Foto: Andina.
Keiko Fujimori: la perseverancia como virtud y como desafío
político.
Por: Arturo Castro
Con el triunfo de Keiko Sofía Fujimori en las elecciones del
presente año, pese a las zancadillas, obstáculos algorítmicos, campos minados
que le pusieron sus enemigos políticos, la ONPE en manos de Corvetto y el
propio JNE; quizá, si no hubiera sido por lo observadores de EE. UU encabezados
por el embajador Bernie Navarro, que estuvieron presentes como observadores en
la segunda vuelta, otro sería el resultado y otros serían los lamentos en estas
horas.
Mientras en Colombia los resultados de la segunda vuelta se
conocieron setentaidos horas después de las elecciones, en nuestro país el JNE,
JEE, ONPE, se demoraron tanto, que el pueblo estaba sumamente preocupado y un
escenario de incertidumbre se empezó a instalar en la población, por una demora
inexplicable, al parecer fuerzas oscuras seguían luchando al interior de ONPE,
por un resultado diferente, que al final no se dio.
Teniendo en cuenta que la perseverancia es “La
capacidad de mantener el esfuerzo constante hacia una meta, superando
obstáculos, fatiga y dificultades. No es solo insistir, sino actuar con
propósito, disciplina y visión para no rendirse ante el primer problema”.
Observamos que, la carrera política de Keiko Sofía Fujimori
es uno de los ejemplos más claros de perseverancia dentro de la política
peruana reciente. Pocas figuras han enfrentado tantas derrotas electorales,
persecuciones judiciales, “una verdadera caza de brujas”, injusto
encarcelamiento, cuestionamientos públicos y resistencias ciudadanas sin
abandonar por completo su aspiración presidencial.
Su caso demuestra que la persistencia puede convertirse en
una fuerza política poderosa; sin embargo, también plantea una pregunta
necesaria: ¿basta con perseverar para gobernar bien?
Una figura marcada por su apellido
Keiko Fujimori nunca ha sido una política común. Desde muy
joven quedó asociada al poder por el rol público que asumió durante el gobierno
de su padre, Alberto Fujimori. Ese origen le dio visibilidad, pero también una
carga difícil de superar.
Para sus simpatizantes, representa continuidad, orden y
firmeza; para sus críticos, simboliza una herencia política marcada por el
autoritarismo y la desconfianza. Precisamente por eso, su permanencia en la
escena nacional resulta llamativa: ha sabido sostener un liderazgo incluso
cuando su apellido divide profundamente al país.
Perder no siempre significa retirarse
Las derrotas presidenciales de 2011, 2016 y 2021 pudieron
haber terminado con cualquier proyecto político personal. En muchos casos, tres
intentos fallidos bastan para que un líder pierda vigencia o sea reemplazado
por nuevas figuras. Pero Fujimori hizo lo contrario: reorganizó su estrategia,
mantuvo presencia pública y conservó una base electoral considerable.
Desde una mirada de opinión, esa insistencia revela
disciplina y capacidad de resistencia, aunque también muestra una política
peruana donde los mismos liderazgos vuelven una y otra vez ante la ausencia de
alternativas sólidas.
La perseverancia no debe confundirse con legitimidad
automática
Debemos considerar que la perseverancia de Keiko Fujimori
merece ser reconocida como una cualidad política, pero no debe ser idealizada
sin crítica. Persistir en una meta durante años demuestra fortaleza, pero la
legitimidad democrática exige algo más que resistencia personal.
También requiere transparencia, capacidad de autocrítica,
propuestas claras y voluntad de reconciliar a una sociedad dividida. En ese
sentido, su principal reto no ha sido solo ganar una elección, sino convencer a
quienes nunca confiaron en ella.
El triunfo como prueba final de constancia
Si finalmente alcanzó la presidencia después de varios
intentos, ese hecho puede interpretarse como el resultado de una estrategia
sostenida y de una voluntad política innegable. Para sus seguidores, su triunfo
representa justicia frente a años de esfuerzo; para sus opositores, abre nuevas
dudas sobre el rumbo del país.
En ambos casos, su llegada al poder está confirmando que la
perseverancia puede llevar a una persona a cumplir sus objetivos, incluso
cuando el camino parece cerrado. La historia política de Keiko Fujimori enseña
que la perseverancia es importante, pero no suficiente. Su constancia merece
reconocimiento porque se mantuvo activa pese a derrotas, críticas y obstáculos.
No obstante, el verdadero valor de esa perseverancia solo
podrá medirse por su capacidad de gobernar con responsabilidad, escuchar a sus
opositores y reducir la polarización. En política, insistir puede llevar al
poder; pero solo gobernar bien convierte esa insistencia en un legado positivo.
No dudamos que Keiko Fujimori tiene la experiencia política
que la ha preparado para el cargo, la experiencia se basa en el haber sido
congresista y primera dama del gobierno de su padre Alberto Fujimori y
especialmente los momentos vividos al lado de su progenitor en actividades
oficiales y gubernamentales.
Aunque sus detractores digan lo contrario, aunque se rasguen
las vestiduras y clamen al cielo, deberán aceptar esta derrota. Le deseamos
éxitos a Keiko, tiene la confianza de un gran sector de la población y aun sus
adversarios y enemigos políticos dolidos, “harán de tripas corazón”
y tendrán que aceptar a la primera presidente constitucional de la república.
¡Qué les queda!
