación. Con una población peruana
controlada en sus mínimas actividades y desplazamientos y coactada por el odio
y la xenofobia chilenos.
Pershing y
Lassiter, después de analizar todas las dificultades y obstáculos que imponía
la diplomacia chilena, percibieron que todo el esfuerzo efectuado, no lograría
cristalizar la ejecución del Plebiscito. Las condiciones sociales anormales
existentes, la política confrontacional de Chile, para imponer sus puntos de
vista.
Posteriormente
ambos generales, cada uno en su periodo apreciaron “in situ”, la negativa y
falta de colaboración de la delegación chilena presidida por Edwards y optaron
por regresar a su país.
Finalmente,
en 1929, se llega al arreglo definitivo mediante la firma del Tratado de Lima, la
misma que contempla que "El territorio de Tacna y Arica será
dividido en dos partes, Tacna para el Perú y Arica para Chile".
El
Protocolo Complementario del mismo tratado, de 3 de junio de 1929, establece
que Perú y Chile "no podrán sin previo acuerdo entre ellos, ceder a
una tercera potencia la totalidad o parte de los territorios que, en
conformidad al Tratado de esta misma fecha, quedan bajo sus respectivas
soberanías, ni podrán, sin ese requisito, construir, al través de ellos, nuevas
líneas férreas internacionales".
Algunos analistas
diplomáticos y políticos connacionales confían en una negociación directa con
Chile respecto al diferendo marítimo. Otros piden ir a la Corte Internacional
de la Haya, Chile se opone a esta tesis. Hay quienes no quieren hacerse
problemas y aceptan la situación actual.
El gobierno
del presidente Alan García tiene un reto más frente a las difíciles relaciones
que siempre hemos mantenido con los vecinos del Sur. La solución al diferendo
marítimo deberá estar enmarcada dentro del respeto a nuestra integridad y soberanía
territorial. En este contexto es imprescindible mejorar las actuales
condiciones operativas de nuestras FFAA.
Notas:
(1) Historia
de la República del Perú- Jorge Basadre Grohmann- Tomo XIV-pag110-. Ed. El
Comercio-Diciembre 2005.
(2) Un
Plebiscito Imposible…Tacna-Arica. Ernesto Yepes del Castillo. Ediciones
Análisis-Agosto de 1999.
(3) Fotografías.
Memoria chilena.