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domingo, 5 de julio de 2026

Keiko Fujimori: la perseverancia como virtud y como desafío político.

 

Foto: Andina.

Keiko Fujimori: la perseverancia como virtud y como desafío político.

Por: Arturo Castro

Con el triunfo de Keiko Sofía Fujimori en las elecciones del presente año, pese a las zancadillas, obstáculos algorítmicos, campos minados que le pusieron sus enemigos políticos, la ONPE en manos de Corvetto y el propio JNE; quizá, si no hubiera sido por lo observadores de EE. UU encabezados por el embajador Bernie Navarro, que estuvieron presentes como observadores en la segunda vuelta, otro sería el resultado y otros serían los lamentos en estas horas.

Mientras en Colombia los resultados de la segunda vuelta se conocieron setentaidos horas después de las elecciones, en nuestro país el JNE, JEE, ONPE, se demoraron tanto, que el pueblo estaba sumamente preocupado y un escenario de incertidumbre se empezó a instalar en la población, por una demora inexplicable, al parecer fuerzas oscuras seguían luchando al interior de ONPE, por un resultado diferente, que al final no se dio.

Teniendo en cuenta que la perseverancia es “La capacidad de mantener el esfuerzo constante hacia una meta, superando obstáculos, fatiga y dificultades. No es solo insistir, sino actuar con propósito, disciplina y visión para no rendirse ante el primer problema”.

Observamos que, la carrera política de Keiko Sofía Fujimori es uno de los ejemplos más claros de perseverancia dentro de la política peruana reciente. Pocas figuras han enfrentado tantas derrotas electorales, persecuciones judiciales, “una verdadera caza de brujas”, injusto encarcelamiento, cuestionamientos públicos y resistencias ciudadanas sin abandonar por completo su aspiración presidencial.

Su caso demuestra que la persistencia puede convertirse en una fuerza política poderosa; sin embargo, también plantea una pregunta necesaria: ¿basta con perseverar para gobernar bien?

Una figura marcada por su apellido

Keiko Fujimori nunca ha sido una política común. Desde muy joven quedó asociada al poder por el rol público que asumió durante el gobierno de su padre, Alberto Fujimori. Ese origen le dio visibilidad, pero también una carga difícil de superar.

Para sus simpatizantes, representa continuidad, orden y firmeza; para sus críticos, simboliza una herencia política marcada por el autoritarismo y la desconfianza. Precisamente por eso, su permanencia en la escena nacional resulta llamativa: ha sabido sostener un liderazgo incluso cuando su apellido divide profundamente al país.

Perder no siempre significa retirarse

Las derrotas presidenciales de 2011, 2016 y 2021 pudieron haber terminado con cualquier proyecto político personal. En muchos casos, tres intentos fallidos bastan para que un líder pierda vigencia o sea reemplazado por nuevas figuras. Pero Fujimori hizo lo contrario: reorganizó su estrategia, mantuvo presencia pública y conservó una base electoral considerable.

Desde una mirada de opinión, esa insistencia revela disciplina y capacidad de resistencia, aunque también muestra una política peruana donde los mismos liderazgos vuelven una y otra vez ante la ausencia de alternativas sólidas.

La perseverancia no debe confundirse con legitimidad automática

Debemos considerar que la perseverancia de Keiko Fujimori merece ser reconocida como una cualidad política, pero no debe ser idealizada sin crítica. Persistir en una meta durante años demuestra fortaleza, pero la legitimidad democrática exige algo más que resistencia personal.

También requiere transparencia, capacidad de autocrítica, propuestas claras y voluntad de reconciliar a una sociedad dividida. En ese sentido, su principal reto no ha sido solo ganar una elección, sino convencer a quienes nunca confiaron en ella.

El triunfo como prueba final de constancia

Si finalmente alcanzó la presidencia después de varios intentos, ese hecho puede interpretarse como el resultado de una estrategia sostenida y de una voluntad política innegable. Para sus seguidores, su triunfo representa justicia frente a años de esfuerzo; para sus opositores, abre nuevas dudas sobre el rumbo del país.

En ambos casos, su llegada al poder está confirmando que la perseverancia puede llevar a una persona a cumplir sus objetivos, incluso cuando el camino parece cerrado. La historia política de Keiko Fujimori enseña que la perseverancia es importante, pero no suficiente. Su constancia merece reconocimiento porque se mantuvo activa pese a derrotas, críticas y obstáculos.

No obstante, el verdadero valor de esa perseverancia solo podrá medirse por su capacidad de gobernar con responsabilidad, escuchar a sus opositores y reducir la polarización. En política, insistir puede llevar al poder; pero solo gobernar bien convierte esa insistencia en un legado positivo.

No dudamos que Keiko Fujimori tiene la experiencia política que la ha preparado para el cargo, la experiencia se basa en el haber sido congresista y primera dama del gobierno de su padre Alberto Fujimori y especialmente los momentos vividos al lado de su progenitor en actividades oficiales y gubernamentales.

Aunque sus detractores digan lo contrario, aunque se rasguen las vestiduras y clamen al cielo, deberán aceptar esta derrota. Le deseamos éxitos a Keiko, tiene la confianza de un gran sector de la población y aun sus adversarios y enemigos políticos dolidos, “harán de tripas corazón” y tendrán que aceptar a la primera presidente constitucional de la república.

¡Qué les queda!


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